La Conferencia Episcopal de la Iglesia católica de Venezuela le reclamó al presidente venezolano, coronel Hugo Chávez, por la gran cantidad de alimentos que se han podrido y de medicamentos que se han vencido, por ineptitud y negligencia gubernamental, mientras aumenta la cantidad de gente que sufre hambre y enfermedades en ese país suramericano que por su inmensa riqueza petrolera no debería sufrir problemas sociales de semejante magnitud.
En realidad, durante los once años que Hugo Chávez lleva en el poder, el precio internacional del petróleo se ha multiplicado por varias veces y Venezuela ha obtenido un ingreso de casi novecientos mil millones de dólares. Pero esa cuantiosa riqueza petrolera ha sido para financiar los programas políticos clientelistas, asistencialistas y sectarios de Hugo Chávez que sólo benefician a una parte de la población, y para crear y enriquecer a una nueva clase muy adinerada, codiciosa y corrupta que popularmente es llamada burguesía bolivariana o “boliburguesía”. Y como si toda esa desgracia social fuera poca, por la irresponsabilidad y la impiedad de los gobernantes autoritarios de Venezuela grandes cantidades de alimentos y medicinas se pudren y malogran en vez de llegar a la gente que los necesita.
En su enérgica declaración pastoral, los obispos venezolanos defienden al pueblo de los abusos del régimen autoritario de Hugo Chávez que se autodenomina “socialismo del siglo XXI”, y señalan que la descomposición de los alimentos y medicamentos debido a la negligencia gubernamental, es un “pecado que clama al cielo y pone en evidencia el deterioro moral de los organismos encargados” de la importación y la distribución de productos básicos.
El caso es que a fines de mayo pasado fueron encontradas más de 30 mil toneladas de alimentos en estado de putrefacción, en contenedores almacenados y prácticamente olvidados en Puerto Cabello, que es la instalación portuaria más grande de Venezuela, ubicada en el estado de Carabobo. Por su parte, representantes de la oposición social, empresarial y política venezolana denunciaron que después del hallazgo de las 30 mil toneladas de alimentos y medicinas descompuestas en Puerto Cabello, en diversos lugares del país se han encontrado otros contenedores llenos de harina de trigo, pastas alimenticias, carne y leche en estado de putrefacción, y aseguraron que la cifra de alimentos perdidos, que se ha podido cuantificar, llega hasta ahora a 122,000 toneladas.
Obligado por el escándalo público que ha causado este crimen gubernamental contra la población más pobre y necesitada de Venezuela, y ante la abrumadora evidencia de la incapacidad y la negligencia gubernamental, Chávez ordenó el enjuiciamiento de varios directivos de la empresa estatal Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval), que es filial del todopoderoso monopolio energético estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Además, el dictador venezolano destituyó a varios ministros y otros altos funcionarios de su gobierno, simulando ante el pueblo venezolano que está indignado con esos graves casos de irresponsabilidad gubernamental y quiere castigarlos.
Pero la verdad es que este grave problema no se debe únicamente a la irresponsabilidad personal de los encargados en el Gobierno de la adquisición de los productos básicos y su distribución a la población. De lo que se trata en lo fundamental es que el socialismo autoritario, por su propia naturaleza, fomenta ineficiencia, incapacidad, corrupción y desprecio de la burocracia gubernamental hacia la gente, sobre todo a los más humildes y necesitados, que sin embargo y como un grosero e hiriente sarcasmo político son invocados frecuentemente por los caudillos de la revolución socialista, que se proclaman como amigos y adalides de los pobres del mundo.
En este sentido, el eminente intelectual venezolano Héctor Silva Michelena, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Venezuela, explica que la historia ha demostrado que el sistema socialista que trata de imponer Hugo Chávez es inviable económica, social y administrativamente, y que por lo tanto “es absolutamente demencial tratar de revivir al socialismo” que fracasó estrepitosamente en la Unión Soviética y demás países comunistas, y cuya principal prueba actual de fracaso es la Cuba comunista de los hermanos Fidel y Raúl Castro.
De manera que según el académico Silva Michelena, el proyecto del socialismo del siglo XXI “es ir hacia atrás, la vuelta al pasado”. Dicho con otras palabras, es un proyecto podrido, como los alimentos y las medicinas que se descomponen en Venezuela por culpa de la negligencia chavista.
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