El merecimiento del maestro

El 29 de junio fue instituido como el Día del Maestro Nicaragüense, con el propósito de conmemorar la gesta patriótica del Héroe Nacional Enmanuel Mongalo y Rubio, maestro de vocación y de profesión, quien el 29 de junio de 1855, en tiempos de la Guerra Nacional, incendió el Mesón de Rivas para desalojar a los filibusteros que estaban allí atrincherados.

Este día se instituyó como celebración nacional en junio de 1978, durante el gobierno del general Anastasio Somoza Debayle, el último titular de la dictadura dinástica somocista, la cual se mantuvo en el poder durante más de cuarenta años no sólo por la imposición y la represión, sino también por medio de los pactos de cúpulas políticas en contra y a espaldas del pueblo, y a través de reformas constitucionales amañadas, fraudes electorales y reelecciones presidenciales reiteradas. Pero a pesar de que la dictadura somocista quiso engañarlos con dádivas y festejos, los maestros democráticos se sumaron a la lucha contra aquel gobierno oprobioso al que tanto se va pareciendo, cada vez más, el actual régimen orteguista.

Pero independientemente de las circunstancias históricas en las que se instituyó el Día del Maestro Nicaragüense, lo cierto es que siempre los maestros han merecido el reconocimiento de la sociedad. Realmente, el sólo hecho de ser maestro verdadero, auténtico, no de ocasión sino de vocación, y no sólo por recibir un salario como se puede obtener con cualquier oficio común y corriente, merece el respeto, el cariño y el homenaje de los ciudadanos y de toda la nación.

El filósofo argentino de origen búlgaro, Santiago Kovadloff, ha escrito que el auténtico maestro se distingue del que no lo es, en que “mientras el docente convencional se limita a dar a conocer un contenido, informa y a lo sumo explica, el verdadero maestro transmite, encarna lo que comunica, respalda, mediante un profundo compromiso personal lo que pone en juego como saber”. Señala el también pedagogo Kovadloff, que el maestro verdadero “alcanza el corazón del estudiante, lo transforma, genera en él una predisposición al aprendizaje nacida de la empatía…” Y agrega que “el maestro cabal contagia la alegría de estudiar y convierte el saber que propone en un escenario de ponderaciones compartidas con sus alumnos. La suya no es la última palabra, es la palabra orientadora. La responsabilidad profesional con que procede no es otra cosa que el goce íntimo con que lleva a cabo su tarea. La pasión y el deber resultan en él inescindibles”, es decir, inseparables.

En Nicaragua siempre ha habido maestros de ese calibre, mujeres y hombres con talante de apóstoles que educaron a sus alumnos con la instrucción formal indispensable indicada en los programas ordinarios de estudio, pero también con una sólida formación en valores morales y principios éticos que los maestros no sólo predicaron sino que también respaldaron con el ejemplo de sus impecables vidas profesionales y personales. Aún en la actualidad, a pesar de la crisis moral y cívica en la que se encuentra la sociedad nicaragüense por la acción devastadora de los políticos caudillistas y corruptos, en Nicaragua hay muchísimos maestros auténticos, de vocación y de principios, merecedores del agradecimiento, la admiración, el respeto y el cariño de la sociedad nicaragüense.

La verdad es que el magisterio es una profesión heroica y sacrificada en Nicaragua, por las adversas condiciones de trabajo, por los salarios miserables, por las manipulaciones políticas del oficialismo y por las dádivas populistas que ofenden la dignidad personal y profesional, en vez de ser remunerados de manera digna y adecuada. Por eso es que la celebración del Día del Maestro tiene que ser una jornada de lucha, o al menos de reflexión sobre la necesidad de mejorar la penosa situación material de los maestros, sobre todo los del sector público que son los que reciben los peores salarios. Sobre los contenidos y la calidad de la educación hay mucho que decir y proponer, pero ninguna propuesta puede ser viable mientras no se resuelva el grave problema de la situación socio-económica de los maestros.

Los economistas independientes han demostrado con sus estudios y análisis que con sólo la sobrerrecaudación fiscal y los fondos de la cooperación petrolera venezolana incorporados al Presupuesto nacional se podría financiar el aumento salarial justo y digno que demandan los sindicatos independientes de maestros. De manera que si el Gobierno no lo hace, es simplemente porque no quiere.

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