¿Y esos edificios bonitos, de qué país son? me preguntó la joven asistente de la oficina, al contemplar las viejas fotografías del Palacio Nacional y otros edificios de aquella Managua que surgía pujante a inicios del siglo XX y que fueron destruidos por el fatídico terremoto del 31 de marzo de 1931. Al conversar con esta muchacha me entero que para ella Managua es largas pistas, peligrosas paradas de buses, gasolineras, un par de centros comerciales, alguna discoteca, barrios por aquí, barios por allá. Se sorprende de saber que alguna vez tuvimos una ciudad con un sentido urbano de la vida.
En estos días se cumplen 79 años de un terremoto, que ocurrió un 31 de marzo, que como en este año cayó en Semana Santa.
Le hablo de que entonces Managua tenía cerca de 7,000 edificios y casas, de los cuales quedaron dañados más de 4,000, que murieron cerca de mil doscientas personas con un terremoto de 5.8 grados de magnitud.
Le cuento de las crónicas de Gratus Halftermeyer, quien refiere que los mercados, almacenes y tiendas de comercio estaban atestadas de gente que se preparaban para la Semana Santa, del voraz incendio que devoró más de veinte manzanas del radio central; incendio que se propagaba libremente sin que nadie pudiera contrarrestarlo. Cada quien buscaba en los escombros a su madre, a su padre, al hermano, al hijo.
Cayeron el Palacio Nacional, el Palacio de Comunicaciones, mercados Central y San Miguel, el Teatro Variedades, la Casa del Águila, los templos de Candelaria, San Antonio, San Pedro, la Penitenciaría Nacional, donde murieron centenares de presos, los mejores edificios del radio central y el que quedó en pie en la ciudad, quedó averiado.
Le narro que Nicaragua entonces estaba ocupada por el Ejército de los Estados Unidos, cuyos soldados fueron los que se hicieron cargo de la atención de emergencia, al igual que tuvimos el apoyo de los países centroamericanos siendo El Salvador y Costa Rica los primeros en enviar barcos con ayudas que llegaron a Corinto y por tren a Managua, ya que ésa era la forma mas rápida de comunicarse. Que el entonces presidente Moncada autorizó a las personas a reconstruir sus viviendas y la ciudad fue rápidamente reconstruida, resurgiendo muy bonita para ser destruida nuevamente por otro terremoto de magnitud 6.2 en diciembre de 1972, el cual mató a 10 mil personas, destruyendo de nuevo el centro de la ciudad.
Pero la mayor sorpresa es cuando le digo que los especialistas consideran que los sismos destructores son aquellos mayores de 7 grados.
Entonces, ¿Por qué sismos de magnitud 5.8 y 6.2 han destruido a nuestra capital?
Refieren los técnicos en la materia que las fallas que los originan son de poca profundidad y se encuentran propiamente bajo de la ciudad, lo cual los hace especialmente peligrosos, pero que el principal riesgo no es vivir en una zona sísmica, sino que aparentemente la mayoría no aprendemos la lección y no nos preparamos para convivir con estas amenazas.
¿Sabe usted si hay fallas cercanas a su vivienda? ¿Sabe que eso puede averiguarlo con solo ir a un cyber y conectarse por Internet al sitio Web del Ineter y buscar la ubicación de su casa en el mapa de fallas sísmicas de Managua?
¿Conoce usted cómo fue construida la casa en que vive? ¿Cuáles son lo sitios seguros de su vivienda? ¿Cada miembro de su familia sabe qué hacer en caso de terremoto?
¿Está claro que vivirá más tranquilo y seguro si está preparado para mitigar los daños del próximo terremoto?
Y si no vive en Managua, tampoco se confíe. Acuérdese del terremoto de Masaya que botó muchas casa en el año 2000, del de Diriomo que dañó la Iglesia, del de Mateare y paremos de contar, que el nuestro es un país sísmico y cualquier ciudad está expuesta a esta amenaza. La buena noticia es que ahora lo sabemos, sabemos cómo debemos construir los edificios y viviendas para que sean resistentes, lo que debemos hacer para prepararnos y mitigar los daños.
Podemos hacer ciudades bonitas, seguras y perdurables. ¿Por qué no lo hacemos? Necesitamos una cultura de prevención. [email protected]
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