Sensaciones de frustración, culpabilidad, revancha y alegría, mezcladas en un vibrante partido de 90 minutos, dan como resultado a Bastian Schweinsteiger, cóctel explosivo que le dio de beber Alemania a Portugal (3-2) para meterse en las semifinales de la Eurocopa 2008.
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Durante los dos primeros partidos, Schweinsteiger tuvo puesto el freno de mano en el banco de suplentes. Cuando entró, se mandó la primera macana del torneo, al estrenar la ficha de tarjetas rojas por haber empujado violentamente a un rival, por impotencia, en la derrota 2-1 ante Croacia.
El duelo contra Austria (1-0), el lunes pasado, tuvo que verlo desde la tribuna, porque cumplía una suspensión tras la agresión al croata Leko.
Cuando Joachim Löw anunció que iba a ser titular frente a Cristiano Ronaldo, en su 54 selección, con apenas 23 años, Schweini tenía una oportunidad de oro para hacer frente a las críticas que le habían caído en los últimos dos años.
“El debut del torneo no fue del todo fácil para mí, pero siempre tuve la sensación de confianza del entrenador y de mis compañeros”, dijo el hombre del Bayern Munich, con el trofeo en mano de mejor jugador del primer cuarto de final.
Con un gol a pura potencia, símbolo de su bronca contenida, y dos tiros libres milimétricos para las cabezas de Miroslav Klose y Michael Ballack, el volante ofensivo del Bayern envió un mensaje claro: es uno de los jugadores más talentosos de Alemania, con el potencial para suceder a Ballack en el armado.
“Mis últimas dos temporada no fueron tan malas como dicen, jugué muchos partidos con el Bayern”, comenta.
“Es verdad que podría haber jugado un poco mejor, pero aún tengo hambre de futbol y creo que hay muchas ideas equivocadas sobre mí”, lamentó el chico de 23 años, de cabello platinado.
La sociedad con Lukas Podolski, Schweini-Poldi, símbolo de ese joven equipo de Alemania, cautivó a los hinchas en el Mundial 2006. Pero a Schweinsteiger luego le costó digerir esa consagración.
Pese a la llegada del francés Franck Ribéry para mezclarse en la medular del equipo del Allianz Arena, corriéndolo a Schweinsteiger a la banda derecha o incluso al banco de suplentes, el internacional encontró espacio para respirar con la maduración de los golpes.