Los políticos en Nicaragua

Para todos los nicaragüenses que de una u otra forma siempre han estado atentos un poco a su impredecible política, habrán notado que siempre al final de cada año nuestros actores políticos tal como si fueran ministros de Dios echan bendiciones y ruegan por el bienestar de Nicaragua.

Posterior a las tramas que cada grupo político lleva a efecto en las vacaciones de fin de año y pocos días después de iniciar cada año, estos señores del Gobierno y la oposición que manejan el país, buscan alguna cámara o medio disponible para hacer sus oraciones y plegarias en nombre de la nación pidiendo que el año iniciado sea mejor que el anterior.

Se les olvida a los políticos de Nicaragua que entre sus oraciones de cierre y comienzo de año, les persigue una interminable y pesada lista de actos que se riñen con sus discursos, actos que en lugar de procurar un mejor país y una sociedad encaminada hacia el bien común más bien se inclinan hacia beneficios personalísimos y partidarios.

Los políticos en Nicaragua viven del erario, por ende además de pedir públicamente en sus mensajes de año nuevo un mejor futuro, interiormente ruegan que ese futuro no incluya el cese de sus cargos.

Entonces habría que preguntarles a estos señores que viven compitiendo por “salvar” a Nicaragua desde la silla presidencial, tratando siempre de vender sus proyectos y estrategias como aquello que todos los nicaragüenses hemos esperado desde tiempos remotos como solución a nuestros problemas nacionales: ¿Cómo lograrían una transparente administración de los fondos públicos? mejor aún, que dentro de sus proyectos le brinden a la ciudadanía una respuesta aceptable o creíble sobre ¿qué garantías reales ofrecen a la nación para prevenir y castigar las prácticas de corrupción? y por último pero no menos importante: ¿Cómo garantizarían transparencia en los poderes del Estado?

Es difícil cumplir a cabalidad todas las promesas de una campaña política, sobre todo en este país que la política es como un caleidoscopio donde las fuerzas políticas constantemente cambian de forma y color utilizando los principales cargos de los poderes del Estado tal como si fuera dinero en un acto de comercio en cada transacción política.

La mayoría de los nicaragüenses creemos en la democracia y eso ha quedado evidenciado con los altos índices de votación en cada elección celebrada desde 1990, lo que cuesta cada día más creer, es quién de los autodenominados salvadores de la nación vaya o no a cumplir con apego su propuesta de gobierno.

En tiempos de tanta incertidumbre y de poca credibilidad en nuestra casta política, tienen ellos el reto y el deber de probar lo contrario, de demostrar a Nicaragua un verdadero liderazgo capaz de aprovechar los errores del gobierno de turno y de capitalizarlos a favor del país. Mientras que por parte de la ciudadanía la obligación radica en saber valorar maduramente las propuestas de Gobierno y más aún saber identificar a quien las hace tomando en cuenta su trayectoria e historia en la política nacional.

Para la mayoría de los políticos tanto del Gobierno como de oposición, probablemente todo lo anterior parezca nimiedad, sepamos entonces todos los nicaragüenses que quedaremos condenados a seguir escuchando de nuestros honorabilísimos políticos sus rayadas y gastadas oraciones de comienzo y fin de año.

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