Politiquería y crisis del INSS

Representantes de los sectores laborales y empresariales han rechazado los ejes de la reforma del Seguro Social con la que ha amenazado el Gobierno. Nadie niega que la reforma del Seguro Social es indispensable. Lo que se impugna es la intención gubernamental de hacer pagar los platos rotos a quienes no tienen culpa del desastre en que se encuentra el INSS. Es que no se puede aceptar la pretensión gubernamental de aumentar el monto de las cotizaciones, duplicar el número de semanas trabajadas y subir el límite de edad para tener derecho a jubilarse, cuales son los tres grandes aspectos de la reforma que, según el presidente del INSS, se pretende aprobar “en el siguiente gobierno del comandante Daniel Ortega”.

Al respecto, ante todo hay que señalar que es repugnante que el presidente del INSS abuse de su alto cargo en la institución pública de más sentido social, para hacer propaganda politiquera a favor de la inconstitucional reelección presidencial de Daniel Ortega. El empecinamiento de Ortega en volver a reelegirse, a pesar de que se lo prohíbe expresamente la Constitución, es causa de la inestabilidad institucional y la crisis política que sufre el país, la cual no se sabe hasta qué extremos llevará a la nación.

Por otra parte, la crisis del Seguro Social y particularmente del sistema de pensiones, no es nueva en Nicaragua. Se trata de un problema antiguo, existe desde poco tiempo después de que se fundó el INSS pero ha sido agravado por los últimos gobiernos, incluyendo a los de Daniel Ortega. Además es una crisis in

ternacional, la afrontan hasta los países más desarrollados y ricos y, por lo tanto, en todas partes se plantean diversas propuestas de reformas que son ineludibles y urgentes.

En un informe del Banco Mundial difundido en 2005, se enumeraron las causas principales de la crisis de la seguridad social que son comunes a todos los países. Se mencionaron entre ellas los cambios en las modalidades de empleo, la incorporación masiva de las mujeres a la actividad laboral remunerada, la insuficiente cobertura del sistema de pensiones, el aumento de la población de edad avanzada, etc.

El Banco Mundial indicó en aquella ocasión que no existe una solución universal, válida para todos los países. Pero se dijo que en todo caso “la mejor solución a la reforma de las pensiones es el modelo denominado “de pilares múltiples”, ya que resulta mucho más flexible y permite afrontar mejor los distintos riesgos previstos en el diseño de los sistemas de pensiones”. Y se concretó en el informe que “el financiamiento anticipado y las inversiones orientadas al mercado se consideran elementos clave de la mayoría de las reformas, pero los límites del financiamiento se ven también mucho más acentuados”.

En el mencionado estudio del Banco Mundial no se incluyó una causal o agravante muy importante de la crisis de la seguridad social en muchos países del mundo, que en Nicaragua ha sido y sigue siendo un factor principal: la corrupción en la administración del Seguro Social, el abuso con los fondos de los cotizantes trabajadores y patronales, la morosidad del

Gobierno y el Estado, la utilización del INSS como instrumento político de los regímenes corruptos, inclusive como arma de presión y acoso contra empresas privadas independientes, como de hecho lo ha estado haciendo el régimen orteguista contra el Diario LA PRENSA.

De manera que la reforma del INSS debería comenzar por limpiar esta institución de politiquería, de abusos administrativos y corrupción gubernamental, lo cual es imposible bajo el actual Gobierno porque no se puede esperar transparencia de quien es turbio por su propia naturaleza.

Hace ya 42 años el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal se refirió a este problema del Seguro Social, que existió en el somocismo y existe ahora, agravado, en el régimen orteguista. El doctor Chamorro Cardenal llamó a los trabajadores y empleadores cotizantes del INSS, a “preocuparse al ver recaer sobre ellos una crisis que está planteando el Estado, quien actúa en un triple papel de mal cumplidor de sus obligaciones, mal pagador como patrono y mal administrador de una institución, cuyo riesgo es ser destruida por políticos incapaces infiltrados en ella”.

Cuán actual suenan aquellas palabras del doctor Chamorro Cardenal, que fueron escritas en el editorial de LA PRENSA del jueves 1 de febrero de 1948. Es que por culpa de los gobernantes dictatoriales, incapaces y corruptos, en Nicaragua el tiempo transcurre pero el país no avanza ni progresa.

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