El huracán Stan dañó las vías del tren que llegaba más al sur, más cerca de Guatemala. Hoy, los ilegales centroamericanos deben llegar hasta Arriaga, a 360 kilómetros de la frontera, para tomar un ferrocarril y viajar hasta el norte de México para pasar a EE.UU. (LA PRENSA/RODRIGO ABD)

Ilegales: México le hace “el volado” a los “gringos”

El número de indocumentados no mexicanos detenido por la “Migra” tratando de entrar a Estados Unidos, disminuye. México vigila más ahora su frontera sur y la corrupción y el maltrato de los agentes de este país le hacen más difícil el trayecto a los sin papeles centroamericanos [doap_box title=»Nuevas mañas para cruzar las vallas» box_color=»#336699″ […]

  • El número de indocumentados no mexicanos detenido por la “Migra” tratando de entrar a Estados Unidos, disminuye. México vigila más ahora su frontera sur y la corrupción y el maltrato de los agentes de este país le hacen más difícil el trayecto a los sin papeles centroamericanos
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Los inmigrantes ilegales han recurrido a los sopletes, cortafríos, escaleras e incluso cuerdas para sortear una sección de la valla fronteriza levantada para evitar esas incursiones.

En los 10 meses desde que fue erigida la valla, el único método que no han visto los agentes federales es un túnel, “aún”, advirtió Víctor Guzmán, agente supervisor de la Patrulla Fronteriza del sector de Columbus, Nuevo México.

Los agentes responsables de custodiar este sector de la frontera comenzaron a notar “casi inmediatamente” cortes en la valla. Los elevados postes metálicos de la cerca fueron pintados con un rociador de color naranja fluorescente en los lugares que fueron cortados, agregó Guzmán. El agente, que ha trabajado en el área desde hace casi una década, dijo que los agentes encontraron agujeros cortados con sopletes de acetileno, cortafríos e incluso sopletes de plasma, que utilizan gas inerte o aire comprimido para cortar rápidamente a elevadas temperaturas el acero u otros materiales muy densos.

“Vemos esto una o dos veces por semana”, indicó Guzmán en referencia a los agujeros a lo largo de los 2.4 kilómetros de cerca levantada a unos 128 kilómetros al oeste de El Paso.

Las cámaras de vigilancia en el área captaron cómo un nutrido grupo utilizó una gran escalera para escalar el lado sur de la valla. El grupo intentó descender a la parte estadounidense con ayuda de cuerdas, pero fue detenido por los agentes. Sin embargo, no solamente son los indocumentados los que preocupan a la Patrulla Fronteriza. La valla ha comenzado a asentarse en el suelo y la distancia entre los postes ha comenzado a agrandarse, hasta el punto de que en un determinado lugar, una mujer de talla media puede escurrirse entre ellos. (AP)

Federales “muerden”

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ARRIAGA, MÉXICO/ Reportaje Especial de AP

Juan Gabriel Ramos, un guatemalteco de 17 años que quiere reunirse con su madre en California, dijo que antes de llegar siquiera a Arriaga (sur de México) ya le había tenido que pagar a un agente de la policía federal mexicana y a otro de inmigración. “Los dos me dijeron que si no les pagaba, me mandaban de vuelta a Guatemala”, expresó Ramos.

Para miles de centroamericanos que quieren ingresar ilegalmente a Estados Unidos, el largo recorrido comienza aquí, en Arriaga, en el sur de México, en los vagones de un ruidoso tren de carga que llaman “La Bestia”.

Con creciente frecuencia, el recorrido se corta pronto.

Los indocumentados centroamericanos tropiezan con nuevos controles dentro de territorio mexicano, incluidos inspectores que buscan polizones en los trenes. Los daños causados por los huracanes en las vías férreas complican aún más las cosas.

Como consecuencia de ello, la cantidad de indocumentados no mexicanos detenidos en la frontera por las autoridades migratorias estadounidenses se redujo en un 60 por ciento desde el 2005; aun así, continúa una intensa campaña en busca de extranjeros sin papeles. El año pasado fueron arrestados unos 68,000 extranjeros que no eran oriundos de México, la mayoría de ellos centroamericanos, comparado con los 165,000 del 2005.

En México mismo se redujo la cantidad de extranjeros indocumentados arrestados. En el 2007 fueron detenidos 120,000, la mitad que en el 2005, año en el que el huracán Stan dejó las vías férreas en ruinas, según el Instituto Nacional de Migración.

Desde que Felipe Calderón asumió la Presidencia hace dos años, aumentó la cantidad de efectivos de las fuerzas de seguridad que custodian la frontera sur.

El Gobierno mexicano intenta frenar el paso de indocumentados de otros países, pero no hace mayores esfuerzos por contener el flujo de mexicanos que ingresan ilegalmente a Estados Unidos, limitándose a combatir narcotraficantes y coyotes. Las leyes mexicanas estipulan que un mexicano tiene total libertad de desplazamiento dentro del país, por lo que no violan ley alguna al llegar a la frontera.

Muchos mexicanos se solidarizan con los indocumentados centroamericanos, pero también abundan quienes no los quieren en territorio nacional.

MUCHOS SE QUEDAN

Isaac Castillo, dueño del Hotel La Posada en Arriaga, dice que los centroamericanos con frecuencia terminan radicados en México, donde ganan el doble de lo que pueden percibir en sus países.

“El problema no radica sólo en Estados Unidos, sino también en México, porque muchos centroamericanos quieren quedarse aquí y competir con los mexicanos por los puestos de trabajo”, manifestó Castillo.

La campaña del Gobierno ha hecho que los centroamericanos busquen nuevas rutas. Algunos pagan hasta 7,000 dólares para ingresar a México por mar y luego esconderse en camiones que van al Norte.

Estas embarcaciones y camiones intentan evitar los puestos de control que abundan en la frontera sur y en las carreteras de esa región.

Las autoridades mexicanas no son el único obstáculo y los riesgos abundan. Varias personas han muerto al ceder pisos falsos en los camiones y 22 salvadoreños se ahogaron en octubre, al naufragar su embarcación frente a la costa del Estado sureño de Oaxaca.

EN “LA BESTIA” HASTA EL NORTE DE LOS SUEÑOS

Los centroamericanos que no pueden o no quieren hacer la travesía marina apuestan a “La Bestia”, el tren en el que hacen un recorrido de 3,600 kilómetros (2,000 millas) hasta Estados Unidos.

El trayecto comienza en el río Suchiate, en la frontera con Guatemala, que cruzan en precarias balsas, pagando un dólar. Luego caminan nueve días a lo largo de las vías del tren en una región selvática, bajo un sol ardiente, hasta llegar a Arriaga, a 360 kilómetros (200 millas) de la frontera. Ese es el sitio más cercano donde pueden abordar un tren desde que Stan destruyó la línea Chiapas-Mayab.

Durante el viaje deben pagar coimas a ladrones, funcionarios de inmigración, agentes de la policía y empleados del ferrocarril.

MIGRANTES DENUNCIAN ABUSOS DE AUTORIDADES

Los centroamericanos afirman que, si son detenidos, las autoridades mexicanas los someten a abusos. En un publicitado caso el año pasado en la ciudad norteña de Saltillo, denunciaron ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos que les habían hecho exámenes de recto con el pretexto de que querían determinar si portaban cólera.

“El maltrato al migrante aquí es brutal y nadie hace nada al respecto porque todo mundo los ve como un botín”, expresó el sacerdote católico Heyman Vásquez, quien calcula que al 80 por ciento de los centroamericanos que llegan a su refugio en Arriaga les han robado.

La merma en el tránsito de indocumentados es particularmente notable en Arriaga, una localidad agrícola, en la que se produce maíz y sorgo. En la dilapidada estación de trenes hay unos pocos centroamericanos que esperan poder abordar algún tren. Algunos van a un refugio para extranjeros, ven televisión y relatan los abusos que padecieron.

UN NICA RELATA VIOLACIÓN

Sentado afuera del refugio, un nicaragüense cuenta que una vez vio cómo un grupo de hombres violaba a una mujer y le disparaba a su novio. Una pareja hondureña dijo que huyó de su país cuando unos pandilleros mataron a su hija adolescente. Dejaron atrás a siete hijos, de entre uno y 18 años, escondidos.

Abordar un tren no es nada fácil. A menudo deben sobornar a guardias y a la policía. Algunos polizones están tan cansados que no pueden aferrarse al tren por mucho tiempo y terminan cayendo en las vías, sufriendo lesiones graves. El viaje puede resultar mortal.

Jorge Guevara, un salvadoreño de 21 años, declaró que la primera vez que hizo el recorrido, en el 2001, el tren se descarriló y unas 20 personas fueron aplastadas y seguramente murieron. El escapó y no sabe bien lo que sucedió.

“Ese accidente me dejó en shock, pero yo seguí”, contó Guevara a un grupo de indocumentados que hacía el viaje por primera vez. “Uno no piensa en el peligro, sólo en llegar a los Estados Unidos. Ya cuando esté allá pensaré en eso”.

Guevara dijo que trabajó operando una carretilla elevadora en Dallas hasta que fue deportado el año pasado luego de que la policía lo detuvo porque no le funcionaba una de las luces traseras de su automóvil.

A Milagros Rivera y su familia le tomó un mes llegar a Ixtepec, localidad a 136 kilómetros al norte de Arriaga. Para entonces, a esta salvadoreña de 36 años le habían robado tres veces: los soldados, los ladrones y un policía.

En el peor de esos tres incidentes, ella, su novio, su hijo de 20 años y su nuera, de 18, fueron abordados por individuos armados junto a las vías. Los hicieron desnudarse y se llevaron 1,500 dólares que tenían, dijo Rivera.

“Fue un trago muy amargo porque apartaron a mi nuera y pensamos que la iban a violar”, expresó la mujer.

Los asaltantes finalmente dejaron ir a la muchacha, ilesa.

Rivera dijo que se dirigen a Virginia, donde tienen amigos que les han dicho los ayudarán a conseguir trabajo.

“Se sufre mucho, pero la esperanza de llegar te ayuda a seguir adelante”, manifestó.

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