Durante su viaje a Brasil esta semana, Daniel Ortega hizo y dijo algunas cosas interesantes. Habló de una “propuesta de paz” sobre el conflicto entre Colombia y Venezuela; reafirmó que no permitirá el reingreso de Honduras al Sistema de Integración Centroamericana (SICA), hasta que el gobierno hondureño acepte sus condiciones (las de Ortega); se comprometió a acercar el SICA a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur); y consiguió algunos acuerdos de cooperación de Brasil con Nicaragua, siendo el más importante de ellos uno relacionado con la construcción de la planta hidroeléctrica de Tumarín, para el cual el Banco de Desarrollo brasileño aportará 342 millones de dólares.
La “propuesta de paz” de Ortega sobre el conflicto colombo-venezolano, es en realidad un disfraz de su alineamiento con Hugo Chávez. Demanda a las autoridades de Colombia que negocien con las FARC, pero no pide al Gobierno de Venezuela tomar medidas para que esa agrupación subversiva no siga usando el territorio venezolano como base de refugio y retaguardia de sus acciones armadas, lo cual es la causa directa e inmediata del conflicto en el que están envueltos ambos países suramericanos.
En cuanto a su obstinada oposición al reingreso de Honduras al SICA, esta significa un desprecio de Daniel Ortega al consenso de los demás gobernantes centroamericanos para normalizar las relaciones con el país vecino, y un desconocimiento de la voluntad mayoritaria del pueblo hondureño, el cual, el 29 de noviembre del año pasado eligió libremente —sin fraude electoral como los que ahora se hacen en Nicaragua—, a las actuales autoridades gubernamentales que encabeza el presidente conservador Porfirio Lobo. Pero con esa obstinación Ortega dispara contra sus pies, como suelen decir los politólogos cuando se dictan y aplican medidas contra otro que más bien perjudican los propios intereses, pues Nicaragua tiene una activa relación económica con Honduras y necesita normalizar las relaciones bilaterales con el vecino del norte.
Pero lo más impresionante fue que Daniel Ortega firmó como el presidente brasileño Lula da Silva, una declaración de 20 puntos en la cual se dice que: “1. Los presidente reiteraron su firme compromiso con la defensa de los valores democráticos y del Estado de Derecho, así como la promoción y protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.
Eso parece una humorada pero es cierto. El régimen de Daniel Ortega ha despedido por motivos políticos a más de 18 mil empleados públicos sin respetar sus derechos establecidos en la ley; mandó a suspender el artículo 147 de la Constitución que impide su pretendida nueva reelección presidencial; ha convertido en una farsa el principio democrático y la norma constitucional de la separación e independencia de poderes; se ha arrogado la facultad de mantener por decreto a los ex magistrados y otros altos funcionarios del Estado, a los cuales se les vencieron los términos y sólo la Asamblea Nacional puede reelegirlos o prorrogar sus mandatos; ha resucitado una disposición constitucional transitoria que fue establecida para una situación determinada y se extinguió hace más de 20 años, a fin de justificar el decreto antes mencionado; ha perpetrado el fraude electoral más escandaloso desde la época somocista y quizás de toda la historia nacional; ha permitido que turbas oficialistas agredan a manifestantes, caravanas y líderes de la oposición, así como que asedien y ataquen sedes de partidos políticos opositores e inclusive edificios particulares, como el hotel Holiday Inn; ha privatizado la cooperación petrolera venezolana para beneficio de una nueva clase adinerada formada al amparo del poder; niega justicia y discrimina hasta en los servicios públicos de salud a quienes no son miembros ni simpatizantes del partido gubernamental; viola de manera sistemática la Carta Democrática Interamericana de la Organización de Estados Americanos (OEA), etc., etc.
A pesar de todo eso Daniel Ortega firmó junto con el Presidente de Brasil una declaración en la que “reitera su compromiso” con la defensa de la democracia, el Estado de Derecho y los Derechos Humanos. ¡Vaya desfachatez! ¿Y cómo es posible que el presidente Lula, sabiendo lo que hace Daniel Ortega, haya firmado con él una declaración como ésa? Lula y Ortega son políticos y gobernantes de izquierda, como ellos mismos se autocalifican. Pero en la izquierda, según algunos analistas políticos suramericanos, hay unos que son progresistas y otros son impresentables. Sin duda que Ortega forma parte de los impresentables y Lula está entre los progresistas. Aunque a veces, cuando se junta con personajes como Fidel Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega, Lula pareciera ser también impresentable.
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