Hoy se conmemora el séptimo aniversario del atentado terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington D.C., que ha pasado a la historia como el más monstruoso y funesto símbolo del terrorismo universal. En todos los países auténticamente democráticos del mundo se conmemora esa fecha, para recordar a las miles de víctimas y mantener viva la llama del repudio y la lucha contra el terrorismo mundial. Pero en Nicaragua, debido a la orientación ideológica y las amistades políticas de los nuevos gobernantes, el país oficialmente ha dejado de ser enemigo del terrorismo y aliado de Estados Unidos en la lucha contra esta amenaza mundial. Con el pretexto del humanitarismo y del derecho de asilo, han convertido Nicaragua en refugio de personas pertenecientes a organizaciones que practican el terrorismo como forma de lucha política contra gobiernos democráticamente constituidos y poblaciones que quieren vivir en paz, libertad y democracia.
Por distintas razones, en otras partes del mundo la conmemoración del 11 de septiembre se ha debilitado notoriamente. Esto se justifica en parte con el pretexto de los errores y excesos, supuestos o reales, que el Gobierno de Estados Unidos ha cometido en el curso de la guerra global contra el terrorismo. Pero es más por complejos ideológicos y resentimientos históricos, que el sentimiento de solidaridad con Estados Unidos por la tragedia del 11 de septiembre se ha debilitado bastante, casi hasta desaparecer. Además, es muy bien conocido que con el tiempo todas las heridas, aún las más profundas y dolorosas, se terminan secando y cicatrizando, y los malos momentos se olvidan poco a poco pero de manera inexorable.
Aun en Estados Unidos, desde el año pasado se comenzó a hablar de una supuesta “fatiga del 11 de septiembre”. Orientada por medios de comunicación liberales o de izquierda, en la opinión pública estadounidense y neoyorquina en particular se habla de que tal vez ha llegado o podría estar llegando el momento de dejar de conmemorar de manera tan intensa, la traumática fecha del 11 de septiembre. En la misma ciudad de Nueva York, el año pasado el canal de televisión de mayor audiencia no transmitió en vivo toda la ceremonia conmemorativa y omitió la lectura de los nombres de todas las víctimas de los atentados terroristas, que para sus deudos es algo muy sentido. Como dijo en esa ocasión un adolorido y resentido miembro de la Coalición de Familias del 11 de Septiembre, “escuchar el nombre de tu ser querido desaparecido es el momento más emotivo de la ceremonia. Su decisión no tiene sentido”.
Académicos norteamericanos consideran que con el recuerdo de los atentados del 11 de septiembre de 2001, ocurrirá lo mismo que con el del ataque de Japón a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, que se grabó profundamente en la memoria histórica de la nación y fue motivo de grandes ceremonias anuales, pero con el paso del tiempo se fue desvaneciendo y olvidando.
Por otra parte, el avance de la política de izquierda y de la visión izquierdista de los grandes problemas mundiales, incluyendo al terrorismo, plantea nuevos debates, enfoques y tratamientos de este fenómeno, que por lo general son opuestos al que le ha dado hasta ahora Estados Unidos. Incluso éste, a juzgar por el discurso de Barack Obama cambiaría radicalmente su enfoque sobre el terrorismo a partir del próximo año, si el candidato Demócrata ganara la elección presidencial de noviembre.
Sin embargo, a pesar de todos los errores y excesos que Estados Unidos ha cometido en la guerra contra el terrorismo, la verdad es que ésta ha sido exitosa, si se valoran honestamente hechos como el de que los terroristas no han podido asestar otro golpe de importancia en el territorio norteamericano; y el de que, a pesar de las impactantes acciones criminales que los terroristas han cometido en algunos países, en otros, como por ejemplo Colombia, han recibido y siguen recibiendo contundentes derrotas.
En todo caso, la política de apaciguamiento nunca ha sido la menor manera de enfrentar a los extremistas de toda clase, incluyendo a los terroristas, mucho menos que pueda servir para derrotarlos. Y los atentados terroristas que han ocurrido en distintas partes del mundo desde del 11 de septiembre de 2001 incluso en países gobernados por la izquierda, están allí para recordárnoslo permanentemente.