La celebración de la Inmaculada Concepción de María —la Purísima— con sus cantos tradicionales, los lindos altares y el olor a madroño e incienso, es nuestra fiesta más querida. Nuestra tradición más grande. La que nos caracteriza, identifica y une a los nicaragüenses aquí y en todo el mundo. Días de alegría como un oasis en medio del desierto. Días de gozosa celebración en medio de nuestros problemas. Días de paz en medio de tantos conflictos. Celebramos la Purísima que culmina con la Gritería de hoy 7 de diciembre iniciando esta época que comprende también la Navidad y el Año Nuevo, que es la época más bonita del año y refresca nuestras vidas agitadas por las tormentas políticas y las dificultades económicas. La fe de los creyentes se renueva y si algunas hojas del árbol de la esperanza empezaban a marchitarse, el árbol rejuvenece y vuelve a florecer.
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Teniendo en Nicaragua festividades tradicionales tan lindas como la Purísima, es lamentable que nos invadan otras celebraciones ajenas a nuestra cultura, a nuestra religiosidad y a nuestra historia. Por ejemplo “Halloween o Noche de Brujas”, que es una fiesta pagana con raíces en la brujería y el satanismo, celebrada principalmente en Estados Unidos en la noche del 31 de octubre. Tiene origen en la festividad celta del Samhain, cuando los celtas creían que los espíritus lograban contactar a los humanos. Esa noche los niños disfrazados de brujas, espantos, monstruos, cadáveres, etc., salen a recoger dulces por las casas. ¿Qué bien nos hace celebrar nosotros la “Noche de Brujas”? ¡Ninguno! Los cristianos más bien debemos alejarnos de todo lo que sea contacto con el satanismo, por inocente que parezca. Lejos de importar costumbres innecesarias y dañinas, muchos de nuestros compatriotas que residen fuera hacen muy bien en llevar a todas partes la festividad de la Purísima, donde la generosidad se expresa compartiendo dulces y otras golosinas no sólo con los niños, sino también con los adultos.
En Estados Unidos celebran el cuarto jueves de noviembre “Thanksgiven Day o Día de Acción de Gracias” conmemorando la llegada de los primeros colonizadores ingleses a ese país. Está bien que los descendientes de los ingleses celebren su llegada a esas tierras y que cada año den gracias por ello y por otros favores recibidos. Pero, ¿qué tenemos que ver los nicas herederos de los indios y de los españoles con los colonos ingleses? ¡Nada! Pero tristemente nuestras tradicionales navidades con los bellos nacimientos, las posadas, las pastorelas, los novenarios al Niño Dios han sido sustituidos por fiestas ajenas a nosotros como “Thanksgiven Day”. Peor todavía, el Niño Dios ha sido opacado, ocultado, sustituido por Santa Claus. En la Navidad celebramos que Dios se hizo Hombre por amor a nosotros, pero ahora pareciera más la fiesta de Santa Claus que la fiesta del niño Jesús nacido en el pesebre. El cumpleaños de Cristo lo convertimos en una fiesta comercial donde el centro es Santa Claus rodeado de nieve… ¡que nada tiene que ver ni siquiera con nuestro clima! ¡Ridículo!
Es hora de tomar conciencia de nuestras raíces históricas y culturales indígenas y españolas y realzar nuestras festividades y costumbres propias, que son tan lindas, negándonos a adoptar y menos aún sustituirlas por costumbres importadas de otras regiones del mundo que para nosotros no tienen ningún significado y más bien algunas de ellas son dañinas. Pero principalmente los creyentes debemos destacar el significado cristiano de la Navidad y colocar al niño Jesús en el centro de nuestras celebraciones de diciembre. Ese Niño Dios que cada año nace de nuevo para traer a nuestras vidas fatigadas de problemas y preocupaciones, la renovada alegría que nos da nuestra fe en ese Dios que nos ama al punto de nacer como Hombre, igual que nosotros, para darnos la salvación. Ese Niño Dios que fortalece nuestra esperanza en un futuro mejor en medio de un mundo lleno de nubarrones.
Debemos empeñarnos en que este sea el espíritu con que celebremos nuestra Purísima y con ella prepararnos para celebrar como auténticos nicas y como verdaderos cristianos la fiesta de la Navidad, descontaminándonos de festividades paganas y de tradiciones ajenas a nuestras hermosas y bellas tradiciones que son parte del orgullo de poder decir “soy puro pinolero, nicaragüense por Gracia de Dios”.
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