La noticia sobre el escandaloso gasto personal —a cuenta del presupuesto nacional de Venezuela— del presidente Hugo Chávez, que fue publicada el sábado anterior en El Nuevo Herald, de Miami, y reproducida por LA PRENSA el domingo pasado, sin duda que es más impactante que la del encarcelamiento del general retirado Raúl Baduel, antiguo compañero de armas y de aventuras de Chávez ahora convertido en su férreo opositor.
En realidad, la información sobre los gastos personales en este año del presidente Hugo Chávez incluidos en el presupuesto público venezolano, de 250 mil dólares en trajes, 28 mil dólares en zapatos, 230 mil dólares en perfumes, 380 mil dólares en lavandería y tintorería, 1.9 millones de dólares en comidas y bebidas, etc., etc., parece una grotesca versión tropical de los cuentos sobre sultanes y príncipes orientales de Las Mil y Una Noches. Pero la verdad es que siempre se ha sabido que los caudillos revolucionarios, socialistas o comunistas han sido desmedidamente corruptos y, al mismo tiempo, consumados farsantes que predican austeridad y obligan a la gente que dominan a vivir en la extrema pobreza, mientras ellos, sus familiares y camaradas de la cúpula del poder, se dan la gran vida a expensas de los recursos económicos del Estado y de la explotación y la miseria de sus pueblos. En todo caso, lo sorprendente no es que esos caudillos revolucionarios y socialistas sean corruptos y farsantes —iguales o peores que los más corruptos políticos derechistas a los que atacan con ferocidad verbal—, sino la gran cantidad de ingenuos que creen sus mentirosas prédicas de austeridad socialista.
Sin embargo, tan importante como la información sobre el derroche, los lujos principescos a expensas del Estado, la corrupción y la falacia de Hugo Chávez, es también la noticia del encarcelamiento del general retirado Raúl Baduel, que por cierto no es un hecho aislado, sino parte de una represión generalizada que la dictadura de Venezuela ha desatado contra la oposición, particularmente en perjuicio de sus principales exponentes personales como el general Baduel y el alcalde de Maracaibo, Manuel Rosales.
En el caso del general Baduel, la represión contra él es particularmente significativa porque se trata de uno de los apenas tres militares venezolanos que el 17 de diciembre de 1982 acompañaron a Hugo Chávez en la formación el Movimiento Revolucionario Bolivariano (los otros dos fueron Jesús Urdaneta y Felipe Antonio Acosta Carlés), e hicieron juntos el Juramento del Samán de Güere para “liberar al pueblo” de la explotación capitalista y construir el socialismo en Venezuela. El Samán de Güere es un árbol centenario y legendario, bajo el cual los caciques Guaicaipuro y Maracay solventaron sus diferencias y se unieron para enfrentar a los conquistadores españoles; y bajo su sombra habría descansado El Libertador, Simón Bolívar, antes de la crucial Batalla de Carabobo, uno de los capítulos más gloriosos de la guerra por la independencia de Venezuela.
Por esa estrecha asociación con Hugo Chávez fue que Baduel llegó a ser General del Ejército y Ministro de Defensa de Venezuela, y además escribió el prólogo del emblemático libro Hugo Chávez y el Socialismo del Siglo XXI. Aún más, el general Baduel organizó y encabezó la acción militar denominada por él “Operación Rescate de la Dignidad”, que el 14 de abril de 2002 restauró en la presidencia a Hugo Chávez, quien dos días antes había sido derrocado pero sólo estuvo 48 horas fuera del poder gracias al ahora preso político Baduel. Y es bueno recordar que no fue sólo por la acción militar del general Baduel que Chávez pudo recuperar el poder, sino también por la cobardía política de la comunidad democrática internacional, particularmente de Estados Unidos, que con el pretexto de que Chávez había sido elegido democráticamente, no quisieron apoyar a la junta cívico-militar que derrocó fugazmente al dictador.
Por eso el pueblo venezolano y hasta antiguos chavistas tan fervientes como fue el general Raúl Baduel, tienen que seguir soportando la dictadura de Chávez, quien empeoró después de la experiencia de abril del 2002 en vez de haberla aprovechado para mejorar y gobernar democráticamente. Y ahora hay que esperar hasta que el pueblo venezolano reaccione y derroque al represivo y súper corrupto dictador Hugo Chávez, ya sea mediante una elección libre o quién sabe por cual otro medio que actualmente ni siquiera es posible imaginar.