El candidato presidencial chileno de centro derecha, Sebastián Piñera, triunfó sobre el candidato de la coalición gubernamental de centro izquierda, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, con 4 puntos de diferencia. Ni siquiera la campaña sucia a la que sorprendentemente recurrió Frei en la etapa final de su ofensiva electoral, lo pudo salvar de la derrota. Todavía el domingo recién pasado, después de depositar su voto Frei descalificó mal intencionadamente la propuesta fundamental de campaña de Piñera, de promover el cambio para mejorar a Chile, diciendo: “Nos han hablado mucho de los cambios (pero) ya tuvieron 17 años ”
De esa manera Frei quiso identificar al candidato de la derecha democrática con la dictadura militar del general Augusto Pinochet, obviando maliciosamente que Sebastián Piñera no sólo apoyó abiertamente el referendo de 1989 que rechazó al dictador, sino que fue uno de los principales contribuyentes financieros a la campaña de aquella consulta popular que abrió el camino a la nueva democracia chilena. Además, Frei “olvidó” que su mismo Partido Demócrata Cristiano, el cual en 1970 había aprobado con sus votos en el Congreso la designación de Salvador Allende como presidente de Chile, en 1973 respaldó el golpe militar de Pinochet. Por eso, después de las maliciosas declaraciones de Frei el domingo pasado, la revista electrónica conservadora Semanario Atlántico (Atlantic Weekly) facilitó el vínculo de acceso a una fotografía en la que el ahora derrotado candidato presidencial de la izquierda, aparece con una copa de vino en la mano, en amistosa compañía con el dictador militar Augusto Pinochet.
Sin embargo, con sus mismas palabras Frei reconoció anticipadamente que la arrogancia gubernamental de la izquierda, tras veinte años en el poder podía ser una de las causas principales de su derrota: “Con tremenda sinceridad quiero decir que si nos dan su confianza, Chile va a ser mañana un país sin arrogancia ”, prometió Frei a última hora, después de depositar su voto, pero ya el veredicto popular había sido dictado. Y es que, como reportó desde Santiago de Chile el periodista Gonzalo Cáceres, enviado especial de la televisión alemana internacional Deutsche Welle, durante tanto tiempo en el poder la izquierda se llenó de arrogancia y se contaminó de corrupción, salvando a la presidenta Bachelet que por su conducta honorable termina su período con una gran popularidad personal.
Pero eso ya es historia. Según analistas políticos de Chile que conocen muy bien la realidad de su país, el triunfo electoral de la derecha democrática y personalmente de Sebastián Piñera, es una confirmación de que la mayoría del electorado chileno quiere cambio y continuismo al mismo tiempo, lo que ha demostrado a lo largo de los últimos veinte años. En realidad, el domingo recién pasado los chilenos votaron mayoritariamente por el cambio político en el Gobierno que facilite un crecimiento más dinámico de la economía y de la generación de riqueza material, pero dándole continuidad a las políticas y reformas sociales que la concertación de centro izquierda impulsó durante sus cuatro gobiernos consecutivos, desde 1990 hasta ahora, a lo cual está comprometido la derecha democrática.
Aseguran los analistas que ya la derrota electoral de la derecha, hace veinte años, demostró que el pueblo de Chile quería la continuidad de la economía capitalista de libre mercado —que la dictadura militar había fomentado—, combinada con las nuevas políticas de derechos humanos y reformas sociales que propuso la izquierda democrática para ganar la elección de 1990 y sucesivamente los comicios de los años 1994, 2000 y 2006.
Por otra parte, la principal lección democrática que ha dado la elección presidencial chilena del domingo pasado, es que a la izquierda no se le quita del gobierno porque hiciera mal las cosas, sino porque el nuevo gobierno de derecha puede y debe hacerlas mejor, porque el progreso debe ir de la mano con el cambio y porque la alternancia en el poder es un elemento indispensable de la genuina democracia.
Mientras que aquí, en Nicaragua, la izquierda autoritaria que desgobierna el país amenaza descaradamente con que hará lo que sea y pagará cualquier precio, con tal de no entregar nunca más el poder. Pero eso es lo que creen. La verdad es que los pueblos siempre terminan escribiendo la historia de manera muy distinta a como quieren sus opresores.
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