Muchas cosas dijo la Iglesia en la voz de los obispos, pero lo más importante fue el llamado al diálogo; la manera universal sensata y pacífica de resolver los conflictos. Pero en Nicaragua dialogar se ha vuelto un problema, porque cosas buenas y necesarias para que un país avance en paz, como son negociar y lograr acuerdos, se han convertido en “sospechosas” de esconder “pactos” contra el pueblo. No perdamos tiempo mirando atrás discutiendo si los pactos del pasado fueron buenos o malos. Aprendamos de la historia que si se pacta debe ser en beneficio del pueblo y aprendamos de los errores, pero no condenemos a priori los diálogos y entendimientos políticos que lleven a acuerdos necesarios para que podamos avanzar democráticamente y en paz.
No le pongamos trabas ni etiquetas a los intentos que con urgencia hay que hacer para iniciar un diálogo político. El primer punto es la elección de 25 funcionarios que debe hacer la Asamblea Nacional. Ningún partido, ni ningún bloque, tienen los votos necesarios para elegir a nadie. La única manera de hacerlo es poniéndose de acuerdo. Pero éste es un diálogo político, y con todo respeto a los ONG, ellos deben opinar, pero dar lugar a que los partidos sean quienes negocien. Si quieren actuar como partidos, que se organicen como tales para presentarse en las próximas elecciones. No pueden hacer el papel de los partidos los ONG, los sindicatos, el Cosep, Amcham, el Club de Leones o los rotarios.
Lógicamente, para la oposición lo mejor es entrar unidos al diálogo. Pero hay tanta enemistad entre unos y otros que se hace difícil esa unidad. Deben eliminar muchas condiciones que se autoimpusieron por desconfianza para poder entrar juntos al diálogo con un acuerdo mínimo. Lo que más dificulta la elección de los 25 funcionarios es calificar de previo como “repartidera” que un partido busque candidatos entre personas afines, siendo algo normal que a cada partido se le respete su derecho a proponer y elegir personas idóneas según su propio criterio y según el porcentaje de diputados que tiene (allá el que no seleccione bien, pues el pueblo se lo cobrará). ¿Vamos a arruinar al país por no aplicar una aritmética elemental? No descalifiquemos lo lógico como “repartidera”, pues no hay otra forma de hacerlo aunque pasemos cien años discutiéndolo mientras el país se destruye.
En una negociación todos quieren lograr el ciento por ciento, pero eso es imposible. Negociación no es imposición. Si ninguno cede, ninguno va a lograr el ciento por ciento, pero tampoco el 1 por ciento. Hay que disponerse a lograr un 70 por ciento (por dar un ejemplo). Hay que ir dispuestos a ceder. Las declaraciones públicas duras de “no ceder” no conducen a nada, y al final no saben cómo salir del asunto por haber hablado más de la cuenta.
El Frente Sandinista y la oposición deben estar claros que a ninguno le conviene el caos. Ni el FSLN va a lograr sus propósitos con un caos que lleve a un “estado de emergencia” para justificar acciones determinadas; ni la oposición logrará absolutamente nada con que se paralicen las instituciones, se corte la ayuda externa o se condene al Gobierno por la OEA. Nadie gana con una situación encendida en las calles ni tomando las armas. Pongamos los pies en la tierra. La única solución es el diálogo entre el Frente Sandinista y los partidos de oposición, y para que resulte positivo, ¡todos deben ceder algo!
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