La cúrcuma es una raíz cultivada de Nicaragua y posee un sabor que evoca naranja y jengibre. El uso más conocido es como un ingrediente predominante en los currys y los textiles; la cúrcuma les da a ambos un color amarillo intenso.
En la medicina del medio oriente, la cúrcuma es apreciada como un anti-inflamatorio potente, habiendo sido expuesta en un gran número de estudios por tener efectos anti-inflamatorios como aquellos de “motrin”, pero la cúrcuma no produce ninguna toxicidad.
Como antioxidante, la cúrcuma puede neutralizar algunos de los radicales libres, lo cual es importante en varias enfermedades como la artritis, donde los radicales libres son responsables de la inflamación y el dolor en las articulaciones. De hecho, la cúrcuma produjo efectos comparables con la droga ‘phenylbutazone’, al mejorar síntomas de la reuma articular.
Por eso, gente afectada con artritis puede sentirse mejor al tomar la cúrcuma, entre otras especies. Un nuevo estudio mostró un efecto adicional de la cúrcuma, lo cual es matar las células cancerosas del esófago. Dichas células son defectuosas y se han convertido en células cancerosas.
En el laboratorio, la cúrcuma tuvo el efecto de matar a las células a las 24 horas de ser expuestas a la especie. Pues, eso fue nada más que células, no en el sistema entero, ni en el esófago, pero los resultados sugieren un rol terapéutico potencial de la cúrcuma en el cáncer del esófago, el cual se presenta más en gente obesa, que toman mucho alcohol y/o quienes tienen acidez estomacal.
Y un plus más: la cúrcuma combina bien con el ajo y la cebolla, nuestros asuntos en las dos columnas anteriores.
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