Los magistrados iberoamericanos en Nicaragua

La justicia es la más importante, hermosa y noble de todas las instituciones humanas. Así ha sido a lo largo de la historia y así habrá de ser siempre. Justicia es reconocer y dar a cada uno lo que legítimamente le pertenece. Por eso la justicia simboliza, como anota el español José Antonio Pérez-Rioja, “la armonía y la firmeza como regla de conducta”. De allí que el gran maestro, orador, filósofo y jurista de la antigua Roma, Marco Tulio Cicerón, escribiera hace más de dos mil años que “la justicia es reina y señora de todas las virtudes”. Y por eso es que a la justicia se le representa como una dama respetable, sosteniendo en sus manos la balanza que significa el equilibrio entre el bien y el mal y la espada que representa el castigo al delito y la injusticia.

Por todo eso que significa la justicia, los encargados de impartirla, que son los magistrados y jueces, deberían ser las personas más honorables de la sociedad. Y la realización en Nicaragua de una reunión internacional de altos funcionarios judiciales ——como la VIII Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional, que se reúne en Managua desde hoy hasta el viernes de esta semana— tendría que ser motivo de honor y orgullo para los nicaragüenses.

Pero según los comisarios políticos de Daniel Ortega y del FSLN en la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, a lo que vienen los magistrados judiciales de 17 países iberoamericanos, es a legitimar las acciones —o más bien dicho los atropellos— del régimen orteguista contra el Poder Judicial de este país, sobre todo contra la justicia constitucional que irónicamente es el tema de la Conferencia Judicial Iberoamericana que se realiza en suelo nicaragüense. ¿Será eso posible?

La verdad es que resulta muy difícil creer que los magistrados extranjeros que han venido a Managua para participar en la conferencia internacional de justicia, sean de la misma clase que aquellos    que en Nicaragua encabezan turbas de forajidos enmascarados que siembran el terror en las calles. No se puede creer que esos ilustres visitantes extranjeros, en sus países traten a sus colegas magistrados con los insultos de payasos, matones y otros calificativos que las personas decentes no usan en sus relaciones interpersonales y mucho menos en sus presentaciones públicas.

El caso de Nicaragua, donde la administración institucional de justicia ha descendido al peor estado de degradación que cabe imaginar, tiene que ser una excepción. En Nicaragua ya no hay verdadera justicia, como consecuencia de la politización del Poder Judicial. Aquí se comprueba una vez la certeza de aquella famosa sentencia de los grandes maestros del derecho: que cuando la política entra por la puerta del Poder Judicial, la justicia se escapa por la ventana. Es imposible que en los demás países iberoamericanos la justicia esté en la misma deplorable situación que en Nicaragua, salvo sombrías excepciones como las de Cuba y Venezuela. De manera que no se puede creer que los magistrados de 17 países iberoamericanos, que sin duda son honorables, hayan venido a avalar los atropellos contra la justicia que se están cometiendo en Nicaragua, sobre todo contra la justicia constitucional que es precisamente el tema de la conferencia internacional de Managua.

Pero tampoco hay que esperar que los magistrados iberoamericanos respalden abiertamente a sus colegas nicaragüenses que son avasallados por el régimen orteguista; ni que se solidaricen expresamente con el pueblo nicaragüense, al que Ortega y su partido le están arrebatando el sagrado derecho a la justicia y la posibilidad de elegir a sus gobernantes y representantes en comicios libres y transparentes. Éstos y todos los demás problemas de los nicaragüenses tienen que ser resueltos por los mismos nicaragüenses, y con toda seguridad que los van a resolver.

Sin embargo, cabe suponer que los magistrados y jueces iberoamericanos honestos que han venido a reunirse en Nicaragua habrán de sentir vergüenza al ser agasajados por quienes atropellan a la justicia en nombre de la justicia, y que sientan pena por tener que departir con quienes han mancillado a la virtuosa dama de la justicia y la han puesto a los pies de un régimen autocrático.

Los magistrados visitantes tienen que encontrar la forma de expresar su preocupación por la tragedia que está sufriendo la justicia en Nicaragua. Como personas justas y de derecho que son, esa es su elemental obligación.

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