Este 1 de enero de 2009 se cumplirá el cincuenta aniversario del triunfo de la revolución que impuso el comunismo en Cuba, ocasión propicia para ver lo que ha significado realmente el comunismo para el pueblo cubano, sobre todo ahora que Daniel Ortega y el Frente Sandinista otra vez están ejerciendo el poder en Nicaragua y ofreciendo el modelo comunista de Cuba, como el remedio infalible para curar todos los males económicos, sociales, políticos, culturales y morales del pueblo nicaragüense.
Pero no es fácil, o mejor dicho es prácticamente imposible hacer un balance de la situación en que se encuentra el pueblo de Cuba después de cincuenta años de revolución comunista. Como dijo el doctor en Economía de la Universidad de Nueva York, Jorge Sanguinetty, en un artículo que publicó el periódico norteamericano en español, El Nuevo Herald, el recién pasado 24 de diciembre, “sobre los supuestos ‘logros’ de la revolución cubana se puede discutir mucho, pero no hay un método universalmente aceptado para evaluar objetivamente las ventajas y las desventajas colectivas de un proceso como el que comenzó Cuba en 1959”. El doctor Sanguinetty, quien es autor de un libro titulado Cuba: Realidad y destino, presente y futuro de la economía y la sociedad cubanas, advierte que: “Los mecanismos de una sociedad democrática son los únicos que permiten que la libre expresión de sus ciudadanos muestre si los que ganaron son más que los que perdieron, o viceversa, o si las nuevas generaciones están satisfechas o no con las condiciones económicas y sociales que han heredado del pasado”.
Pero en Cuba no hay una sociedad democrática ni existen, por lo tanto, los mecanismos de la libre expresión de los ciudadanos que permita tener una visión clara sobre los índices económicos y sociales de la isla comunista, versus la propaganda oficial. En realidad, según las cifras que da a conocer el Gobierno de Cuba, que son reproducidas al pie de la letra por los organismos de Naciones Unidas, la situación del pueblo cubano es envidiable en educación, salud, vivienda, empleo y otros indicadores del desarrollo humano y el bienestar de la población. Pero nadie puede corroborar esas cifras, sencillamente porque no hay en Cuba libertad de investigación, ni de crítica, ni de prensa, ni de hacer encuestas independientes para saber qué piensan, cómo se sienten y qué quieren realmente los cubanos comunes y corrientes. A las bellezas que dice la propaganda comunista sobre la situación de Cuba, se opone completamente el testimonio de los cubanos que siguen huyendo de cualquier manera hacia Estados Unidos y otros países capitalistas. Lo que informan quienes huyen del comunismo es todo lo contrario de lo que dicen las cifras oficiales reproducidas por los organismos de Naciones Unidas.
En todo caso, ni siquiera se puede decir que la falta de libertad es el precio que tienen que pagar los cubanos por vivir en un paraíso terrenal. La realidad es que bajo el régimen comunista de Cuba la gente carece de libertad pero tampoco tiene bienestar material. Y aunque lo tuviera. Sólo quienes tienen mentalidad de esclavo y de esclavista pueden creer que la satisfacción material compensa la falta de libertad de pensar y de decir libremente lo que se piensa, de organizarse en el partido político y la asociación civil de la preferencia de cada quien, de practicar la religión que se quiera o no profesar ninguna, de elegir libremente a los gobernantes y representantes, etc.
En el comunismo sólo los miembros de la nueva clase son los que viven bien, y los de la nomenclatura tan lujosamente como los magnates del mundo capitalista. El archimillonario norteamericano Ted Turner, antiguo dueño de CNN y los Bravos de Atlanta, cuenta en su libro de memorias que Fidel Castro lo sedujo —políticamente, se entiende— cuando lo llevó a un coto personal de caza de patos que tiene cerca de Playa Girón. Así es el comunismo, una forma de sociedad, de régimen político y de vida opresiva y aberrada, contraria a la naturaleza humana y su intrínseco afán de libertad. Por eso se derrumbó el comunismo en la desaparecida Unión Soviética y los extintos países comunistas de Europa. Y por eso mismo es que el comunismo se va a derrumbar también en Cuba, algún día, de manera inevitable.