Jorge Salaverry

Los malabarismos de Mundo y del MRS

Edmundo “Mundo” Jarquín dice que Daniel Ortega está feliz porque Manuel Zelaya no fue restituido a la Presidencia de Honduras. ¿Ah, si? Pues no lo creo. Lo que sí creo es que a Jarquín y a sus compañeros del MRS el fracaso de Zelaya los ha entristecido, porque, al igual que Ortega y Hugo Chávez, estuvieron siempre a favor de su retorno al poder.

El mismo 28 de junio pasado, el MRS emitió un comunicado en el que condenaba “el golpe de Estado militar” y pedía la restitución del depuesto presidente. Dos días después, Sergio Ramírez denunció un supuesto “regreso a la caverna”, y, sin conocer ni tomar en cuenta lo establecido en la Constitución hondureña, dijo que Zelaya había sido depuesto de manera “ilegal”. A principios de octubre, en la Universidad de Costa Rica, Dora María Téllez junto con Rigoberta Menchú lanzó un duro ataque contra las instituciones hondureñas, acusándolas de golpistas mientras le daba “las gracias” a los zelayistas, que por ese entonces marchaban en Tegucigalpa vandalizando la propiedad pública y privada.

Ahora le ha tocado a Mundo Jarquín hacer malabares dialécticos para intentar quedar bien con Dios y con el diablo. En su escrito semanal del 5 de diciembre señaló que en Honduras “ganó y perdió la democracia”. Perdió, según él, porque, entre otras cosas, “ahí hubo el 28 de junio un golpe de Estado inocultable”. Sin embargo, un estudio serio y a profundidad que hizo el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos, publicado por la Biblioteca del Congreso, determinó justo lo contrario: que no hubo golpe de Estado alguno.

Pero como para enredar más las cosas, el ex candidato a la Presidencia de la República por el MRS señala que ganó la democracia —¡agárrense!— “porque nunca había habido un activismo tan amplio, plural e intenso de la comunidad internacional, en defensa de la democracia en un determinado país”. No, Mundo; es todo lo contrario. Lo que nunca antes había habido es un ataque tan amplio, plural, intenso, cruel, desvergonzado e injusto de la llamada comunidad internacional, en contra de un pequeño país que, con la autoridad de su Constitución y de sus instituciones, y dirigido con inteligencia y firmeza por sus líderes políticos, luchó para evitar caer en una dictadura chavista. Por fortuna resistió el ataque y ganó. Somos muchos los nicaragüenses que vemos con admiración la lección de dignidad y de amor a la libertad que nuestros hermanos hondureños dieron al mundo.

Sin embargo, para Mundo y sus compas existe un “carácter supranacional de los derechos democráticos” que, por lo visto, en el caso de Honduras debió entenderse como que los catrachos tenían que haber ignorado su Constitución y rendirse a los dictados de la OEA y de la ONU, es decir, de José Miguel Insulza y del siniestro Miguel D’Escoto, o lo que es lo mismo, de Hugo Chávez.

Paso a otro asunto. En un escrito anterior, del 28 de noviembre, Jarquín afirmó: “El problema central de Nicaragua hoy no es entre derecha e izquierda, ni tampoco de sandinismo-antisandinismo”. Y añade: “El problema es entre dictadura y democracia”.

Ése es sin duda un juego de palabras muy hábil que contiene una media verdad, pero que, como todas las medias verdades, también encierra una gran falsedad. La falsedad es la insistente pretensión de Jarquín de querer separar al sandinismo de la idea de dictadura. No obstante, es un hecho fácilmente comprobable que el sandinismo en la práctica es dictadura, y, por lo tanto, la próxima contienda electoral deberá plantearse con claridad meridiana en términos de democracia y libertad versus sandinismo, puesto que es la única fuerza política que encarna esa terrible amenaza.

En ese mismo escrito Jarquín también califica de “festinadas” e “impertinentes” las opiniones de “algunos alejados de lo que son las sensibilidades actuales de los nicaragüenses”, como queriendo negar conocimiento y capacidad de empatía a los que de momento estamos fuera del país. No sé en quién o quiénes pensaría él cuando escribió eso, pero puedo asegurarle a Mundo que habemos muchos nicaragüenses que vivimos pendientes y muy bien informados de todo lo que acontece en Nicaragua y, sobre todo, muy atentos a las jugadas de los que pretenden darnos atol con el dedo.

Reafirmo lo que expresé en mi artículo “¿Cuál sandinismo bueno?” (LA PRENSA 26-11-09): Si los líderes del MRS quieren ayudar a impedir la consolidación de la dictadura de Ortega y del Frente Sandinista, bienvenidos sean. Pero muchachos, ¿no creen ustedes que un poquito de mea culpa haría que sonaran más sinceros y creíbles? Piénsenlo.

El autor fue Embajador de Nicaragua en España

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