Luis Alberto Moreno, presidente del BID
Cuando asumió la presidencia del BID envió un mensaje a los empleados diciendo que “las urgentes necesidades de la región exigían que el Banco mejorara su agilidad, eficiencia y efectividad”. Sin embargo, la reestructuración ocurre cerca de dos años después de eso. ¿Por qué tardó tanto?
La realización de los cambios efectivamente ocurre ahora, pero nos demoramos un año en una discusión muy profunda, la que se dio al interior del Banco, con sus clientes, con los ministros de Hacienda, analizando detenidamente nuestros procesos. A partir de eso, llegamos en diciembre del año pasado a que el directorio nos aprobara el proceso de realineación, el que ha empezado a implementarse desde julio de este año, y que incluye nuestro nuevo modelo de negocios y la estructura de matriz. En estos procesos de cambios siempre se debe hacer un equilibrio entre la velocidad y la calidad. Y nunca es perfecto ni lo uno ni lo otro. Esto vale para cualquier institución pública o privada. De hecho, en la empresa privada sería mucho más fácil, pero esta es una institución que pertenece a los gobiernos.
¿Cuáles fueron las principales dificultades para realizar la realineación?
Lo que buscamos con este cambio es estar más cerca de los clientes y eso requiere más capacidad en las oficinas locales. Esto va a significar que vamos a aumentar nuestro personal en ellas. Además, estamos implementando cambios en los procesos internos para agilizarlos. Entonces, hay que tener en cuenta que todo esto pasa por gente y los cambios son complejos de asimilar. Durante este proceso ha habido gente que ha optado por un proceso de separación. Y todo eso siempre es difícil.
El Banco se está reenfocando en el sector privado justamente en el período de mayor liquidez y bajas tasas que haya experimentado la región. ¿Qué distinto puede ofrecer el BID de la banca comercial?
Las instituciones como el BID deben pensar seriamente su modelo de negocios. Los países han cambiado y lo que vemos hoy es que no tenemos que atender 26 países, sino una multiplicidad de clientes, como organismos subnacionales y gobiernos locales, además de las alianzas público-privadas que requiere el área de infraestructura. En ese orden, el banco multilateral debe ayudar donde los bancos privados no se atreven. Empezando en la pequeña y mediana empresa, pero también en los grandes proyectos.