En Nicaragua existen muchas personas con la capacidad y la solvencia moral suficiente para ser candidatos a la presidencia de la república y ejercer el cargo con la transparencia, compromiso, vocación de servicio y eficiencia que el puesto exige y la Nación demanda.
Pero la situación política, económica y social en la que nos encontramos actualmente, no se resuelve con simples candidaturas, sino, por medio de un proyecto político que tenga la debida sustentación programática y el obligatorio carácter estratégico a corto, mediano y largo plazo, para fundar la república por la que tantos patriotas se han sacrificado y la mayoría de los nicaragüenses hemos anhelado.
Este proyecto o programa nacional de gobierno, debe tener los elementos coercitivos necesarios para que exista un compromiso de ineludible cumplimiento de parte de todos los candidatos; a Presidente, Vicepresidente y diputados; porque de lo contrario, no habremos logrado más que elegir a un presidente y diputados para un período más, y sin ninguna obligación para realizar las transformaciones institucionales, políticas, económicas y sociales necesarias para instaurar la República.
Ha llegado el momento de dejar atrás la corrupción, la inmoralidad de los pactistas y de una clase política tradicional que se ha distinguido por defender únicamente sus propios intereses y de sus allegados. De allí la necesidad de promover y desarrollar una nueva forma de hacer política, sustentando principios y valores éticos y morales y predicando con el ejemplo
En la Coalición Democrática presentamos el pasado 8 del presente mes, y la Alianza Patriótica el día 14, sendos documentos programáticos para fundar la República y salvar a la nación. Ambos proyectos son absolutamente coincidentes y no tienen ninguna discrepancia. Por lo tanto, no solamente debemos, sino, que estamos en la obligación y el deber patriótico, de iniciar y formar juntos la verdadera unidad y de una alternativa política al pactismo, con voluntad y desprendimiento alrededor de un programa como los propuestos.
De ambos programas debemos establecer uno solo, y éste a su vez, deberá ser enriquecido con los valiosos aportes de otras organizaciones políticas, gremiales, económicas, sociales y personalidades opositoras al pacto, a la corrupción en todas sus expresiones, y que se incorporen a esta unidad para formar un frente patriótico nacional, y derrotar al pacto en el 2011.
Las candidaturas deben ser posteriores, porque anteponerlas a un programa es caer en el repetitivo error histórico de satisfacer vanidades, ambiciones personales y negociaciones de odiosas concesiones prebendarias.
Este reto por la fundación de la verdadera república democrática que nunca hemos tenido es grande, pero también nuestra motivación, nuestra fe en el futuro y nuestra determinación para lograrlo debe ser mucho más grande. Nuestro principal desafío consiste en no claudicar y en convencer a la mayoría de nuestro pueblo. Nuestra actitud ante la realidad nacional, los conceptos doctrinarios vinculados a una auténtica práctica democrática, la firme convicción y practica de una conducta ética y moral, así como la acción coherente y firme en nuestras posiciones políticas, deben ser importantes y suficientes elementos de credibilidad, y factores de persuasión y convencimiento para incorporar a más compatriotas a esta causa.
Insertar a Nicaragua en el mundo de las naciones desarrolladas, por medio de persistentes y sostenibles políticas de crecimiento económico, con una clara tendencia para lograr salarios justos, generar empleos, promover el desarrollo de las micro, pequeñas y medianas empresas, estabilidad de precios y un aumento en la inversión pública, con el propósito de elevar el nivel y la calidad de vida de la población en general y combatir de manera efectiva la situación de pobreza, forman parte de nuestras aspiraciones. Se trata de impulsar el mayor número de reformas sociales posibles a favor de los más débiles, con miras a construir un Estado social y democrático que garantice los derechos de todos y el bienestar de la mayoría.
Un 28 de agosto de 1963, el líder y mártir de las minorías negras de los Estados Unidos, Martin Luther King, con voz vibrante expresó: “No nos revolquemos en el valle de la desesperanza, porque a pesar de las dificultades, yo aún tengo un sueño”. También nosotros al igual que Luther King podemos con la misma convicción y pasión, luchar para que no se marchite y muera la esperanza de fundar la auténtica República Democrática que también nosotros hemos soñado.
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