Sin duda que El Salvador no es Nicaragua

Lo que más ha impactado en Nicaragua de la elección presidencial que se realizó en El Salvador el pasado domingo 15 de marzo, es el gran contraste entre la capacidad, la credibilidad y la transparencia del Tribunal Supremo Electoral salvadoreño, y todo lo contrario del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua.

En realidad, es admirable y envidiable el trabajo de la autoridad electoral de El Salvador, la cual ha actuado con absoluta honestidad, abierta a la observación electoral nacional y extranjera sin restricciones de ninguna clase, eficiente en el cumplimiento de sus funciones y rápida en dar a conocer el resultado de la elección apenas dos horas después de concluidas las votaciones. Y por lo tanto esa autoridad electoral tiene la confianza y goza del respeto tanto de la ciudadanía salvadoreña como de la comunidad internacional.

Lamentablemente en Nicaragua la situación es al revés, sobre todo después del escandaloso fraude que perpetró el Consejo Supremo Electoral en las elecciones municipales de noviembre del año pasado, para darle la victoria al partido del presidente Daniel Ortega. Y por eso es que los magistrados electorales de Nicaragua son los más desacreditados y despreciados de todo el hemisferio occidental.

Pero esperamos que no sólo en eso sean diferentes El Salvador y Nicaragua. Sin duda que la capacidad, la honestidad y la eficiencia de las autoridades electorales son indispensables para garantizar la continuidad y el fortalecimiento de la democracia. Pero no son suficientes. Hace falta que el presidente electo Mauricio Funes y el partido izquierdista FMLN, tengan la voluntad de gobernar para conservar y mejorar la democracia, no para socavarla y menos para destruirla.

Los sectores democráticos de El Salvador tienen razón en temer que el triunfo electoral de la izquierda farabundista, pudiera significar el comienzo del fin de la libertad, de la democracia y la economía de libre mercado. La verdad es que el FMLN nunca ha ocultado su ideología marxista-leninista y su identificación con las expresiones más radicales, totalitarias y cavernarias de la izquierda latinoamericana, como son el castrismo en Cuba, el chavismo en Venezuela y el orteguismo en Nicaragua. De manera que si el FMLN va a tratar de hacer en El Salvador lo mismo que han hecho sus camaradas de Cuba, Venezuela y Nicaragua, sobrada razón tienen los demócratas salvadoreños para estar recelosos e incluso atemorizados por el triunfo electoral del farabundismo y su candidato presidencial.

Pero Mauricio Funes, en la misma noche del domingo 15 de marzo, inmediatamente después de que conoció su victoria pronunció un discurso en el cual dio su palabra a los empresarios y a todos los sectores democráticos salvadoreños, de que no va a actuar como los extremistas de izquierda en otros países. “Yo no tengo que hacer lo que están haciendo presidentes de otros países hermanos, no tengo por qué, son circunstancias diferentes”, aseguró Funes, quien agregó que la izquierda salvadoreña no tiene por qué ser como la izquierda de Cuba, de Venezuela y de Nicaragua, pero tampoco como la de Brasil o España.

Tranquiliza saber que Mauricio Funes no es un militante tradicional del FMLN, partido al que apenas se afilió hace seis meses para ser su candidato presidencial. Además, hasta de lejos se puede ver que Funes es mucho más inteligente e ilustrado que Hugo Chávez y Daniel Ortega. Y entre sus asesores sobresalen personas de mucho talento y demostrada capacidad intelectual, como por ejemplo Francis Hato Hasbún, quien diseñó la estrategia victoriosa del FMLN y su candidato. Hasbún fue discípulo del mártir Ignacio Ellacuría, sacerdote jesuita español que fue asesinado junto con otros religiosos el 16 de noviembre de 1989, por el tristemente célebre Batallón Atlacatl, del Ejército de El Salvador. Hasbún es miembro de la Comisión Política del FMLN, sin embargo es un hombre de mente abierta y tolerante, a quien se le atribuye haber aconsejado a Mauricio Funes que dijera su famosa frase de que: “Para mí el Frente (FMLN) es un instrumento. El presidente seré yo”.

Tampoco la derecha salvadoreña es igual que la nicaragüense. De modo que lo que se debe esperar del partido Arena es que haga una oposición constructiva pero de principios. De Arena no se puede esperar que pacte contra la democracia con el FMLN, por cuotas minoritarias de poder, como partido zancudo, sino que va a defender enérgicamente la libertad, la democracia representativa, la economía de libre mercado y el respeto a los derechos humanos de todos los salvadoreños. Tenemos la convicción de que así será.

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