Memo y su lucha por la limpieza

Todas las mañanas Memito esperaba el autobús del “cole”, bien peinado con su uniforme impecable.

Todas las mañanas Memito esperaba el autobús del “cole”, bien peinado con su uniforme impecable.

—¡Piiií, piiií…! —sonó el claxon y rapidito tomó su pesada mochila y subió. En el bus lo esperaba “Rafa”, uno de sus mejores amigos.

—¡Memo, Memo… Vení, aquí estoy! —lo llamó Rafa.

Sonriendo se sentó junto a él. Ellos compartían todo, hasta sus meriendas.
Una mañana cuando sonó la campana del receso, Rafa salió corriendo al jardín para degustar sus alimentos. Ansioso abrió la lonchera y se comió todo, tirando los restos al suelo, sin pena ni remordimiento.

Memito, al ver la actitud de su amigo, se indignó, rápidamente levantó las migajas y las fue a botar al contenedor, que por cierto estaba a escasos pasos de ellos, y cuyo letrero decía: “Deposite la basura aquí”.

El pequeño Rafael ni se inmutó, tranquilamente continuó comiendo, y botando lo que le sobraba por doquier.

—¿Rafael, qué te cuesta botar la basura en el recipiente? —le cuestionó Memo.

—¿Para qué?, si en un segundo el de limpieza lo va hacer —le contestó.

—No se trata de eso, sino que seás aseado y consciente. Aunque haya una persona encargada en la limpieza, es responsabilidad de todos mantener limpio nuestro colegio, las calles, casas, parque… —le dijo.

Pero los comentarios de Memo eran inútiles, Rafa lo seguía haciendo, conducta que entristeció al pequeño Memo, no entendía por qué habían personas desaseadas a quienes no les importaba su entorno.

Después de este incidente, Memo buscó la forma de cómo motivar a los chavalos para que dejaran de botar basura y se dieran cuenta de lo significativo que es preservar el medio ambiente.

La mañana del día siguiente a la hora del recreo, Memito salió corriendo, vistiendo con una camiseta color verde y se plantó junto a uno de los contenedores de basura con una pancarta en mano que decía: “¡Seamos responsables, botemos la basura en su lugar!”

Al principio nadie le hacía caso, lo miraban como loco, pero el pequeño no se rindió y por varias semanas mantuvo su posición, llamando la atención de sus compañeros y motivándolos a hacer lo mismo. Durante los próximos días los muchachos se ubicaron en los distintos contenedores del “cole” para apoyar la causa.

MORALEJA

Rafael, al ver el comportamiento de todos tuvo que cambiar de actitud y reconocer que lo que hacía no era correcto. Pese a que contemos con personas que hacen la limpieza nosotros debemos contribuir a cuidar nuestro planeta

Si bien la iniciativa cumplió con el objetivo, los plantones no fueron para siempre. Todos debemos estar claros que para mantener limpio nuestros centros de estudios, hogar, calles, playas y parques debemos ser conscientes y NO BOTAR BASURA. En caso que no haya un recipiente cerca, busquemos una bolsa y la botamos en el contenedor más cercano. ¡No nos cuesta nada!

Chavalos

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