Marisa Álvarez de Pasos
Son palabras de la homilía del Santo Padre durante la misa de inicio de su ministerio petrino hace cinco años.
Por eso la Iglesia está de pie, estamos en pie con la fuerza de Jesús Resucitado la Noche de la Pascua. Y todos, con el Santo Padre sentimos el dolor y la vergüenza de la traición y el abuso que tanto daño y sufrimiento han causado en los más débiles.
También hace años comenzó el padre Hans Küng su guerra, y —en este momento— aprovecha esta crisis insistiendo en manifestar su antagonismo contra el Papa, o contra el Papado. Llama la atención que argumentando preocupación por la Iglesia se pone contra ella, como ignorando que se trata de una guerra vieja contra el cristianismo. Una guerra total que quiere apartar la vista de Dios. Se sabe que los intentos de manchar al Santo Padre golpean a la Iglesia y fortalecen los argumentos contra la educación católica, por ejemplo, ni el Crucifijo quieren ver y lo arrancan de las aulas en algunos colegios en Europa; de las habitaciones de algunos hospitales con la intención de arrancarlo de la vida de los hombres.
Vuelve el tema del discurso de Ratisbona, que ya dio frutos de concordia y diálogo; y que desde el 2007 dio frutos de buena voluntad cuando 138 —unos más dispuestos y otros menos, pero todos con respeto— estudiosos musulmanes respondieron al Papa en busca de concordia. ¿No es triste? ¿Cuáles serán las intenciones de los que atacan desde dentro?
¿No es obvio que quienes, diciendo que son Iglesia, hablan y actúan como enemigos?, ¿van tras el bien? Me estoy preguntando eso.
Vuelven también con los comentarios parciales sobre el uso del preservativo sin tener en cuenta investigaciones ni pronunciamientos médicos que demuestran que no es ésa la solución. Se ha descubierto que ese método anticonceptivo, o antisida, no es el mejor porque propicia conductas sexuales arriesgadas y hasta lleva a la promiscuidad. El mejor antídoto es el cambio de conducta: la monogamia. Y, por qué tener miedo a decirlo, castidad y fidelidad. ¿Por qué tenemos miedo de ser dueños de nosotros mismos como si el hombre no fuese capaz de controlarse, de ser responsable? Eso me sorprende muchísimo de parte de un sacerdote. El padre Hans Küng ha debido contar con la gracia para vivir su sacerdocio.
No es claro en su referencia al celibato. Parece que no está de acuerdo, como si se tratara de algo impuesto y no de una entrega, una donación, una respuesta a un llamado. Como si no contara con la gracia.
Por otra parte, es extraño, acabamos de celebrar el Triduo Pascual. E igual que todos los años, la Iglesia revive la Pasión de Jesucristo antes de la Resurrección. Si la Iglesia debe seguir sus pasos, no podemos extrañarnos de lo que nos está pasando. No podemos decir que es raro; pero sí debemos saber lo que está sucediendo y no confundirnos jamás. La Iglesia somos cada uno, somos vos y yo también.
Somos una Iglesia que sufre, y que ha sufrido por dos mil años, pero es la Iglesia siempre nueva, viva y joven. Lleva dentro el futuro del mundo, el futuro de nuestros hijos y nietos. Es una Iglesia que camina, y como Jesús, sus pasos van por la vía del dolor para llegar al gozo de la Resurrección.
¿Es que acaso se nos está olvidando que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”?
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