- Cabrera brinda
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En un año, Everth Cabrera ha pasado de ser un muchacho esforzado a orgullo nacional.
Al menos eso es lo que vemos desde fuera, pero por dentro hay un joven luchador que ha tenido el corazón y las agallas en el lugar correcto, que ha sido tenaz y que, como él explica, ha encontrado en cada obstáculo una razón adicional para crecer.
Cabrera cerró el 2008 en Clase A media con los Turistas de Ashville, y aunque acumuló promedio de .284, con 73 robos y 136 hits, jamás imaginó que un año después iba a estar en Grandes Ligas, convertido en el torpedero titular de los Padres de San Diego y en un ejemplo de determinación para este país, donde la mayoría desiste rápido.
“Me he encontrado con muchos ‘no’ en mi vida, pero los he utilizado para motivarme. Nada ha sido fácil, pero la convicción de alcanzar mis metas me ha mantenido en pie, aun en medio de los tropiezos”, dice Cabrera mientras interactúa en una mesa redonda, organizada por la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua (ACDN).
Cabrera sorprendió al país cuando, vía Regla V, fue seleccionado por los Padres desde las granjas de los Rockies, hizo el grado en el equipo de las Grandes Ligas y, más tarde, se convirtió en el paracorto regular del club californiano, mientras nos hacía saltar de una emoción a otra a lo largo de la temporada.
“Cuando salí de Nandaime vine a Managua y llegué a la academia de Denis Martínez y me dijeron que no tenía futuro. Luego me vieron varias organizaciones y a ninguna les gusté, pero no me rendí. Incluso, cuando Colorado me vio, no quedó convencido, pero Álvaro Rubí me dijo que había otra prueba y me llegué a meter”, dice.
Los Rockies lo invitaron a República Dominicana y tras varios días viéndolo, le ofrecieron tres mil dólares. Cabrera regateó y subieron a cinco mil. Firmó. Y tras dos años en ese país caribeño, más tres en Estados Unidos, saltó a Grandes Ligas y desde entonces vive un sueño del que no desea despertar.
“Recuerdo que el mánager Buddy Black me dijo que había hecho el equipo. Eso me emocionó. Y agregó que jugaría dos veces por semana. Yo sólo me dije: ‘Éste está loco, aquí voy a jugar diario’. Y lo hice. Sólo la lesión me lo impidió, pero cuando volví, lo hice durante 96 juegos consecutivos”, dice sin alardear.
Cuando se le consultó por qué muchos nicas se quedan en el camino hacia las Mayores, dijo que para tener éxito hay que dejarse de excusas y trabajar.
“En el beisbol no hay que tener excusas. Las excusas son para los cobardes. Yo he visto jugadores llorones que dicen que se ponchan porque tenían el sol de frente, que porque llovió, que porque está frío. Para llegar a las Mayores hay que tener el corazón bien puesto”, remató el nandaimeño.