José Ramón Ramos
Se nos ha dicho que la política es mala , esto es como decir que el oficio de mecánico o la profesión de médico es mala. El mecánico que inventa desperfectos o el médico que le inventa enfermedades para cobrar más son los malos. Algunas iglesias instan a sus miembros a no ejercer el derecho civil de votar, diciendo que ya tenemos una patria celestial con un presidente celestial y que no tenemos nada que ver con el orden de este mundo. Quienes así piensan, se olvidan que Dios puso al ser humano en las esferas espiritual y terrenal, para que se desarrolle y que a través de la política organice su sociedad de manera ordenada y pacífica.
Sin embargo la Iglesia no se ocupa en forma directa de la vida económica y política de la sociedad, pero tiene una responsabilidad política ya que su objetivo es lograr un cambio en el comportamiento social, ofreciendo reglas y principios éticos para la conducción sociopolítica de los cristianos. Pero hay políticos que por su lineamiento ideológico se oponen a Dios, pues se orientan en función de un partido y no de la dignidad de la persona, creada a imagen de Dios.
La Biblia dice (Rom.12:1): “Sométase toda persona a las autoridades porque han sido establecidas por Dios”. Las Escrituras mandan a respetar los gobiernos, sean nacionales o municipales, lo que no significa que estemos de acuerdo con ellos ni en la obligación de apoyarlos, sobre todo cuando hacen lo que está en oposición a las normas divinas ya que en este caso, pierden su autoridad moral y el reconocimiento espiritual, pues la Biblia dice en (Hch.5:29) “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.
Tampoco es lícito tomar actitudes violentas. No podemos vivir el evangelio como si no tuviéramos nada que ver con la realidad de las personas, como si no nos afectaran las quiebras de bancos o los fraudes electorales, etc. Por eso tenemos que apoyar proyectos políticos que ponen al ser humano como receptor del bien común y rechazar políticas de culto a personalidades, conductas deshonestas de algunos dirigentes políticos, amparos en legales pero inmorales leyes de inmunidad y prescripción de delitos, indemnizaciones, megapensiones y megasalarios que son un insulto a la miseria de la población que paga con su hambre. Jesús denunció públicamente la corrupción moral y material de los lideres político-religiosos de su tiempo y eso le costo la vida.
El Estado como guardián del bien común debería velar para que no haya grupos privilegiados que logren ventajas y prebendas a nombre de organizaciones ciudadanas que no representan a la mayoría de la población, sino más bien intereses de caudillos. Cuando Jesús dijo (Jn.17:15): “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”, significa que no debemos aislarnos como ermitaños, ni utilizar el evangelio para crear indiferencia socio-política.
Dios quiere que influenciemos al mundo del evangelio y esto pasa por la política, aislarnos en nuestros templos no es ninguna virtud, ¿por qué nos dejamos engañar de quienes usan un discurso evangélico pero su actuación está lejos de Dios? (Mt.15:8). “ .De labios me honran pero su corazón está lejos de mí”. Estamos llamados como Iglesia a señalar las injusticias, vengan de izquierda o derecha, pero únicamente a nivel personal es que podemos militar en un partido político. Debemos tener cuidado que la opción de Jesús por los pobres, no sea manipulada ideológicamente por cristianos simpatizantes de determinadas inclinaciones partidarias.
Con todo, la democracia es la mejor forma de gobierno que más conviene a los tiempos modernos, porque permite participar a los ciudadanos sin discriminación, en las disposiciones jurídicas, en la dirección del Estado y en las elecciones libres de los que gobiernan. Sería bueno que asumiera un gobierno inspirado verdaderamente en los valores cristianos.
La participación evangélica como partidos políticos, ha dejado mucho que desear por el mal testimonio de sus dirigentes. Por otro lado, el lenguaje actual utilizado por los gobernantes, no profetiza nada bueno a nivel nacional e internacional. Por eso, debemos pedir a Dios que los dirigentes políticos tengan una visión de nación, y que ilumine su discernimiento para que no caigamos en una noche oscura.
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