Por Víctor Tercero Talavera
La situación de Haití es producto de la injusticia social, la avaricia de unos pocos y la indiferencia de muchos. España, Francia, Inglaterra y los EEUU han tenido la principal responsabilidad histórica en la situación de Haití, que fue formado sobre el exterminio de los indígenas y poblado por esclavos importados de África para las plantaciones de azúcar. Fue reducto de toda clase de piratas, bucaneros y filibusteros franceses. Francia y España se repartieron su territorio (1697). Fue invadido y ocupado militarmente por EE.UU. (1915-34) y posteriormente oprimido por las dictaduras de los Duvalier, Papá Doc y Baby Doc. (1957-1986).
En 1791, Francois Dominique Tousaint de Louverture, al mando de un ejército de esclavos se enfrentó a franceses, españoles y británicos, los derrotó ampliamente y promulgó la primera constitución (1801). La revolución haitiana fue producto y continuación de la revolución francesa (1789) y culminó en la abolición de la esclavitud en 1794 y su independencia en 1804. Tousaint fue capturado y murió prisionero en Francia (1802). Lamentablemente Jean Jaques Dessalinnes, el principal dirigente revolucionario a la muerte de Tousaint, se autoproclamó emperador y los haitianos no lograron crear su propia alternativa republicana democrática, pronto vino el caos y con él las dictaduras.
Estuve en Haití a principios de los noventa, y pude apreciar lo que es un país sin instituciones. ¡Es el caos total!. El Estado era prácticamente inexistente, el desempleo, superior al 80 por ciento y el 80 por ciento de los profesionales habían emigrado. Puerto Príncipe, sin ningún tipo de planificación. Pude observar tres características que me impresionaron. 1) La población, literalmente “deambulando de arriba para abajo”, muchas mujeres a la orilla de las calles, en cuclillas, con muchos niños, siempre cocinando algo 2) Por todas partes, pequeñas y grandes construcciones a medio construir, con muy poco hierro y 3) acumulación de basura por todos lados. Estuve en una “Bidonville”(Barrio marginal) enorme, miles de viviendas, apretujadas, herrumbradas y en mal estado, las aguas pútridas y la basura en las calles sin árboles. Conocí Petion Ville, con sus lujosas mansiones y grandes automóviles. También estuve en el campo completamente deforestado y fragmentado en minúsculas parcelas improductivas, por la “bendita” tradición de darle a cada hija que se casa una dote de “un quarte” de tierra, (un cuarto de un cuarto de hectárea, o sean 625 m2). El terremoto puso en evidencia de golpe todo este dolor.
Con frecuencia oigo comparaciones de Haití con Nicaragua, hay muchas diferencias. Nicaragua luce como un país serio y organizado comparado con Haití, y tiene una sociedad más organizada. También hay similitudes, una clase política corrupta, historia de dictaduras y gobiernos autoritarios, falta de planificación, debilidad institucional, división social y política, pobreza y miseria creciente, devastación de recursos naturales y alta dependencia del exterior. De aquí la importancia de reducir los riesgos naturales a través de la prevención y la planificación territorial, y de fortalecer la democracia y sus instituciones, sobre todo la descentralización municipal y la participación ciudadana. En condiciones de alta vulnerabilidad a los desastres naturales y sin planificación urbana y regional, solo es cuestión de tiempo que se produzca una situación dramática en nuestro país similar a la de Haití.
La reconstrucción de Haití es una nueva oportunidad para ese pueblo, ojalá lo entendamos todos y aprendamos la lección de la historia. Mi solidaridad con el pueblo haitiano.
El autor es Arquitecto-Planificador Regional, Máster en Administración de Empresas y Máster en RRNN y el Ambiente.
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