Las elecciones de los Consejos Regionales Autónomos de la Costa Atlántica, del domingo recién pasado, resultaron como se esperaba. Por un lado, la abstención fue la mayor de todos los comicios regionales que se han realizado hasta ahora. Y por otra parte, el Consejo Supremo Electoral sometido abiertamente a Daniel Ortega, cometió un sinnúmero de irregularidades para darle el “triunfo” al FSLN.
El alto índice de abstención que hubo en las elecciones del Atlántico del domingo pasado indica, primero, que las autoridades regionales no han satisfecho las expectativas de los costeños, segundo, que por eso mismo la gente no está motivada a la participación electoral, y tercero que la mayoría de los costeños no considera a esas autoridades regionales como verdaderos representantes de la población en general y de las diversas etnias de la Costa Caribe.
Ahora bien, de acuerdo con el artículo 51 de la Constitución y el 30 de la Ley Electoral, en Nicaragua el sufragio es un derecho, no una obligación, de manera que la abstención es también una opción electoral. La libertad de elegir incluye el derecho de no votar, cuando por la razón que sea al ciudadano no le interesa hacerlo. En este sentido la abstención es una actitud ética, porque tan derecho es el de votar como lo es el de no votar.
El ejercicio del sufragio, aunque sea una acción que tiene consecuencias políticas y sociales, es un acto privado de cada persona. Por lo tanto, la obligación de votar es incompatible con el derecho y la libertad del sufragio. Sin embargo, también hay que reconocer que la falta de participación en un acto supremo, fundacional y renovador de la democracia, como es la elección de gobernantes y representantes, debilita el sistema democrático. De manera que los ciudadanos tienen que ser motivados a ejercer su derecho al sufragio, pero por medio de la persuasión y la educación cívica y política, no mediante procedimientos coercitivos y mucho menos represivos.
Se conoce que la abstención tiene formas y causas diversas. Una de ellas se debe a razones ajenas a la voluntad de los ciudadanos, como enfermedad de los votantes, defectos en los padrones, problemas de la cartografía electoral, alejamiento de los centros de votación en relación con los domicilios de los ciudadanos y otros de orden parecido.
Otra modalidad y causa de la abstención es la que obedece a una actitud consciente de los ciudadanos que no emiten su voto, ya sea porque rechazan el sistema político establecido o porque no se identifican con ninguno de los partidos y candidatos participantes en la contienda electoral.
Un tercer tipo de abstencionismo es el que deriva de la falta de educación cívica de los ciudadanos, cuando éstos no tienen comprensión de su rol como miembros de la sociedad y de la importancia de ejercer el sufragio, para influir en la formación de la autoridad gubernamental y contribuir a que ésta sea más representativa de los intereses y aspiraciones de la sociedad.
Pero también hay abstención motivada por la desconfianza de los ciudadanos en las personas que organizan las elecciones, cuentan los votos y asignan los cargos públicos que se derivan del sufragio. Ciertamente, si los ciudadanos temen que les van a robar el voto y se lo asignarán a algún partido y candidato por el cual ellos no votaron, si la gente cree que después de las elecciones tendrá que andar preguntando por todas partes dónde están sus votos, sin que nadie les dé respuesta, entonces es lógico que prefieran abstenerse de votar. Así no se exponen al latrocinio electoral de funcionarios partidarizados, prevaricadores y corruptos.
Sin duda que todos esos factores concurrieron en la gran abstención que hubo en las elecciones del Atlántico, realizadas el domingo recién pasado. En realidad, ¿para qué ir a votar si de todas maneras el FSLN y su Consejo Supremo Electoral anularía o trasegaría los votos que no fueran para ellos? Además, ¿para qué votar si en todo caso los “elegidos” usarán los cargos para su provecho particular, no para el beneficio social, ni para el mejoramiento de las comunidades del Caribe?
Finalmente, también hay que mencionar el penoso papel que hizo la oposición en las elecciones del Caribe. Por sus pleitos e incoherencias —y algunos por su entreguismo—, los partidos de la oposición no fueron a las elecciones del domingo pasado en el Atlántico a tratar de ganarlas, sino a ayudarle al FSLN a imponerse como fuera. Y vaya que sí se le ayudaron bastante.
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