Su figura grande y pesada, la frente que confunde sus límites gracias a la calvicie y esa expresión un tanto dura de su rostro dan la impresión de un Nelson Porta intimidante por su seriedad. Pero una vez que abre la boca para soltar una frase ingeniosa, todo eso se viene abajo.
“Rajatabla”, dicharachero y eterno enamorado de su esposa “Sarita”, Nelson Porta es el chef nicaragüense que ha conquistado al público gracias a su arte en la gastronomía, su carisma y calidez.
Porta, con una larga e importante trayectoria como chef internacional en Estados Unidos, vino a Nicaragua a vacacionar por un mes y terminó quedándose para administrar sus restaurantes, un instituto culinario y presentar dos programas de cocina que se ganaron rápidamente el agrado de los nicaragüenses.
¿Quién te enseñó a cocinar?
Mi abuela.
¿Cómo decidiste estudiar Cocina de manera profesional?
Me fui a los Estados Unidos y por la necesidad me metí a trabajar de casualidad a un restaurante. Me metí a lavar platos. Tenía esa sazón que yo le llamo sazón nicaragüense. Tengo una mezcla de las bases ya estudiadas, de italiano y francés, más un 40 por ciento de la sazón nica, que eso ha sido lo que me ha diferenciado de los otros chefs de los Estados Unidos. Así pasé a ser uno de 36 máster chefs en el mundo.
¿Cómo definirías esa sazón nica que mencionás?
¿La sazón nica? ¡Riquísima! Un toque de chilito, achotito, agrito, su naranja agria. Son cosas que los chefs extranjeros no tienen idea.
¿Es Nelson Porta el mejor chef del país?
Sin duda.
¿Sin duda? ¿Por qué?
Porque nadie me llega. ¡Ideay!, ¿qué querés que haga?, ¿qué culpa tengo yo?
Fruta favorita: Mango, jocote y nancite.
Último libro que leíste: Los días de Somoza de Fabián Medina.
Último disco que escuchaste: La cuneta son machín.
Día más triste: Cuando le dije a la Sarita que si nos casábamos y me dijo que ahorita no.
Día más feliz: Cuando ya me dijo que sí.
¿Cómo dormís? Rico.
Si no fueras chef serías… cardiólogo
Vicio oculto: No tengo ni uno. No bebo, ni fumo, ni juego.
Manía oculta: No tengo. ¡Qué aburrido que soy!
[/doap_box]
¿Qué tenés que no tengan los otros?
Bueno pues mirá, primero que todo, me encanta mi trabajo, por ejemplo, si yo no ganara reales haciendo esto, igual lo haría, no importaría. Gracias a Dios por lo menos pago la luz todavía. La pasión es una gran diferencia, la sazón con que uno lo hace, la creatividad, tiene que haber mucho de artista para ser diferente.
¿Cómo empezó este proyecto del restaurante? ¿Cómo decidiste venir e invertir en Nicaragua?
Vine a pasar un mes de vacaciones, cuando vi que habían muchas oportunidades de poner algo nuevo, bien puesto. Invertí con un amigo en el proyecto del Instituto Culinario Santa Lucía, para formar chefs jóvenes, gente que quisiera estudiar las artes culinarias. Una vez viendo este lugar, decidimos remodelarlo y poner un restaurante de primera clase… nos ha ido muy bien, a la gente le gusta el restaurante…
¿Cómo surgió lo de los programas en televisión?
Me descubrieron… estaba trabajando de mesero… (ríe) vos sabés que todos los artistas fueron meseros…
Igual que vos…
Igual que yo, que lavaba trastes… (ríe). Cuando abrimos el instituto yo quise hacer un programa y Carlos Briceño, de Canal 8, me dio la oportunidad. Yo quería hacer recetas internacionales traducidas al nicaragüense. Tengo dos programas, Friendo y comiendo con las estrellas , o con los estrellados a veces… y Friendo y comiendo con el Ocho .
Vas a tener que confesar quién ha sido el que mejor ha cocinado y el que te ha quemado todas las cazuelas.
El peor es facilísimo… el que peor ha cocinado aquí, y aunque te pongás bravo, se llama Gabriel Traversari. Quemó todo. El omelette le agarró fuego, el brother hasta me cortó, por estar con el cuchillo, me pegó el cuchillazo…
¿Y quién te sorprendió por sus habilidades?
Hay dos personas: la Katia Cardenal, quien cocina como toda una mamá, vino aquí como que estaba en su casa. Y me sorprendió el diputado Edwin Castro, quien parece que es un fanático de la cocina.
¿Cuál es tu mayor virtud y tu peor defecto?
Mi mayor virtud es mi look. ¡No, mentira! Mi mayor virtud puede ser mi peor defecto: soy impaciente, soy directo en lo que tengo que decir. Yo duermo rico todas las noches porque no me guardo nada. Si yo tengo que decir algo, lo digo. Puede ser una virtud porque así se resuelven las cosas de inmediato, pero puede ser un defecto porque la gente dice: “Ve este hombre es criticón…”
¿Nadie se ha molestado por eso?
Sí se enojan… mi mamá una vez me regañó… una vez digo: “Mi mamá hace canelones, con arroz, con puré y pan, cuatro carbohidratos en un solo plato…”
¿Cuáles son tus proyectos a largo plazo?
Fui a visitar la tumbas de todos mis abuelos, tatarabuelos… y definitivamente me di cuenta que de aquí soy yo, aunque me hice ciudadano americano no podía decir que era de ahí. Ahora estoy en mi país, estoy feliz, nací nicaragüense, orgullosísimo de serlo y de aquí nadie me saca.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 B