- En Juigalpa, candidato del PLC-VCE ganó elecciones a su ex profesora, pero organismo proclamó lo contrario
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A Augusto Ayala no le sorprendieron los resultados electorales que el Consejo Supremo Electoral (CSE) publicó el 14 de noviembre del año pasado, en el campo pagado de un diario nacional.
“Iba para Managua y pasé comprando el periódico en una gasolinera, busqué la página donde publicaban los resultados y a mí no me impactó lo que vi: ya sabíamos que nos estaban robando la Alcaldía”, dice Ayala siete meses después, cuando para él, su familia, su equipo de campaña, los 11 mil 31 juigalpinos que votaron por él y más aún para los 3 mil 899 de éstos que no saben qué hizo el CSE con su voto, el fraude cometido allí está latente.
Además, Juigalpa no fue el único municipio de Chontales donde se violentó la voluntad popular, pues según el informe de observación de Ética y Transparencia (EyT), también hubo “maniobras fraudulentas” en Santo Tomás, San Francisco de Cuapa y La Libertad.
EN ONCE DÍAS, AYALA PASÓ DE ALCALDE A CONCEJAL
La tarde del 10 de noviembre, mientras los reclamos por el fraude ya ardían literalmente en Managua, el magistrado presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), Roberto Rivas Reyes, leía el tercero de los informes con los resultados provisionales de las elecciones que el domingo 9 de noviembre se habían realizado en 146 de los 153 municipios del país.
“Juigalpa, con el cien por ciento de las JRV escrutadas: 52.41 por ciento para el PLC; 44.89 por ciento el FSLN; 1.48 por ciento, PRN; 1.06 por ciento, ALN; 0.16 por ciento AC…”, dijo Rivas. Pero tres días después los resultados fueron alterados.
La resolución del 13 de noviembre, firmada a las 5:00 de la tarde en Managua, fue publicada en un campo pagado de El Nuevo Diario la mañana siguiente, con los “resultados provisionales” de las elecciones de alcalde, vicealcalde y concejales de Chontales, Chinandega, Nueva Segovia, Estelí, Rivas, Río San Juan, Madriz, Carazo, León y Matagalpa.
Sin embargo, en esa publicación el CSE ya no reconocía la victoria de Ayala y le cedía la Alcaldía a la candidata orteguista, Elena Guerra, premiada antes como la mejor maestra de secundaria a nivel nacional.
Según el CSE, con 8 mil 466 votos, Guerra era la nueva Alcalde de Juigalpa, que continuaría el gobierno sandinista en esa localidad por un tercer período consecutivo. Mientras, Ayala sería concejal con 7 mil 132 votos, es decir, 3 mil 899 votos de los que realmente obtuvo.
Ese 13 de noviembre, Ayala llegó a Managua para continuar la presentación de recursos de revisión que ya había mostrado sin éxito ante el Consejo Electoral Municipal (CEM) y el Departamental (CED).
“Nosotros habíamos esperado a nuestros fiscales en la casa municipal del PLC, detrás de la Catedral de Juigalpa, que después destruyeron las turbas del Frente Sandinista. Nuestros fiscales ya habían detectado varias irregularidades en diferentes Juntas Receptoras de Votos”, recuerda Ayala.
Desde su taller de mecánica en Juigalpa, Ayala, de 45 años, cuenta sin embargo que las esperanzas de que sus reclamos fueran atendidos por el CSE eran nulas, pues el delegado departamental del tribunal, Hernán Martínez, “no era imparcial”.
“Hernán había competido conmigo en las elecciones internas de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y perdió. Él tenía esa riña conmigo”, dice Ayala y, por si fuera poco, agrega que el fiscal departamental del FSLN, Julio Abaunza Flores, es primo hermano de Martínez.
NI SU JRV SE ESCAPÓ
Para legalizar el fraude electoral en Juigalpa, el CSE anuló 29 JRV, entre las que ni siquiera escapó la JRV 0220 del Instituto Eloísa Sandoval, donde había votado Ayala. Según el ex candidato, en ese centro funcionaron cuatro mesas electorales, de las cuales el CSE anuló tres.
Ayala no duda que el oficialista Frente Sandinista tenía un interés particular en la Alcaldía de Juigalpa, por ser esta la cabecera municipal de Chontales donde había ganado en los últimos dos períodos. “Evidentemente existía la posibilidad de que a los políticos locales se les iba a pasar la cuenta si perdían la cabecera municipal”, analiza.
Por eso tampoco pone en duda la carta que Nancys Lizeth Céspedes Rivera, mejor conocida en Juigalpa como “la Manuelita”, dirigió el 19 de diciembre pasado al presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, revelando cómo se esforzó por alterar códigos de boletas electorales, trasladar éstas de una Junta a otra, ingresar hasta 31 impugnaciones del Frente Sandinista y rechazar las de la Alianza PLC y desaparecer las actas de escrutinio originales, donde ganaba la oposición.
Tampoco lo hace de la otra carta de Ariel Armengol Bonilla Zapata, quien también relata al matrimonio presidencial su desvelo por garantizar el fraude, y como prueba de esos intereses Ayala subraya la casa y depósito en cuenta de ahorro que pedía “la Manuelita” y el nombramiento como juez local que quería Bonilla Zapata.
Antes de que el CSE alterara “descaradamente” los resultados electorales, Ayala alcanzó a celebrar su victoria la noche del lunes 10 de noviembre, pero como prueba de la furia orteguista “por defender lo robado” fueron testigos de cómo dos horas después era destruida la casa municipal del PLC, por una turba que lideró el vicealcalde impuesto por el CSE, Benedicto Miranda.
“Pero nosotros no damos el fraude por concluido (…) para nosotros este robo no tiene caducidad”, dice Ayala.
“En el momento que sea nosotros podemos demostrar cómo ocurrió este fraude. Si el magistrado Roberto Rivas no coteja las actas es porque sabe que no las tiene, sabe que ‘la Manuelita’ se las robó, pero este robo no tiene caducidad, repito, nosotros vamos a seguir denunciando el fraude y reclamando nuestro derecho, la voluntad del pueblo que fue violentada sin ninguna vergüenza”, reclama.
Ayala recuerda que la profesora Guerra fue su maestra de español en segundo año de secundaria y agrega que “para mí esta es la historia del alumno que le ganó las elecciones a la maestra, pero que el partido de ella, el Frente Sandinista, se robó. Es que ni con la mejor profesora de Juigalpa, el Frente Sandinista nos pudo ganar, por eso nos robaron y eso lo podemos demostrar cuando quieran”.