El problema principal que tienen este año los izquierdistas de todas partes del mundo que participan en el Foro Social Mundial antiglobalización, el cual se ha reunido en Belem de Brasil al mismo tiempo que el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, es que ya no hay un Presidente de Estados Unidos George W. Bush a quien atacar y culpar por todos los males que sufre la humanidad.
Este Foro Mundial del izquierdismo globalizado ha contado con la participación de los presidentes populistas Hugo Chávez, de Venezuela, Rafael Correa, del Ecuador, Fernando Lugo, del Paraguay, y Evo Morales, de Bolivia. Faltó, sin dar ninguna explicación por su ausencia, el presidente Daniel Ortega de Nicaragua. Y por razones muy diferentes tampoco participan en ese cónclave otros gobernantes latinoamericanos que son de izquierda pero democráticos y responsables, como los presidentes Michelle Bachelet, de Chile y Tabaré Vázquez de Uruguay. Es más, el mismo Luiz Inacio Lula da Silva, Presidente del país anfitrión, quien habitualmente elogia a Hugo Chávez pero no le reconoce liderazgo latinoamericano, decidió reunirse sólo a puerta cerrada con los mandatarios izquierdistas asistentes al Foro de Belem de Brasil, “para debatir el impacto de la crisis financiera en los países latinoamericanos”, según se informó oficialmente a la prensa.
En todo caso, según los periodistas que cubren las incidencias del Foro Social Mundial de Brasil, lo más notorio en éste ha sido la falta de motivación revolucionaria, al no haber ya un presidente Bush, contra quien se enfilaron las baterías extremistas en las reuniones de este foro que se realizaron anteriormente. En realidad, la extendida impopularidad del presidente Bush y el desmedido odio que sentían hacia él los dirigentes izquierdistas de todo el mundo, servían como motivación para movilizar a sus simpatizantes a la participación en las incendiarias asambleas y protestas callejeras. Ahora, con el todavía indefinible pero muy popular nuevo Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no existe esa motivación del izquierdismo radical latinoamericano y mundial, falta el sujeto en quien descargar el odio extremo que según Lenin y el Ché Guevara es el indispensable fuego de la pasión revolucionaria. De manera que tal como lo reconoció a los periodistas uno de los participantes importantes en el foro de Belem, el dirigente del Partido Comunista Revolucionario de Brasil, Altenir Santos, la falta de Bush “presentará una dificultad para el movimiento”.
Por otra parte, es notable el contraste de la reunión del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, el cual se distingue por la seriedad de sus planteamientos, con la alborotada asamblea del Foro Social Mundial en Belem de Brasil, que ha reunido a unos diez mil izquierdistas de todo el mundo. Mientras en Davos los líderes políticos y empresariales discuten con responsabilidad sobre los problemas económicos y sociales del mundo actual, y buscan soluciones reales y efectivas, en Belem se vocifera contra la democracia y contra la economía capitalista, que es la única que produce riqueza, desarrollo, prosperidad y libertad. Y como alternativa los extremistas ofrecen el viejo comunismo miserable y totalitario, encubierto con la nueva marca de “socialismo del siglo XXI”.
Según reportó la televisión internacional alemana Deutsche Welle, “ante un 2009 en que se augura el crecimiento económico más bajo desde la Segunda Guerra Mundial, muchos políticos y empresarios concordaron —en el Foro Económico Mundial de Davos— en que la refundación del capitalismo debe hacerse sobre ‘valores’ compartidos”. Al respecto el ex Primer Ministro británico, el político laborista Tony Blair, indicó que si bien es cierto que el sistema financiero falló por problemas de conducta humana y falta de aplicación de las regulaciones establecidas, sin embargo, el sistema de libre empresa sigue siendo vital y lo que hay que hacer es “reorientar una globalización basada en valores”.
Esa es la posición constructiva. La actitud opuesta y destructiva es la que planteó Hugo Chávez en el Foro de Belem de Brasil. Chávez habló de que “estamos en un momento de ofensiva, no de trincheras”. Dijo que “hay que salir de las trincheras manteniendo las banderas, fortaleciendo las banderas, y lanzar una ofensiva ideológica, política y económica en todo el mundo”. Es decir, según él hay que incendiar el mundo, destruir lo que se ha construido, engañar a la gente ofreciendo el infierno como paraíso, terminar con la economía capitalista productiva y arrastrar al mundo a la miseria y el atraso del comunismo como el que hay en Cuba.