Ulises Huete Maltés

Lágrimas del desierto

No me cabe la menor duda que sí el laureado Nobel de Literatura José Saramago no hubiese estado en su lecho de muerte, en Lanzarote, Canarias, habría recordado a la señora Brewer, Gobernadora de Arizona: “A los despojadores del pasado, y fascistas del presente”.

El 55 por ciento del territorio mexicano fue arrebatado en la guerra mexicano-estadounidense, de 1836 a 1848 en que Tejas “se independizó” de México, siguiendo Alta California y Santa Fe de Nuevo México: hoy Arizona, Nuevo México, Utah, Kansas, Colorado, etc.

Muchos de los anexionistas se basaban en la doctrina del “Destino Manifiesto”, en un afán de expansionismo, similar al que promovió Lebensraum con los nazis.

El espíritu de la ley SB1070 es de corte racista, contra los hispanos, al extremo de considerar aspectos fenotípicos como “ rasgos razonables”; Saramago afirmaba: “La democracia se ha convertido en un instrumento del poder económico y no tiene ninguna capacidad de controlar los abusos de ese poder”.

El Imperio Romano duró mil años, expandiéndose hasta Asia, empero, ya en el siglo 476 había sucumbido, pero no por el asedio de los pueblos nómadas, como los ostrogodos, visigodos, vándalos, suevos, germanos, y otros, antes bien en la decadencia, muchos germanos se radicaron como colonos apacibles, adoptando el Latín como su lengua, la religión y la moneda del imperio, igualmente EE.UU. es multiétnico.

Evidentemente que la infiltración en unas 200 ciudades norteamericanas, de los cárteles de la droga es un problema social. ¿Pero acaso la sociedad estadounidense comienza a presentar pródromos de enfermedad social decadente, consumidoras de drogas para tener dos y hasta tres trabajos? Y así resistir el impacto que genera la sociedad de consumo.

Es allí, donde debería concentrarse la preocupación sociológica, antropológica y económico-cultural de la gran nación del Norte, y del Estado mismo y no en el carácter antihispano de la ley de Arizona y su enmienda HB2162: Racista y deplorable, el alguacil Arpaio de Phoenix hizo desfilar a los inmigrantes ilegales, presos, a pie y encadenados por las calles con motivo de un traslado de prisión. ¿Por qué tanta saña con jornaleros mexicanos? Obama en su campaña presidencial prometió tener resuelto en parte, el problema de inmigración, para el 10 de enero del 2010.

Madison y Adams, padres de la Constitución, soñaron con un ciudadano republicano respetuoso de las instituciones, de las leyes y de los derechos civiles, más que en la preservación de un simple ciudadano Wasp (White, Anglosaxon, Protestant) en uno capaz de defender a la nueva nación, con todas sus fuerzas, independientemente si fuese chino, hindú, africano, hispano, etc., lo cual funcionó.

El problema de las drogas, deberá combatirse en EE.UU. con la ayuda del concierto de todas la naciones, a como se combatió la piratería, a como se combate el terrorismo internacional en el mundo, en todo caso algo debe suceder en ese país, de supuestos grandes consumidores

En la guerra México-Estadounidense, México perdió dos millones cien mil KM2, convirtiendo en una primera etapa a Tejas en un estado esclavista del sur, por un pago de gastos de guerras, en tres partes, de quince millones de dólares.

El desierto y la frontera de Arizona se han convertido en el cementerio de los inmigrantes, se ha estimado que mueren mil personas anuales. El presidente Ulysses S. Grant diría: “No creo que haya habido una guerra más injusta como la que le hizo EE.UU. a México, era seguir el mal ejemplo de las monarquías europeas”.

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