Justicia alternativa

Ante la bancarrota institucional y moral del Poder Judicial en Nicaragua, se hace necesario aprovechar más y mejor las formas alternativas de justicia, como la mediación y el arbitraje.

La sociedad no puede vivir sin justicia. En sus relaciones interpersonales y sociales, las personas no sólo se entienden y hacen acuerdos sino que también entran en contradicciones y conflictos que alguien tiene que dirimir y ese alguien es la justicia.

Cada vez que una norma, un contrato o una relación social e interpersonal es rota o frustrada, hay que recurrir a una instancia jurídica para que repare el daño, regenere la confianza y sancione al transgresor. Pero si la justicia ordinaria es pervertida por la política y la venalidad, y como consecuencia se convierte en algo inútil y despreciable, como ocurre actualmente en Nicaragua, entonces hay que crear formas alternativas de justicia o aprovechar las que ya existen. Incluso en los países donde la administración judicial del Estado funciona de manera aceptable, se han creado y se aprovechan instancias alternativas de justicia —como por ejemplo el mecanismo de mediación y arbitraje— para que la gente no lleve todos sus conflictos a los tribunales ordinarios donde casi siempre se complican más y se hacen excesivamente costosos.

En este sentido, en Nicaragua se creó en el año 2006 una instancia de mediación y arbitraje para el manejo de las controversias comerciales, cuyo objetivo principal es “la promoción e implementación de los métodos alternos de resolución de conflictos”. En efecto, al amparo de la Ley 540, Ley de Mediación y Arbitraje, las Cámaras de Comercio de Managua y de Nicaragua crearon el Centro de Mediación y Arbitraje (CMA) “para la resolución de controversias tanto nacionales como internacionales, con el fin de contribuir a brindar seguridad jurídica y soluciones eficientes a la comunidad empresarial y jurídica, tanto nicaragüense como extranjera”.

Por cierto que la solución de controversias y conflictos en el ámbito comercial, a través de la mediación y el arbitraje, se practica en el mundo desde hace mucho tiempo. Pero en los últimos tiempos ha cobrado un mayor impulso debido a los Tratados de Libre Comercio, y en la región centroamericana por el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos de Norteamérica, comúnmente conocido como DR-Cafta.

En realidad, la mediación y el arbitraje existen desde la más remota antigüedad. Según el enciclopedista jurídico Guillermo Cabanellas, fueron mencionados como medios para dirimir conflictos por los historiadores griegos Tucídides y Plutarco, quienes vivieron varios siglos antes de Cristo. O sea que la mediación y el arbitraje han constituido desde siempre una forma civilizada de justicia privada, esto en el sentido de que no forma parte de la administración judicial del Estado sino que representa un medio alternativo de justicia el cual ha sido usado con mucho éxito en las relaciones internacionales. Aplicado a las relaciones internas entre las personas privadas y públicas, particularmente en el ámbito comercial, el mecanismo de la mediación y el arbitraje resulta también efectivo, además de que en lo emocional y económico es muy beneficioso para los sujetos que entran en controversia y conflicto, al impedir que se desgasten en los engorrosos, lentos y nada o poco confiables tribunales estatales de justicia.

No tenemos información sobre cuántos conflictos se han resuelto en Nicaragua a través de la Comisión de Mediación y Arbitraje. Tampoco conocemos datos para calcular cuánto ha sido el ahorro de las personas y empresas que han utilizado la mediación y el arbitraje en vez de someterse a los odiosos procedimientos judiciales ordinarios. Suponemos que no deben ser muchos los casos, pues, como ha dicho Nejama Narváez, directora del Centro de Mediación y Arbitraje, “no hay cultura en nuestro país al respecto, pero estamos tratando de lograr este cambio hacia una cultura de convivencia que aportará mayores beneficios al empresariado. Actualmente la tendencia es acudir al pleito legal, cuya resolución, por múltiples razones es muy tardada y precisamente por eso es muy costosa. Asimismo hay poca confidencialidad, y esto no abona a un adecuado clima para los negocios”.

A eso se debe agregar que también hay demasiada corrupción en la justicia pública, por lo cual no se puede confiar en ella. De manera que es importante cobrar conciencia de la necesidad de recurrir más a la justicia alternativa de la mediación y el arbitraje.

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