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Aun cuando le falta ese toque femenino que realza la belleza de las casas, la residencia de Vicente Padilla en Arlington es acogedora, confortable y práctica.
Ubicada en un lujoso condominio de la ciudad, al que sólo se puede acceder mediante los códigos que hacen correr una valla metálica o a través de la autorización de los dueños, la casa del big leaguer nica resulta atractiva y seduce por su hermosura.
Tras abrir sus puertas, los visitantes son recibidos por una amplia sala junto a una chimenea que parece siempre lista para el invierno. Hacia la izquierda está un enorme comedor, que Padilla sólo ha usado tres veces. Usualmente come de pie en la cocina.
A un extremo de la sala están las gradas que llevan hacia el segundo piso, en el que están tres de los seis cuartos que la conforman, al igual que una amplia sala en donde se encuentran un bar y una mesa de billar, y al fondo, otro cuarto para sus fisioterapias.
Desde arriba se consigue la mejor vista para la piscina. De ese balcón se pueden observar también las construcciones vecinas, lo mismo que la vegetación que bordea las casas, al igual que los jardines y flores que dan la bienvenida a las visitas.
TODO POR MONTONES
Desde la sala se accede al cuarto principal, el de Vicente. Es el más amplio y confortable, con una cama como para cuatro personas en el medio. Dicen que es el testigo mudo del apaciguamiento de sus necesidades más íntimas, con las que suele ser indulgente.
Una vez dentro del cuarto, se aprecia el clóset donde resaltan por encima de todo los 42 trajes que un diseñador local le ha preparado de forma exclusiva, con su nombre adentro. Hay también unos cien pares de zapatillas cuyos precios rondan los mil dólares por par.
De igual forma puede apreciarse la colección de fajas, corbatas, camisas y pantalones de vestir, lo mismo que jeans, muchos de los cuales nunca se ha puesto. Hay sombreros de primera calidad que sólo son adorno, porque en los desfiles hípicos anda descubierto.
Lo que usted busque en esta casa lo encuentra por montones. Y si avanza hacia la cocina, las provisiones abundan. Este sábado, sus asistentes prepararon una sopa de cola, y fue la forma de dar la bienvenida a dos amigos que llegaron desde Managua.
Al momento de salir hacia el estadio de los Rangers, porta un reloj enorme, de brillantes, y por curiosidad le pregunto por el precio. “Me costó 75 mil dólares”, dice sin alarde. En realidad, Padilla no alardea por nada. Ofrece datos, sólo si se lo piden.
¿CUÁNTO VALE EL PERFUME?
Un día de éstos no soportó la tentación y adquirió un perfume cuya onza cuesta 2 mil 350 dólares. No sé cuántas onzas compró, pero el perfume, que se llama Clive Christian, tiene un precio de 235 mil dólares, y trae un diamante incrustado.
La última persona que compró el envase grande, el de diez onzas, de acuerdo con el sitio web que lo distribuye, fue nada más y nada menos que Katie Holmes, la flamante esposa del también reconocido Tom Cruise. Yo, al menos, vi el envase vacío. Parece de oro.
“Lo del perfume es pura locura, pero lo de los trajes y las demás cosas que hay en la casa, las tengo porque en el ambiente en que me muevo, las necesito. Uno va a recepciones, fiestas o cualquier tipo de actividad y tiene que andar presentable”, dice Padilla.
No menos elegantes son sus carros. El nuevo Lamborghini Gallardo que adquirió en días recientes tiene un precio de 250 mil dólares. Dice que cambió el anterior porque ya tenía muchas millas y se estaba poniendo viejo. El convertible es la nueva sensación.
Padilla nació en medio de muchas limitaciones, pero la verdad luce adaptado al confort de su nueva vida. Un confort que parece haberse excedido lo usual. Aquí mismo en Texas tiene dos casas y cada una de ellas con un valor que supera el millón de dólares.