Misterio de la Santísima Trinidad

Sacerdote católico Celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. El catecismo de la Iglesia católica, en el numeral 261 nos dice: “El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo”. La Sagrada Escritura […]

Sacerdote católico

Celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. El catecismo de la Iglesia católica, en el numeral 261 nos dice: “El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

La Sagrada Escritura nos habla de un Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta afirmación, para el sentido común, la filosofía, la sociología y algunas religiones resulta absurda. ¿Cómo puede un solo Dios manifestarse personalmente en tres formas distintas sin perder su unidad?

La dogmática católica expresada en su catecismo define a la Santísima Trinidad como tres personas distintas, pero un solo Dios verdadero. Esto es un misterio de fe para creer pero inaccesible a la razón humana. Nos revela un secreto: Dios, en su identidad más profunda, sobrepasa cualquier idea que podamos tener sobre Él y por lo tanto es un misterio que solamente podemos contemplar y adorar.

Una fe monoteísta (como la del judaísmo o el islamismo) o politeísta (como las religiones hinduistas o grecorromanas), es más fácil de asimilar que una fe trinitaria, porque esta última no es excluyente, tiene que captar simultáneamente la unidad y diversidad de Dios. Por eso le costó a la Iglesia católica más de trescientos años en llegar a una formulación satisfactoria de esta Fe en los Concilios de Nicea y Constantinopla.

Paradójicamente, aunque esta formulación satisface los requerimientos de la Revelación Escriturística, resulta contradictoria para la razón humana.

Sin embargo, la revelación es clara. El Padre Creador, el Hijo Redentor, y el Espíritu Santo, santificador, son la Divinidad.

Más allá de cualquier consideración filosófica o metafísica sobre Dios podemos rescatar una dimensión admirable que nos sugiere el misterio de la Trinidad: Dios no está solo. Dios es comunidad. Y esta comunidad respeta el principio de la unidad y de la dignidad. Son tres personas iguales en dignidad, pero diferentes en procedencia (el Hijo procede del Padre por conocimiento, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo por Amor), de tal modo que la Trinidad se convierte en modelo de la comunidad humana, donde se debe respetar la dignidad de todos y entender las diferencias.

La Iglesia se configura a la imagen de la Trinidad Santa. Por tanto respeta la dignidad de sus integrantes, mantiene la unidad y se convierte en luz para la humanidad, donde debe desaparecer todo tipo de discriminación, intransigencia o exclusión, cualesquiera que sean sus expresiones.

El Pontificado del Siervo de Dios, Juan Pablo II, se basó en una enseñanza clara y directa de la dignidad humana. En todas sus encíclicas, cartas, discursos y homilías siempre defendió la dignidad del ser humano en contra de todo tipo de dogmatismo que violentara su ser imagen de Dios.

Nadie que se diga cristiano puede estar violando los Derechos Humanos, las libertades individuales y colectivas, entre ellas, la libertad de expresión, el derecho a una existencia plena, porque estaría borrando con los pies lo que supuestamente construye con las manos.

Un país donde no se cumplen las leyes, se manosean, o están a merced de aprovechados, es un país donde no se puede tener una existencia decente e independiente.

Tenemos la obligación moral de exigir nuestros derechos. Si callamos nos hacemos cómplices, porque el que calla otorga.

Religión y Fe

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