Derek Redmond, ayudado por su padre, pudo al fin terminar su carrera, pese a la lesión sufrida en una pierna al inicio del heat. (LA PRENSA/AP)

¿Coraje o locura?

La historia desde la perspectiva de los perdedores en unas Olimpiadas [doap_box title=»Puro coraje» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Mientras los demás terminaban el recorrido, Derek Redmond se levantaba despacio e intentaba caminar, cojo, hasta la meta. De entre las gradas, y peleando con los miembros de seguridad, surgió su padre. Llegó hasta él, lo agarró y le […]

  • La historia desde la perspectiva de los perdedores en unas Olimpiadas
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Mientras los demás terminaban el recorrido, Derek Redmond se levantaba despacio e intentaba caminar, cojo, hasta la meta. De entre las gradas, y peleando con los miembros de seguridad, surgió su padre. Llegó hasta él, lo agarró y le ayudó a terminar la carrera: “Le dije que no tenía por qué seguir con ello, que podía desistir, pero me dijo que no, que tenía que terminar la carrera. Entonces le contesté que la terminaríamos juntos”.

Hoy, 16 años después, Redmond demuestra haber superado el trauma: “No me gusta verlo, pero uso el vídeo de aquella carrera en mis presentaciones como motivador. Lo más frustrante para mí es que nunca sabré lo rápido que podría haber corrido en la final. Sé que podría haberlo hecho mucho mejor”.

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El Mundo

MINUTOS CON 72 CENTÉCIMAS sE LLEVÓ ERIC MOUSSAMBANI PARA COMPLETAr LOS 100 METROS LIBRES, EN LOS QUE POR CIERTO por POCO SE AHOGA. NO SABÍA NADAR.

Suele decirse que la historia la escriben los vencedores. Récords del mundo, victorias épicas, marcas inigualables, son los recuerdos que perduran después que terminan las grandes competencias. Para la posteridad quedan los medallistas.

Pero los Juegos Olímpicos siempre han sido más que una competición deportiva. Pierre de Coubertin, padre de su versión moderna, los definió en una sola frase: “Lo importante en los Juegos Olímpicos no es ganar, sino participar”.

Esta es la historia de algunos de los que mejor encarnan ese espíritu olímpico, los que firman las peores marcas, los últimos en cruzar la meta y los que regresan a casa con las manos vacías.

Eric Moussambani protagonizó en 2000 las eliminatorias de los 100 metros libres más surrealistas de aquellos Juegos. En las plataformas de salida estaban tres nadadores: Moussambani, Karim Bare, de Nigeria, y Farkhod Oripov, de Tayikistán. Los dos últimos fueron descalificados por salida falsa y dejaron a Moussambani solo en su lucha.

En la piscina olímpica de Sydney, el nadador de la Guinea Ecuatorial, se debatió durante 1:52.72 minutos hasta terminar los 100 metros libres con la peor marca de siempre.

La multitud en las gradas alternaba entre la incredulidad y la admiración por aquel hombre que casi se ahoga en la mitad del recorrido. Después de la hazaña, Moussambani confesaría que sólo aprendió a nadar ocho meses antes de los Juegos y que nunca se había entrenado en una piscina olímpica. Su presencia en la competición se debió a la invitación que el Comité Olímpico Internacional ofreció a la recién creada federación de natación guineana.

Moussambani es una de las figuras de mayor relevancia en la lista que el Museo Olímpico Alemán sacó el año pasado, con las peores marcas de la historia de los Juegos Olímpicos. Con historias más o menos graciosas, más o menos dramáticas, todos comparten el hecho de haber llegado el último.

La obligación de terminar

México 1968. Más de una hora después de que el ganador del maratón llegara a la meta, tras correr durante cuatro horas y media, John Stephen Akhwari, de Tanzania, cruzaba el umbral del estadio olímpico. Pocos pudieron ser testigos de su entrada, magullado, con una venda en la pierna derecha que sangraba por una caída al inicio.

Cuando la prensa le preguntó por qué no había desistido, la respuesta de Akhwari fue desconcertante: “Mi país no me mandó a México para que empezara la carrera, sino para terminarla. Mis padres me enseñaron que si empiezas una cosa, tienes que terminarla”.

Este año, antes del inicio de los Juegos, Beijing quiso rendirle homenaje. Dos de los compositores chinos más famosos escribieron una canción sobre la hazaña de Akhwari para los Juegos e invitaron al atleta para la presentación del disco, en Beijing.

Otro de los inolvidables en esta lista es Derek Redmond. Dueño del récord británico de los 400 metros, se presentaba como uno de los favoritos a medalla en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Pero el destino le jugó una mala pasada. En las semifinales, a 250 metros del final, su muslo derecho se rompió y Derek se echó al suelo, llorando.

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