La tragedia del Tecolostote

Es un verdadero motivo de duelo nacional, la muerte trágica de cinco miembros de la Cruz Roja Nicaragüense y una periodista que los acompañaba, el sábado pasado por la noche, al ser arrastrados por las corrientes del crecido río Tecolostote, en el municipio de San Lorenzo, departamento de Boaco, cuando regresaban de entregar ayuda humanitaria a familias damnificadas por las abundantes lluvias de las últimas semanas.

En general, la muerte de cualquier persona y en la circunstancia que sea, es siempre un hecho lamentable que motiva el sentimiento de solidaridad con los deudos y amistades del ser humano fallecido. Pero cuando se trata de personas que mueren en el cumplimiento de un servicio humanitario, sobre todo de carácter voluntario, el sentimiento de pesar trasciende a la familia y círculos de amistades y envuelve a toda la sociedad. Y éste es el caso de los cinco miembros de la Cruz Roja Nicaragüense y de la periodista que los acompañaba, los cuales murieron trágicamente el recién pasado sábado 2 de octubre en las circunstancias antes mencionadas.

Es que la función de los miembros de organismos de ayuda humanitaria en situaciones de desastre, como la Cruz Roja, ya sea que presten servicio de manera voluntaria o profesional, consiste en aliviar el sufrimiento de otras personas y salvar vidas ajenas, pero no es común entregar la propia. Sin embargo, por su misma naturaleza la labor de los miembros de dichas instituciones implica el inevitable riesgo de sufrir daños personales e inclusive de morir en el cumplimiento del servicio. Es una situación parecida a la de la madre, cuya función natural es dar vida, no perderla, pero la maternidad conlleva en sí misma, para la mujer, el riesgo de morir en el mismo instante en que realiza el acto que siendo natural es siempre el milagro de alumbrar una nueva vida humana.

Es importante señalar el contraste que hacen en un mundo plagado de injusticias, egoísmo y maldad, cuyos efectos ocupan a diario los espacios informativos, aquellas personas que entregan hasta la vida por servir a los demás. Esto merece el mayor respeto, sobre todo cuando ocurre en un país como Nicaragua, donde en forma grosera y ofensiva se exhibe la inhumanidad, el egoísmo, la codicia, la corrupción y la venalidad de gobernantes, diputados, magistrados, jueces y otros altos funcionarios estatales, quienes reciben muy buena paga para resolver los problemas sociales y hacer el bien a la sociedad, pero lo que hacen es el mal y aumentan las dificultades que padece la población.

La Cruz Roja Nicaragüense es una institución de servicio humanitario, que desde su fundación en enero de 1934 ha estado al lado de la población, ayudándole en las situaciones de desastre. En los momentos de más riesgo, necesidad y dolor, en todas las tragedias nacionales que han ocurrido durante los 74 años y 9 meses de existencia de la Cruz Roja Nicaragüense, sus miembros han acompañado solícitamente a las víctimas, aliviando dolores y salvando vidas, sin importarles las dificultades y riesgos que han debido afrontar. Pero nunca la Cruz Roja había sufrido en Nicaragua un golpe tan contundente y doloroso, como la tragedia del sábado pasado en el río Tecolostote.

Sacrificios como éste forman parte, sin duda, del compromiso que asumen de manera consciente y voluntaria los miembros de la Cruz Roja, y de otros organismos humanitarios y de emergencia que existen en el país, como los clubes de servicio, los Bomberos y el Sistema Nacional de Prevención y Mitigación de Desastres (Sinapred). Esta disposición hasta dar la vida por ayudar y salvar a los demás, como lamentablemente ha ocurrido en la tragedia del río Tecolostote, es un hermoso testimonio de que en realidad hay mucha bondad en el mundo, y de que en la sociedad existe una gran reserva de humanismo y solidaridad.

A nivel mundial se desarrolla un gran movimiento de promoción, apoyo y reconocimiento al voluntariado, es decir, a aquellas personas y organizaciones que consagran su vida al servicio humanitario y social, que practican la solidaridad sólo por la satisfacción de la responsabilidad social y del deber cumplido. Y nada mejor sería que en Nicaragua, la muerte en servicio de los miembros de la Cruz Roja Nicaragüense en el río Tecolostote, alentara el crecimiento del voluntariado humanitario y social. Ése sería el mejor homenaje a la memoria de Lucrecia Mairena, Doris Alicia Rodríguez, Marianela Martínez, Ana Luvy Urbina, Alexander José Pérez y José Enrique Romero.

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