Crisis con oportunidad

El alto precio del petróleo y medidas contracíclicas han protegido a México de la debacle en Estados Unidos El presidente mexicano, Felipe Calderón, conversa con su Ministro de Hacienda y ex funcionario del Fondo Monetario Internacional, Agustín Carstens CIUDAD DE MÉXICO Para la empresa mexicana Demiel el futuro no podría ser más dulce. La pequeña […]

  • El alto precio del petróleo y medidas contracíclicas han protegido a México de la debacle en Estados Unidos El presidente mexicano, Felipe Calderón, conversa con su Ministro de Hacienda y ex funcionario del Fondo Monetario Internacional, Agustín Carstens

CIUDAD DE MÉXICO

Para la empresa mexicana Demiel el futuro no podría ser más dulce. La pequeña comercializadora de miel de abeja espera aumentar este año más de 20 por ciento sus ventas anuales de US$3.0 millones. Todo gracias a su estrategia de diversificación, que en breve le permitirá entrar a Japón.

“No queremos depender de Estados Unidos porque eso implica supeditarnos a relaciones poco leales, más enfocadas a precio que a producto”, dice Rodrigo Armendáriz, director general de Demiel.

A la compañía, la revalorización del euro le ha caído como un bálsamo, pues el 70 por ciento de sus exportaciones va a Europa. Pero Demiel es sólo una de varias empresas mexicanas que hoy buscan a toda costa otros mercados; hay que evitar al máximo contagiarse de las crisis estadounidenses.

Parece que el Gobierno mexicano también lo ha entendido. Así lo muestran los datos de la balanza comercial del país, que pasó de tener un 80.4 por ciento de intercambio comercial con Estados Unidos en 2006 a 66.3 por ciento el año pasado.

“El crecimiento de otras regiones está permitiendo que se diversifiquen las exportaciones, no sólo en términos de destinos, sino de productos”, dice Adolfo Albo, economista jefe para México de BBVA Bancomer, el mayor banco privado de México. Un mejor equilibrio en el portafolio evita un contagio brusco. “Se dice que cuando Estados Unidos tiene una gripe a México le da pulmonía”, dice Albo. “Pero esto ya no está ocurriendo”, añade.

El 3 por ciento con que creció la economía mexicana el primer trimestre del 2008 fortalece los pronósticos de 2.8 por ciento para todo el año de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Se trata de una tasa baja, pero mejor que el 0.5 por ciento de Estados Unidos. Y mejor aún que las obtenidas en el pasado, cuando un retroceso en el crecimiento de la economía estadounidense significaba un efecto negativo que llegaba a duplicarse en México. En la crisis del 2002, por ejemplo, cuando el PIB de Estados Unidos creció en torno al 2.4 por ciento, en México la cifra se situó en 0.8 por ciento.

“Si bien ha habido algún efecto por el lado de la demanda de exportaciones por parte de Estados Unidos, hay otros indicadores y efectos que han permitido que el desempeño de la economía se mantenga favorable”, dice Miguel Messmacher, titular de la Unidad de Planeación Económica de la SHCP.

Uno de los amortiguadores más importantes han sido las políticas anticíclicas aplicadas por el gobierno mexicano, las que incluyen un aumento de 9 por ciento en el gasto público, un programa de apoyo a la economía y un plan nacional para impulsar la infraestructura. “En 2007 la inversión en infraestructura fue de tres puntos del PIB y este año podemos hablar de hasta seis puntos”, dice Albo.

De hecho, se espera que la construcción compense la disminución en el crecimiento del empleo en el sector manufacturero, el más afectado por la desaceleración de EE.UU., dice Messmacher.

El Banco Central de México estima que para 2008 se crearán unos 530,000 empleos formales, algo menos que los 800,000 del año pasado. “En 2000 y 2002 hubo una destrucción de empleo, y ahora habrá menos generación, eso es una diferencia fundamental”, dice Albo, quien, no obstante, cree que sólo se crearán 500,000 plazas de trabajo.

APOYO GLOBAL

A la resistencia económica de México también ha ayudado el precio del petróleo. A pesar de los dimes y diretes políticos en torno a Pemex, la petrolera estatal ha disfrutado de un mercado que ha llegado a valorar el crudo mexicano por sobre los US$100. Una cifra que duplica el precio fijado hace unos meses por la Cámara de Diputados de México para el presupuesto de este año. “Podríamos llegar a crecer hasta dos puntos del PIB gracias al precio del petróleo”, dice Albo.

A diferencia de otras crisis estadounidenses, ésta se ha dado en un contexto mundial más fortalecido, donde varias economías de otras regiones del mundo están creciendo, lo que ha permitido compensar en parte el impacto en el menor ritmo de la economía estadounidense sobre las exportaciones no petroleras gracias al dinamismo de las ventas a otros países.

La balanza comercial mexicana, que hasta 2007 registraba 82 por ciento de exportaciones y 50 por ciento de importaciones con Estados Unidos, se ha diversificado.

“Las exportaciones a Estados Unidos están creciendo cerca de 4 por ciento y las que van al resto del mundo están creciendo 25 por ciento”, dice Messmacher en relación con las cifras registradas el año pasado.

Aunque es imposible que México se desacople de su mayor socio comercial, puede diversificar aún más sus envíos. “No podemos hablar de un desacoplamiento cuando hablamos de una economía tan abierta como la de México”, dice Raúl Feliz, economista del Centro de Investigación y Docencia Económicas. “El 50 por ciento del PIB mexicano está expuesto al comercio exterior”, dice.

El tema inflacionario también parece estar bajo control. Aunque las alzas de energéticos y alimentos han afectado a los consumidores mexicanos, el impacto en este país será menor al que habrá en naciones como Argentina y Venezuela.

De hecho, a principios de mayo, el Banco Central de México amplió los márgenes en el nivel de precios en 50 puntos base para 2008, ubicando la meta de inflación entre 4.25 por ciento y 4.75 por ciento para el cierre del año.

Además, los incrementos en los precios mundiales de alimentos como maíz y arroz podrían representar una oportunidad para el campo, que ha estado rezagado por décadas. “Las circunstancias para que se dé un repunte del campo difícilmente podrían ser mejores”, dice Messmacher, pensando en un proceso de recapitalización y crecimiento de la productividad a través de mayores créditos.

No será fácil en un campo caracterizado por la falta de diversificación de cosechas, la ausencia de capacitación, escasez de crédito y tierras fraccionadas que no producen los volúmenes necesarios. “Sería un error que todo el mundo se ponga a sembrar maíz porque ahora está caro”, dice Feliz, del CIDE. Pero el incentivo está, ya que México importa la tercera parte de su consumo de maíz amarillo, 70 por ciento del arroz, 35 por ciento por ciento del trigo panificable y 95 por ciento de la soya.

Para paliar el impacto negativo en el consumidor final de bajos ingresos, los analistas sugieren que parte de los excedentes petroleros se dirija a subsidios al consumo de las clases más desprotegidas.

Y aunque la economía mexicana no sufrirá grandes descalabros por la contracción de su vecino –las autoridades esperan que el crecimiento baje en el segundo trimestre de este año, pero haya recuperación en el tercero y el cuarto–, no se pueden echar las campanas al vuelo.

Habrá que seguir la evolución de la economía estadounidense y buscar mecanismos para crecer por encima del actual rango.

“Nosotros tenemos un crecimiento mediocre en un entorno donde otras economías emergentes tienen crecimientos por arriba del 5 por ciento y México está por debajo de eso”, dice Feliz. “Todo depende de cómo lo veas: puede ser un vaso medio vacío o medio lleno”.

El país tiene la oportunidad de diversificar sus exportaciones.

Economía

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