Mártires del siglo XXI

Las noticias que llegan desde Cuba dan cuenta que el disidente Guillermo Fariñas, quien está en huelga de hambre desde hace cuatro meses, puede morir en cualquier momento. De todas maneras, el fallecimiento de Fariñas es inminente, pues nadie espera que los despiadados gobernantes comunistas de Cuba se conmuevan a última hora y acepten la única petición del héroe cívico cubano, que es la libertad de los presos políticos que se están pudriendo en las cárceles.

“Nadie quiere morir. Esto no es un suicidio. Esto es un reclamo, pero hay momentos en la historia de las naciones y en la coyuntura personal de los ciudadanos de cada país en que se requiere de mártires”, dijo en marzo pasado Guillermo Fariñas, quien se declaró en huelga de hambre el 24 de febrero de este año, un día después de que muriera el opositor cívico al régimen totalitario de Cuba, Orlando Zapata Tamayo, como consecuencia de la huelga de hambre que mantuvo en prisión durante 85 días. Y la verdad es que también Fariñas ya hubiera fallecido, de no ser por la forzada alimentación artificial que recibe en un hospital, por orden del Gobierno, pero sigue sin ingerir ni un solo bocado de comida.

Tanto Zapata como Fariñas y sus otros compañeros de infortunio, son auténticos mártires del siglo XXI, personas que se han decidido a morir por sus ideales de libertad, hombres que sacrifican hasta sus vidas cuando no queda ninguna alternativa más que ofrendarlas y restregar sus muertes en el rostro de los dictadores oprobiosos de Cuba.

Para personas como Zapata Tamayo y Guillermo Fariñas es preferible morir como mártires, dejando un testimonio de dignidad, fe y esperanza, igual que los cristianos primitivos cuando eran crucificados y arrojados a los leones en los circos romanos, pues de todas maneras “el régimen cubano mata a sus oponentes dentro de las prisiones”, como ha dicho Fariñas. Ésta “es la esencia criminal de los hermanos Fidel y Raúl Castro”, señaló el mártir cubano, en alusión a los numerosos presos políticos y de conciencia que permanecen en las cárceles de Cuba sufriendo graves enfermedades, condenados irremediablemente a morir a menos que se les deje en libertad. Antes de ser comunista, Cuba tenía cinco millones de habitantes y había 11 prisiones en el país, recordó Fariñas, pero ahora tiene 246 presidios para 11 millones de personas. Y denunció que “no existe un programa de reinserción social y la falta de higiene y medicamentos se conjuga con la crueldad de los oficiales carcelarios que torturan, golpean y chantajean”.

En esta misma semana, Amnistía Internacional dio a conocer un amplio informe en el que acusa al régimen de Cuba de “utilizar leyes represivas y el aparato de seguridad del Estado para castigar la actividad disidente y crear una cultura del miedo que inhibe la libertad de expresión”. Asegura Amnistía Internacional que a pesar de que el régimen cubano firmó en 2008, el Convenio Internacional de los Derechos Civiles y Políticos que es impulsado por Naciones Unidas, “sin embargo, la situación no mejoró (…). Por el contrario, se limitaron las libertades individuales bajo el argumento de la defensa de la seguridad nacional y en respuesta a las sanciones impuestas por Estados Unidos en los años sesenta”. Pero “no importa cuán perjudicial sea su impacto, el embargo de Estados Unidos es una mala excusa para violar los derechos de ciudadanos, pues no puede disminuir de ninguna manera la obligación en el gobierno cubano de proteger, respetar y satisfacer los derechos humanos de todos los cubanos”, se advierte justamente en el último informe de Amnistía Internacional sobre Cuba.

En realidad, lo único positivo que ha ocurrido últimamente en Cuba, en relación con los prisioneros políticos que son martirizados en las prisiones por los esbirros de la dictadura totalitaria comunista, ha sido la puesta en libertad condicional de Ariel Zigler Amaya — un deportista disidente que ingresó a la cárcel fornido y lleno de vida, pero salió cadavérico, parapléjico y en silla de ruedas— , el 11 de junio pasado, por imploración de la Iglesia católica con motivo de la visita a Cuba del Canciller del Vaticano, monseñor Dominique Mamberti.

Es que, como la única luz de esperanza en Cuba, la Iglesia católica está intercediendo por los mártires cubanos de la fe en la libertad, la democracia y la dignidad de la persona humana.

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