Caudillos anacrónicos

Fran Espinoza


Se entiende como caudillo a una persona que ejerce el liderazgo en los terrenos político y militar, alguien que está al frente de un régimen de poder concentrado y se le asocia con ideas negativas de autoritarismo y falta de libertades. El caudillismo por lo tanto sería un sistema de mando autoritario donde el caudillo acumula buena cantidad de populismo, culto a la personalidad, demagogia y últimamente se puede observar que existe una estrecha relación entre el caudillo y el anacronismo.

Se entiende el anacronismo como la falta de adecuación que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde. Tanto la academia como la política nos enseñan que existe un doble ejercicio, que supone desaprender y reaprender, lo cual resulta sumamente importante para que seamos capaces de conectar las ideas con las realidades, quienes no logran superarlo terminan convirtiéndose en excelentes anacrónicos.

Para los que hemos venido siguiendo la involución en la política latinoamericana nos resulta fácil ponerle rostro a los mejores representantes de este término, sencillamente porque hemos escuchado que sus clásicos discursos revolucionarios se quedaron atrapados en el tiempo, a simple vista eso no supone ningún peligro para los países latinoamericanos, pero en realidad suele ser una de las herramientas más efectivas que son utilizadas para perpetuarse en el poder y eliminar cualquier intento democrático que pueda poner en peligro su permanencia en el poder.

Sus discursos anacrónicos suelen ir acompañados de constante provocación, suelen sentirse representante de los pobres, y a todo aquél que no piensa como él se le tildarán de imperialista y automáticamente pasará a formar parte de sus enemigos a los que habrá que eliminar inmediatamente. Sus estrategias se podrían dividir en tres, primero hacen uso de vocablos que son desconocidos para la mayoría de la población, en segundo lugar, privan de todo tipo de libertades a la sociedad y en tercer lugar amenazan con “tomar las armas” en nombre de la paz.

Uno de esos caudillos que no han logrado superar el doble ejercicio de desaprender y reaprender, comenzó a tildar en el año 2008, de “godarria” a todo aquél que no estaba de acuerdo con su propuesta “integracionista”. ¿Acaso no es anacronismo usar la palabra godarria, que se utilizaba en los siglos XVII y XIX en Venezuela para descalificar a los sectores más ricos que pertenecían a las viejas oligarquías? Por supuesto que lo es, porque en el siglo XIX no había empresarios, lo que existía era la aristocracia agrícola, poseedores de haciendas y hatos.

Otros caudillos anacrónicos, aprendieron tanto a nivel teórico como práctico las diferentes tácticas guerrilleras para descalificar y amenazar haciendo uso del vandalismo organizado para sembrar el terror en todo un país, privándoles de esta manera cualquier tipo de expresión que pueda dañar la imagen del mesiánico, lo que al final termina convirtiéndose en dictadura familiar de las que abundan en esta tierra, donde la historia se repetirá una vez más y dejará como resultado las peores violaciones de los derechos humanos.

La mayor ironía de los caudillos es sentirse la Madre Teresa y el Che Guevara en la misma persona, generalmente usan la pobreza como su mayor bandera, en vez de poner en marcha programas de desarrollo sostenibles e implementar políticas de inclusión social se limitan a paliar el hambre y la miseria con platos de comida, generando así una interminable espiral de dependencia y miseria humana, al mismo tiempo que repiten el incansable discurso revolucionario.

Como escribió Ismael Serrano en Somos , hay quien nos dice que no es tiempo para hablar de la utopía, ni de revoluciones, que es un anacronismo cantarle a la trova, nombrar a Guevara y mientras golpean tu fe y tu futuro en su fragua. El caudillismo es un mal que no tiene cura, por eso es necesario eliminarlo con la democracia.

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