Federico Dueñas

Descanse en paz Monsi

Octavio Paz (1914-1998), Premio Nobel de Literatura, sintetizó en pocas pero muy elocuentes palabras al prolífico y polémico intelectual-escritor ahora fenecido: “el caso de Carlos Monsiváis me apasiona: no es ni novelista ni ensayista sino más bien cronista, pero sus extraordinarios textos en prosa, más que la disolución de estos géneros, son su conjunción. Un nuevo lenguaje aparece en Monsiváis: ¿el lenguaje de un muchacho callejero de la Ciudad de México?, un muchacho inteligente que ha leído todos los libros, todos los cómics, ha visto todas las películas. Monsiváis: un nuevo género literario”.

El cronista, la conciencia crítica y sarcástica de la sociedad, la política y de la cultura de los últimos 40 años de México, Monsiváis (Monsi), falleció el pasado 19 de junio a los 72 años de edad a causa de complicaciones respiratorias por la fibrosis pulmonar. Su mordaz lucidez y punzante pensamiento lo convirtieron en uno de los autores más leídos en México. En sus obras muestra ese análisis sociológico y antropológico, conjugado con su personal y cínico sarcasmo que lo mismo tocaba temas como la vida y muerte de El Santo o de Pedro Infante, la canción, los clásicos “albures” chilangos propios de la peculiar cultura popular del chavo citadino de “La Capirucha”, para de ahí pasar con toda naturalidad a las selectas y delicadas bellas artes como el teatro, la pintura y la música con el mismo tono de brillantez para su comprensión.

Escritor, periodista, cronista, crítico y conferencista, pero antes que nada “un simple lector”, así se autodefinió el propio Monsiváis, a quien muchos consideramos como el insustituible padre de la crónica moderna en México. Por más de cuarenta años cultivó la ironía como crítica mordaz frente a la realidad intolerable y como regocijo ante el agravio. Irreverente, cáustico y agudo, así lo calificó su colega y amiga Elena Poniatowska, fue capaz de combinar en sus letras la inteligencia y la ironía para dar forma a cientos de artículos y críticas, como ensayos sobre literatura, cine y arte, convirtiéndose en una referencia obligada para comprender el panorama cultural mexicano de la segunda mitad del siglo XX.

Monsiváis nació el 4 de mayo de 1938 en ciudad de México, estudió en la Facultad de Economía y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Desde los cinco años vivió en la misma casa, en la popular colonia Portales, al sur del DF, entre montañas de libros y sus amados felinos Rosa Luxemburgo, Ansia de Militancia, Eva Sión, Fetiche de peluche, Fray Gatolomé de las Bardas y Chocorrol.

El coleccionismo fue otra de las pasiones del filosofo-escritor, quien adquirió juguetes, carteles, fotografías, cuadros, esculturas y otras antigüedades típicas de la cultura popular mexicana, durante cuarenta años, consiguiendo más de diez mil objetos, con los que dio forma en 2006 al Museo del Estanquillo. Empedernido colaborador de revistas, periódicos, mesas redondas, programas de radio y televisión, coloquios, museos, películas, antologías y prólogos, fue llamado “El último escritor público de México” por Adolfo Castañón. Durante décadas escribió la columna Por mi madre, Bohemios , donde compila declaraciones de políticos, empresarios, representantes de la Iglesia y otros personajes de la vida pública, mofándose de su ignorancia o su visión limitada del mundo y exhibiendo la demagogia de las clases que gobiernan al país. Señalado como “un incomparable historiador de las mentalidades, ensayista intensamente receptivo y agudo, y documentador de la fecundísima fauna de nuestra imbecilidad nacional”, las posiciones polémicas políticas y su perspectiva crítica lo llevaron, desde el inicio de su carrera periodística, a dar cuenta de todos los fenómenos literarios, sociales y culturales que implicaban un desacato al autoritarismo, el orden establecido y el conservadurismo.

Descanse en paz quien tanto y amenamente aporto a la cultura en general mexicana. ¡Hasta pronto Monsi!

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