La necesaria revolución de la honradez

Con el surgimiento de don Fabio Gadea Mantilla como candidato presidencial de consenso de la oposición, o de una gran alianza electoral democrática parecida a la UNO que se organizó en 1989 y derrotó contundentemente a la dictadura de Daniel Ortega en las elecciones del 25 de febrero de 1990, se ha vuelto a plantear la imperiosa necesidad de realizar en Nicaragua una revolución de la honradez.

Don Fabio Gadea es reconocido nacionalmente, no sólo por ser el autor del personaje emblemático del ser nicaragüense, Pancho Madrigal, y de otras gustadas cápsulas de la radiodifusión nacional, como son las Cartas de Amor a Nicaragua y Pinceladas Nicaragüenses . También don Fabio Gadea es identificado por su trayectoria de honradez, de manera que no es por casualidad que él mismo ha mencionado como eje fundamental de su eventual gobierno, la aplicación de drásticas medidas de transparencia gubernamental, austeridad presupuestaria y honestidad administrativa.

Habla don Fabio de reducir el número de diputados y magistrados, de recortar sus elevados sueldos y privilegios, de suprimir las ricas pensiones vitalicias de ex altos funcionarios del Estado, entre otras medidas que aplicaría o promovería para su debida aprobación por el órgano estatal correspondiente. Son planteamientos que no hace ningún político tradicional, sólo una persona que no obstante pertenecer a la tercera edad tiene su mente llena de ideas frescas y revolucionarias, porque en Nicaragua la probidad del funcionario público, la austeridad del gasto gubernamental, la transparencia del manejo de los fondos estatales, la responsabilidad de los servidores gubernamentales y estatales, son en realidad ideas y propuestas auténticamente revolucionarias.

Realizar una revolución de la honradez en Nicaragua era uno de los grandes ideales y objetivos políticos del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, combatiente indoblegable contra la dictadura somocista, de la cual la corrupción desmesurada era una de sus características fundamentales, igual que ahora lo es de la renaciente dictadura orteguista.

En el Diario LA PRENSA del viernes 26 de agosto de 1966, hace 44 años, se publicó el editorial titulado “La primera de todas las revoluciones”, en el cual el Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, escribió :

“Parece mentira, pero quien implantara en Nicaragua la honestidad administrativa con todo el rigor que esta expresión tiene, haría en nuestro país la más elemental y necesaria de todas las revoluciones.

“Cuando deje de haber empleados supernumerarios; cuando deje de haber becarios y maestros fantasmas; cuando desaparezcan las regalías de los ministerios y dependencias del Estado, las libres, las dispensas, las comisiones, los puestos inventados para favorecer a amigos, los viáticos exagerados, etc., Nicaragua va a respirar de una carga, que ha padecido durante mucho tiempo.

“Hacer todo eso, sería hacer una verdadera revolución, por cuanto equivaldría a cambiar sustancialmente el concepto del ‘Estado botín’ que ha privado largos años, por otro diferente, del Estado como organización dentro de la cual el ciudadano debe servir obligatoriamente, para beneficio de su comunidad”.

El doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal era un visionario, su pensamiento, que quedó escrito para la posteridad, no solamente es una guía para interpretar correctamente las situaciones de Nicaragua cuando él vivía, pensaba, escribía y luchaba. Su pensamiento está vivo y es también útil para analizar las situaciones de la actualidad (más de 32 años y medio después de que lo asesinaran para callarlo e impedir que siguiera luchando por la libertad y contra la corrupción), ahora que el país está sometido a otra dictadura que, por lo desmedidamente corrupta y en algunos otros aspectos, se parece mucho al somocismo.

“Desde luego es penoso –dijo el doctor Chamorro Cardenal en aquel editorial del 26 de agosto de 1966—, admitir que nos encontramos en una etapa de subdesarrollo moral, corriendo pareja con el material, pero ante las evidencias diarias, no se puede ocultar la verdad, ni se puede soñar con hacer planes de perfección administrativa, sobre la arena movediza, la base falsa de una ausencia de probidad, en muchos órdenes de nuestra vida”.

Por eso, aseguró entonces el doctor Chamorro Cardenal, “la primera de todas las revoluciones en Nicaragua sigue siendo la revolución de la honradez, y ésa no pueden hacerla los que han gobernado durante 30 años subvirtiendo nuestros valores morales”.

Es verdad. No podían hacer la revolución de la honradez los gobernantes somocistas, como tampoco la pueden hacer los que gobiernan –o más bien desgobiernan— ahora, desvirtuando las instituciones democráticas y “subvirtiendo nuestros valores morales”. Ésa es una tarea pendiente que al parecer don Fabio Gadea Mantilla quisiera realizar o al menos intentar.

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