Sergio Ramírez

El hombre que inventaba mundos reales

Cuando Eva Duarte se encontró por primera vez con Juan Domingo Perón en Luna Park, la noche del 22 de enero de 1944 en que se daba una función artística de beneficencia por los damnificados del terremoto de San Juan, ella le dijo cuando estuvieron sentados lado a lado: “gracias por existir”. O no se lo dijo nunca para los términos de la historia mezquina que resiente de imaginaciones, porque la frase la inventó Tomás Eloy Martínez, que acaba de morir en Buenos Aires, en su novela Santa Evita. Pero se lo dijo. La historia fue modificada a partir de la novela, igual que los propios personajes de la historia argentina, y de la novela, Juan Domingo Perón y Eva Duarte fueron modificados y ya no serían nunca más los mismos desde que pasaron por las manos de su novelista inevitable. Su creador, su inventor. Su falsario.

Tomás contaba historias en sus novelas y las contaba para sus amigos con la misma calidad seductora. Una de las que más me seguirá cautivando siempre, entre los recuerdos hondos que quedan de nuestras pláticas sin fin, tiene que ver precisamente con esa frase maestra del arte de la seducción, que años después de haber sido publicada en Santa Evita pasó a ser el texto de una manta en una manifestación peronista: “General Perón, gracias por existir”. Tomás protestó que se trataba de una frase suya escrita en una novela suya y puesta en boca de un personaje suyo, pero su intento resultó tan ingenuo como vano, al punto que fue acusado de falsear la historia del peronismo atribuyéndose lo que no le pertenecía, sino a la historia.

La historia, ya tomándose en serio, se apropió no sólo de la frase, sino de toda la novela, y la hizo suya. El novelista dejó de ser el inventor y pasó a ser el cronista, y a lo mejor ni siquiera eso, porque para negar que la Eva Perón que conocemos, tal como la conocemos, sea la invención de una persona, y para negar que las frases célebres que dijo sean también la invención de esa persona, hay que empezar por negar al novelista, y negar su novela. Para que Eva Perón sobreviva, hay que desaparecer a Tomás Eloy Martínez. La criatura sacrifica al creador; pero allí está precisamente su victoria. El personaje sale de las páginas de la novela y se queda en el mundo real.

Eso es lo primero que evoco frente a su muerte, su poder de inventar la historia y hacer que sea la suya, su propia historia inventada, la que pase a ocupar el lugar de la verdad, es decir, de lo que se da por aceptado y ya no podrá ser desmentido, ni sustituido. Los hechos, tal como en verdad ocurrieron, si es que existe una sola verdad para los hechos, ya no importan. Se diluyen, se deshacen víctimas de las imprecisiones, de las contradicciones, de los testimonios fallidos, de los inevitables olvidos, de la vaga sustancia de los cambiantes relatos orales, de la desconfianza que inspiran los documentos oficiales.

Nada de eso es creíble, lo único creíble es la novela, que presenta un cuerpo organizado de mentiras basadas en evidencias suficientes aportadas por el novelista, y que estarán allí para convertirse en la sustancia de lo que verdaderamente ocurrió. Se ha operado un trasiego feliz desde la novela real a la realidad mentirosa. Gracias por existir. Como ocurre con los buenos guiones de cine, que dejan en herencia frases redondas, seguras, y por tanto memorables, así ocurre con la historia que necesita de frases precisas e irrebatibles. Y quien las aporta, ya ven, es el novelista.

En Santa Evita todo es verdad; nadie pone en duda los hechos. Tomás pasó años investigando la vida del general Perón y de su esposa, aprendió todo lo que había que saber de ellos, pero a la hora de construir la verdad de la novela no aprovechó esos materiales ordenándolos, dándoles congruencia, procurándoles un orden cronológico, una tesitura didáctica, sino que los transformó, los falseó, usó lo que le convenía y lo demás fue a dar a la papelera; y de lo que le convenía, todo quedó irreconocible entre el esplendor de la mentira que ahora llena todo el campo de visión y se transforma de manera implacable en lo que verdaderamente ocurrió. Porque la historia es menos atractiva, la pobre, y la novela, que actúa con mayor eficacia que la historia, no admite desafíos en su altivez.

Recordaré a Tomás como el novelista que desafió a la historia y la venció, creando su propia versión triunfante de la Argentina contemporánea, y es así como quisiera que fuera recordado. Hombre de varios oficios, entre ellos principalmente el del periodista implacable colocado del lado del rigor por la relación de los hechos, como en La pasión según Trelew. Qué paradoja. El que reclamó la verdad como consigna a la hora de contar la historia como periodista, niega la verdad, y crea la suya propia, a la hora de contar la historia como novelista.

Pero el periodista, en la vida de Tomás como novelista, no es sino el que proporciona instrumentos a la narración, técnicas, experiencias, estructuras del relato, maneras de contar. Pasó una vida de aprendizaje y experiencias en el periodismo para poder ser novelista. Como periodista, jamás habría podido contar la historia de Eva Perón tal como lo hizo como novelista en Santa Evita, ni la historia del general Perón tal como lo hizo en La novela de Perón. No hubiera sido creíble.

Qué desvarío sería llamar a estas novelas suyas novelas históricas, porque sería atribuirles un molde, el molde rígido de la historia. Para Tomás, dentro de su sentido de totalidad de la mentira, que es una manera de la libertad, primero hay que dinamitar la historia para poder inventar después a campo raso las frases célebres de Eva Perón, los caminos que escogió para su gloria y su fama, sus angustias y veleidades, la pasión de su muerte, la multiplicación folletinesca de su cadáver en copias perfectas, las obsesiones que despierta ese cadáver repetido como en una galería de espejos.

La historia inventada que es ahora la historia verdadera y ya no dejará de serlo.

El autor es escritor. Barranquilla, febrero 2010.

www.sergioramirez.com

COMENTARIOS

  1. freddy
    Hace 17 años

    Espero que no se refiera a Tomas Borge,porque nada de
    eso encaja con ese cavernario del siglo XXI.

  2. Ivette Lara
    Hace 17 años

    Freddy: Aparentemente no ha leído usted el artículo de Sergio Ramírez, o se cree que Tomás solo existe en la Política Nicaraguense, Sergio se refiere a uno de los grandes escritores latinoamericanos, Periodistay ensayista, nacido en Tucumán, Argentina y autor novelas históricas como «El Purgatorio», «La Pasión Según Trelew» «Santa Evita» o «La Novela de Perón», estas dos últimas éxitos literarios traducidos a más de 30 idiomas, y quien falleció el pasado 3 de febrero debido a un tu

  3. Mossad
    Hace 17 años

    Freddy, sos un animal, lee bien, se trata de Tomas Eloy Martinez no de Tomas Borges Martinez

  4. frank
    Hace 17 años

    Tomas Eloy Martínez, novelista e insigne periodista argentino que dijo en sus obras literiarias «mentiras verdaderas» (V. Ensayo de SRM)y convirtió las verdaderas mentiras de la historia (sobre todo la oficial que es funesta, vil e «infame»-el vocablo entrecomillado es a la usanza de J.Luis B…cuidado te equivocás de nuevo Freddy…/)en realidades comunes y corrientes…Gracias Sergio por tu artículo…

  5. NICA MADE IN USA
    Hace 17 años

    Una de cal y otra de arena;esta bien que le de el pesame a la familia de este gran escritor;pero lo que no me gusta de este sergio que siempre anda escondiendo el bulto;solo hace comentarios de cantos de sirena;necesitamos opiniones que levanten el espiritu combativo del pueblo;que denuncien las atrocidades del orteguismo y el pesimo porvenir que nos espera;para mas humberto ortega dio ciertas ideas en contra del bachiburro y su pandilla;espero que la proxima vez no nos salga con caperucita roja

  6. Doug
    Hace 17 años

    Nadie niega las capacidades intelectuales de escritor y politico de este personaje de la literatura nicaraguense Sergio Ramirez Mercado, quien hacia aparecer las mas duras y totalitarias represiones del sandinismo de los 80’s como medidas moderadas y logicas,cuando fue vice-presidente cuando el dictador y caudillo que hoy nos desgobierna fue presidente por vez primera. Es la intelectualidad al servicio del mal, quien hoy se encuentra amparado de una «autoamnistia» por crimenes de lesa humanidad

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