Uribe y la trampa de la reelección

La Cámara de Diputados de Colombia aprobó el miércoles de la semana pasada, la convocatoria a un plebiscito para decidir si se vuelve a reformar la Constitución a fin de permitirle al presidente Álvaro Uribe presentarse como candidato a una segunda reelección. Ahora falta que la Corte Constitucional certifique la transparencia del trámite legislativo, para lo cual tiene de plazo hasta principios de diciembre próximo. Sin embargo se espera que la Corte apruebe la certificación lo más pronto posible, ya que el plebiscito tendría que realizarse antes de las elecciones legislativas programadas para marzo del siguiente año.

Pero más que los aspectos legales y técnicos, lo que importa es la significación política de una probable segunda reelección del presidente Uribe, en los comicios presidenciales del 17 de mayo de 2010. Uribe todavía no ha dicho públicamente que va a presentarse para una segunda reelección. Pero tampoco ha dicho que no. En cambio ha pretendido ser enigmático en este caso, al decir que está en “una encrucijada del alma”, o sea que enfrenta el dilema de aspirar o no a la reelección. Y cabe señalar que en caso de presentarse Uribe en el 2010, es muy probable que gane una tercera elección presidencial, ya que por los rotundos éxitos de su política económica y social y en la lucha gubernamental contra las bandas narcoterroristas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el primer mandatario colombiano cuenta con el respaldo del 68 por ciento de la población de todo el país.

Ahora bien, el problema de una posible segunda reelección del presidente Uribe no es porque le falte apoyo popular, ni porque pretenda reelegirse mediante un fraude descarado o maniobras fraudulentas encubiertas, como han hecho los gobernantes autoritarios del Alba y pretende hacerlo Daniel Ortega en Nicaragua. El problema radica en que la reelección de Uribe en Colombia le podría causar un grave daño, tal vez hasta irreparable, a la democracia colombiana, así como también a la lucha que las personas democráticas de todas partes de América Latina, están librando contra el reeleccionismo que es el medio principal que están utilizando ahora los caudillos populistas y gobernantes dictatoriales, para perpetuarse en el poder, suprimir o limitar la libertad y erradicar o desvirtuar las instituciones democráticas.

Cabe tomar nota de que los partidos opositores y detractores colombianos de la posible segunda reelección del presidente Uribe, han denunciado públicamente que los votos parlamentarios para aprobar la convocatoria al plebiscito y la reforma constitucional, fueron obtenidos mediante presiones, halagos y sobornos gubernamentales. Pero nadie ha mostrado pruebas de que eso haya sucedido, así como no fueron mostradas en 2002, cuando se aprobó la reforma constitucional que permitió la primera reelección de Uribe y se hicieron iguales denuncias públicas.

En todo caso, lo que más preocupa es que el reeleccionismo de Uribe le hace un grave daño a la democracia colombiana y le da justificación a los gobernantes del Alba, es decir, a Chávez, Ortega, Morales, Correa, Castro y hasta al depuesto Manuel Zelaya en Honduras, que con parecidos argumentos políticos a los que se esgrimen para justificar la reelección de Uribe, se han reelegido o quieren reelegirse para imponer o consolidar sus regímenes autoritarios. “Toda comparación es odiosa —ha dicho al respecto el Ministro del Interior de Colombia, Fabio Valencia—. Una cosa es la realidad colombiana y otra cosa es la realidad venezolana”. Formalmente tiene razón el ministro colombiano, pues no es lo mismo reelegirse o imponer la reelección mediante el fraude, el soborno y la represión, que lograrlo mediante el voto popular mayoritario en elecciones democráticas libres y limpias.

Pero reelección es reelección y en cualquier caso viola el principio esencialmente democrático de la alternabilidad en el poder. Además, provoca recelos y desconfianzas en las fuerzas democráticas colombianas y desacredita la causa de los demócratas en otros países, como Nicaragua, que luchan contra el reeleccionismo fraudulento y autoritario de los caudillos y neodictadores contemporáneos.

“Dos períodos son suficientes”, advirtió en el mes de julio pasado el cardenal arzobispo de Bogotá, Pedro Rubiano, quien hasta ahora ha apoyado ampliamente al presidente Uribe pero es obvio que se opone a su segunda reelección. Y tiene razón el prelado colombiano. Para garantizar y defender la libertad y la democracia no existen personas imprescindibles, por muy populares y eficientes que sean algunas.

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