Si el maná hubiera sido como la soya, los seguidores de Moisés probablemente habrían tardado más tiempo en aburrirse de comer lo mismo cada día.
Uno de los secretos de la soya es que puede convertirse casi en cualquier tipo de alimento, desde una pasta, hasta una torta, carne o incluso tofu.
Pero además, tiene un valor nutritivo tan alto que consumirla puede sacar de la desnutrición a cualquier persona.
Quizá por eso es que una aventura que inició hace 30 años con 25 kilogramos de soya introducidos a Nicaragua desde México, se convirtió en una cultura de alimentación en algunos departamentos del país, y hoy es vista como una alternativa a la seguridad alimentaria.
Aquella aventura de una mujer belga en Nicaragua se convirtió en Soynica, una organización dedicada a promover la buena nutrición en las familias nicaragüenses, a través de las amas de casa.
Luci Morren llegó el 4 de noviembre de 1979 con cinco acompañantes procedentes de México, para promover el consumo de soya en Nicaragua, por las características únicas de este grano, parecido al frijol.
El proyecto emprendido por Morren llegó al punto que ahora la soya es un grano más en el mercado.
Aquel proyecto se conoce hoy como Soynica, Asociación de Soya de Nicaragua.
“Somos reconocidas por el trabajo en nutrición, con familias de escasos recursos de Nueva Segovia, Madriz y Managua”, expresó Gabriela Martínez, vicepresidenta de Soynica.
Sin embargo, Morren añadió que la soya “ya no es vista como una comida de pobres, comida de chanchos, ahora está industrializada por Café Soluble y la gente se siente bien al comprarla”, comentó Morren.
“La idea es acompañar a la familia en cómo mejorar su alimentación con los recursos que tiene, cómo mejorar sus prácticas alimentarias, qué alimentos debe consumir, qué valores nutritivos tienen estos alimentos y qué productos no deben consumir, los no nutritivos y dañinos para la salud”, explicó Martínez.
Soynica además tiene un proyecto de estimulación temprana, en donde las madres aprenden cómo alimentar a sus hijos y cómo estimular el desarrollo de su cerebro, dijo Martínez.
Los consejos sobre alimentación giran alrededor del costo y el tipo de los alimentos, ya que éstos deben ser baratos y con alto valor nutritivo.
El precio es importante porque Soynica trabaja con mujeres de escasos recursos económicos, pero lo barato no es sinónimo de poca calidad, pues estimula el consumo de soya, extracto foliar y lactancia materna.
La soya es barata, pero también valiosa, por su alto contenido de proteínas, calcio, hierro, vitaminas, complejo B, y además, se puede convertir en cualquier alimento y hasta combinar con carnes roja o blanca.
“También estimulamos a las familias sobre lo importante que es consumir frutas, verduras, ensaladas, que son prácticas que se han ido perdiendo y nosotros, como Soynica queremos rescatar su consumo”, aseguró Martínez.
CON PORRAS Y PIEDRAS
Soynica es un proyecto que se levantó casi de la nada dos veces, para luego surgir como el ave fénix, literalmente del fuego.
Según Cristina Vado, una de las primeras colaboradoras de Morren, iniciaron cocinando la soya en tres piedras y una porra al fuego, ya que en Nicaragua no se conocía.
Antes de iniciar, el proyecto casi se cancela porque en México pensaban que en Nicaragua abundaba la soya por referencia de la Embajada del país en México, pero lo que había de sobra era sorgo, tan parecido a la soya como el arroz con los frijoles.
Pero todo fue salvado gracias a los 25 kilogramos introducidos al país, aunque estuvo en peligro cuando Morren quedó sola. Sin embargo esto se logró gracias a su dedicación religiosa y a sus conocimientos en Economía del Hogar y Dietista.
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