HaLVIN BALTODANO,a la izquierda con su mano alzada, participará en un maratón internacional. (LA PRENSA/Judith Flores)

Discapacitado compite en Miami

Lo que gane lo usará para someterse a cirugía [doap_box title=»Trofeos y medallas» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Desde 1995, Halvin Antonio Baltodano, joven nicaragüense discapacitado, se dedica al deporte. Ha ganado 10 trofeos y 27 medallas en distintas competencias nacionales e internacionales. Desde hace cuatro años reside en Miami, pues considera que en esta ciudad existen mayores […]

  • Lo que gane lo usará para someterse a cirugía
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Desde 1995, Halvin Antonio Baltodano, joven nicaragüense discapacitado, se dedica al deporte.

Ha ganado 10 trofeos y 27 medallas en distintas competencias nacionales e internacionales.

Desde hace cuatro años reside en Miami, pues considera que en esta ciudad existen mayores oportunidades de trabajo y facilidad de transporte para las personas con discapacidad.

Una de sus metas a corto plazo es concluir con los estudios de la carrera de Trabajo Social y pretende especializarse en el área de consejería para personas con impedimentos físicos.

“Quiero ayudar a aquellas personas que enfrentan una discapacidad, que piensan a como hice yo, que la vida se había terminado al quedar en una silla de ruedas”, relata.

Promete hacer todo su esfuerzo para levantarse de su silla de ruedas y para ello requiere apoyo económico.

Cualquier ayuda, lo pueden contactar a través de su correo electrónico, [email protected], o su número telefónico (305) 297-4613.

Necesita apoyo

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Corresponsal/Miami

Halvin Antonio Baltodano es un testimonio de vida, un reflejo de que hay esperanza para levantarse de las cenizas cuando se quiere y se tiene como principal aliado a Dios.

Está deshabilitado de la parte inferior de su cuerpo, pero esa limitación física no le ha impedido convertirse en un maratonista internacional de ciclismo para discapacitados, deporte en el que ha sobresalido y ha llevado en alto el nombre de Nicaragua.

Se prepara para participar en su segundo maratón internacional, en la ciudad de Miami, el próximo 27 de enero. Su tiempo libre lo emplea en fortalecer su condición física para la competencia y es común verlo dos veces al día en los campos deportivos del Tamiami Park.

Sabe que la competencia será dura y desea ubicarse en los cinco primeros lugares. “Me estoy preparando fuertemente, estoy en buen estado físico para representar a Nicaragua, deseo hacer un buen papel”, aseguró.

Es un ejemplo de tesón y perseverancia. Con su actitud entusiasta y auxiliado de su silla de ruedas, se moviliza en la búsqueda de patrocinadores que confíen en su talento.

Se aferra a triunfar en la competencia porque, con el dinero que gane y el apoyo de patrocinadores, quiere someterse a una cirugía que le podría devolver la oportunidad de volver a caminar.

“La ciencia ha avanzado, me he informado que la cura para restablecer mi estado físico ya existe pero ese tratamiento, que es través de células madres que extraen de tu propio cuerpo y te las inyectan en el corriente sanguíneo, no lo están haciendo en Estados Unidos, sino en Argentina y Colombia”, dijo.

“Asistí a una charla que impartieron científicos argentinos aquí en Miami, salí entusiasmado de ese encuentro porque entiendo que mi actual condición no va a ser para toda la vida, no tengo el dinero en este momento, por esa razón estoy destinando esfuerzos para conseguirlo”, dijo.

El costo del tratamiento médico podría ser de 12 mil dólares para los extranjeros.

LA TRAGEDIA

Baltodano partió de Nicaragua junto a sus padres en 1984 con destino a Nueva York, en busca de mejores oportunidades de vida. En ese Estado radicó hasta hace cuatro años.

Hace 16 años vivió la peor tragedia de su vida. Era una noche de 1991, regresaba de una fiesta y se dirigía hacia su casa cuando fue asaltado por un grupo de antisociales. Recién había ingresado a la universidad y su mundo se desplomó en un instante.

La fuerte golpiza que recibió lo mantuvo hospitalizado durante cuatro meses, un fatal pronóstico le acechaba: quedaría discapacitado de la parte inferior de su cuerpo.

En plena juventud y con un futuro prometedor, Baltodano no tenía las fuerzas para enfrentar la dura realidad que tenía frente a sus ojos y esa difícil condición lo mantuvo sumido en una severa depresión por varios años.

Recuerda que recurrió a las drogas y al alcohol durante tres años para tratar de olvidar sus penas, pero sabía que su vida estaba sumida en un abismo y empezó a sentir la necesidad de salir de ahí. Fue entonces que decidió buscar a Dios.

“Cuando busqué a Dios, empecé a tener sueños increíblemente positivos para mi vida, me he visto caminando, superándome en muchos aspectos como el deporte, mi trabajo, he visto en sueños a mis padres orgullosos de mí”, destacó.

Dijo que “aunque me encuentro en silla de ruedas he ido avanzando en el aspecto espiritual, social, educativo y deportivo; todo ha cambiado para mí desde mi encuentro con Dios”.

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