Los ataques del embajador de Nicaragua en Perú, Tomás Borge Martínez, contra La Nación de Costa Rica, no quedaron sin respuesta.
En un editorial explican que el otrora comandante guerrillero confunde la percepción que existe en Costa Rica sobre la actual administración Ortega y sus funcionarios, y que el trasfondo de sus declaraciones —al afirmar que La Nación es enemiga de Nicaragua por investigar algunas irregularidades—, se debe precisamente a su deseo de desviar la atención sobre esas denuncias.
“El embajador (Borge) intenta desviar la atención de los nicaragüenses para relegar a un segundo plano las denuncias de La Nación, sobre irregularidades de indudable impacto en la política interna de su país”.
Agrega que “los hijos del presidente Daniel Ortega viven en San José, en el complejo residencial de Roberto Rivas, presidente del Consejo Supremo Electoral. Esa intimidad entre el gobernante y la máxima autoridad electoral resultaría inconveniente, aunque ambos estuvieran libres de cuestionamientos por el fraude en las elecciones municipales del 2008”, dice el Editorial.
“Pero las dudas nacidas de aquel proceso agigantan la relevancia de la cercanía familiar de los Ortega y los Rivas”.
NO ES LO MISMO
El pasado fin de semana, en una entrevista a LA PRENSA, el embajador Borge argumentó que La Nación era enemiga no sólo del gobierno de Daniel Ortega, sino también de Nicaragua, por investigar abusos del embajador Harold Rivas y del presidente del Poder Electoral, Roberto Rivas.
“El diplomático está confundido. La Nación guarda el mayor respeto y afecto por el país vecino, es defensora de los inmigrantes nicaragüenses en Costa Rica, y desea para la patria de Darío un gobierno digno, en el marco de las instituciones democráticas”.
“Es cierto, sin embargo, que este diario nunca ha sido afecto al presidente Daniel Ortega y su camarilla. Las razones abundan y es ocioso enumerarlas. Lo importante es aclarar la confusión del embajador, propia de mentalidades totalitarias, incapaces de distinguir entre sus personas, el Estado y el país. En esa mentalidad, la crítica a Ortega o la denuncia de sus abusos, es un ataque contra Nicaragua. El Estado soy yo, dicen los orteguistas al unísono con el rey Sol, pero a estas alturas de la historia es imposible dar la afirmación por buena. Este diario sabe distinguir entre Nicaragua, su pueblo y sus gobernantes”.
LAS BONDADES DE LA DEMOCRACIA
A juicio de la diputada Jamileth Bonilla, el editorial de La Nación, por los ataques de Borge, es una muestra clara de la democracia que prima en ese país, donde se respetan los derechos humanos y la libertad de expresión, contrario a lo que sucede en Nicaragua.
Algo que Bonilla considera causa molestia a Borge es que en Costa Rica existe pleno derecho a informar sobre situaciones anómalas, libertad que es total en Nicaragua.
“Es la respuesta que hace cualquier dictador, cualquier persona que es enemiga de la verdad, de cualquier persona que no soporta y aguanta las críticas, y cualquier persona que quiere con un manotazo evitar que se dé a conocer lo que está sucediendo con estos funcionarios”, expresó Bonilla.
La parlamentaria recordó que el Gobierno ha agredido —en su afán de minimizar los señalamientos en su contra— a medios de comunicación y periodistas, por lo que Borge piensa que puede implementar esa medida en otro país.
“Ahí chocó, el comandante entre comillas, Tomás Borge, porque en Costa Rica, por mucho que diga, cualquier Gobierno de ese país va a respetar la libertad de informar”, observó Bonilla.
El ex embajador Mauricio Díaz no quiso profundizar sobre el contenido del editorial, ya que consideró que “basta por sí mismo”.
“Significa que aquí vivimos en otro mundo, con otros parámetros, con otra manera de medir las realidades, y con una visión totalmente atrasada, sobre todo, cuando se trata de los que reclaman que se les diga comandantes, como que el tiempo se hubiera detenido aquí”, precisó Díaz.
LA PRENSA intentó conocer la posición de Borge, pero su teléfono móvil se encontraba apagado.
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A ,1 A