Annetta Rayo Ruiz
Es invierno y las plantas, los árboles y la tierra están recibiendo las generosas gotas de agua de la época.
—¡Yupiii…! ¡Qué rico está lloviendo!— exclamó Bruno, mientras refrescaba su cuerpecito. Inmediatamente terminó de llover, los rayos solares y el viento se encargaron de secar al pequeño.
Bruno apenas conocía los nombres de los arbustos vecinos, algunas aves que descansaban en las ramas y otras cositas que su mamá y hermanos mayores le explicaban, pero no era suficiente para la curiosidad del chiquitín, ya que él ansiaba saber mucho más sobre el mundo que estaba a los pies del árbol donde habitaba.
Aunque sus ganas eran inmensas, su realidad era otra, ya que estaba sujeto de por vida a una rama, la cual le proporcionaba alimento y todo lo necesario para vivir, pero eso no era todo. Según las leyendas, todas las hojitas que caían al suelo no vivían para contarlo, sin embargo eso no aterraba a Brunito, mientras más prohibido, más curiosidad le daba:
—No puede ser tan malo ir abajo, si hay vida, yo también puedo sobrevivir—, pensaba.
Así que un día se despidió de sus familiares y decidió volar. Con miedo y lágrimas en su rostro se desprendió de lo que por mucho tiempo había sido su hogar y se lanzó a vivir nuevas aventuras.
Una vez suelto, el viento se encargó de darle rumbo a su viaje. Los primeros días no tuvo destino fijo, ya que se movía de acuerdo con las condiciones climáticas, pero eso sí, conoció los lugares más bellos que jamás había podido imaginar: riachuelos de aguas cristalinas, hermosos sembrados de flores, además conquistó nuevos amigos.
Pero no todo fue bonito. Una mañana mientras descansaba, apareció un grupo de hormigones que, de forma violenta, lo agarraron y se lo querían llevar, si no hubiese sido por un grillo que lo rescató, allí hubiera quedado.
Desde ese entonces ellos se hicieron buenos amigos y juntos exploraron todos los rincones del bosque.
Después de todo, Bruno reflexionó sobre todas sus vivencias y se dio cuenta que su curiosidad fue uno de los factores que lo motivó a desprenderse, perder el miedo y volar. Si hubiese prestado atención a todas las historias feas que los demás contaban o tenido miedo, tal vez nunca se hubiera atrevido a conocer todo aquello que una vez vio imposible alcanzar.
Moraleja:
El miedo es uno de los obstáculos principales que puede limitar a quien sea en alcanzar tus sueños. ¡Sé valiente! Si te gusta alguna actividad deportiva, baile, teatro, pintura, no te limités, hacelo. Y verás que llegarás hasta donde vos querrás.