- Eduardo Solórzano, Presidente Ejecutivo y Director General de Wal-Mart México, es uno de los nicaragüenses más destacados en el mundo de los negocios. Determinación, apoyo, saber lo que uno quiere y hacia dónde ir son palabras que subraya a lo largo de la entrevista con LA PRENSA
Wal-Mart México es la segunda plaza más fuerte a nivel mundial, después de Estados Unidos, de Wal-Mart Store Inc., la cadena de ventas al detalle más grande del mundo, con sede en Betonville, Arkansas, Estados Unidos.
La filial de Wal-Mart Store Inc. en suelo azteca, donde emplea a más de 160 mil personas, está dirigida por Eduardo Solórzano, un nicaragüense cuyas raíces se encuentran bien cimentadas en Nicaragua, país al que visita en todas las ocasiones que puede. Ahora tiene mayor oportunidad de hacerlo ya que es parte de la Junta de Consejos de Wal-Mart Centroamérica.
Su educación primaria y secundaria la realizó en el Colegio Centro América de Managua, de donde salió a estudiar a México, mientras esperaba una respuesta para estudiar en Estados Unidos. Llegó a Monterrey, México, y allí se quedó hasta graduarse de economista.
“Entre más cerca estás del siguiente paso para arriba, más trabajo cuesta”, dice Solórzano, quien recién fue declarado Hijo Dilecto de la Capital por la Alcaldía de Managua.
“Es un orgullo ser distinguido en cualquier actividad y cuando te lo hace tu ciudad natal es un sentimiento difícil de describir, y sí se genera una chispa que hay adentro del cuerpo. Tal vez una chispa de una soldadura que está uniendo más ese vínculo que no se va a acabar nunca y probablemente es una manera de acercar a mucha gente que anda fuera de Nicaragua por todo el mundo y que ha hecho bien las cosas”, valora.
A continuación habla, entre otros temas, sobre el camino recorrido para llegar a ser Presidente Ejecutivo y Director General de Wal-Mart México.
¿Cómo fue su salida del país?
Yo hice toda mi primaria y secundaria en el Colegio Centro América y salí a estudiar inglés, para después estudiar mi carrera universitaria. En ese momento, creo que empiezan a surgir un poco las sorpresas que da la vida porque mi idea, en ese entonces, era ir a Estados Unidos (a estudiar) una carrera para luego, por supuesto, regresar a Nicaragua.
La primera dirección fue imprevista en el sentido que, después de terminar de estudiar inglés, necesitaba presentar los resultados de los exámenes para entrar a una universidad americana (de Estados Unidos) y era un proceso bastante largo, se tardaban bastantes meses. Y resulta que al estar esperándolos estaba un poco inquieto, porque yo quería terminar mi carrera antes de haberla empezado. En ese tiempo estaba buscando cómo hacer algo porque se me hacía inútil estar perdiendo, tal vez seis meses de mi tiempo, esperando hasta enero en aquel entonces, 1975, para empezar a estudiar.
Platicando un día con mi papá y uno de mis hermanos, me sugirió mi hermano mayor que me fuera a estudiar a Monterrey, al Tecnológico de Monterrey. Me voy al Tecnológico en julio de 1974 con la intención de hacer un semestre allá mientras recibía todos los resultados del examen de inglés y aspirar a buscar una solicitud en alguna universidad americana. Eso tardó lo suficiente y estando en Monterrey me gustó muchísimo la ciudad, el ambiente, me gustó el Tecnológico de Monterrey que es donde yo estudié mi carrera (Economía).
Entonces ¿regresó a Nicaragua?
Regresé a Nicaragua en diciembre de 1978. Trabajé un rato para el Banco Central de Nicaragua y posteriormente comencé a trabajar con el Ministerio de Industria y Comercio, aunque siempre mi objetivo era trabajar con el Banco Central de Nicaragua. Era una institución que me atraía por la cantidad de talentos que había allí y era algo que, francamente, resultaba atractivo y tenían un programa de becas.
Después me cambian al Ministerio de Industria y Comercio y, en ese proceso estaba, cuando la Embajada de Brasil me ofreció trabajo, algo que me parecía interesante, y empecé a trabajar con ellos un año. Eso fue entre 1980 y 1981. Luego un antiguo maestro mío, recién nombrado vicerrector académico de la Universidad de las Américas en Puebla (México) me dice que por qué no me voy a México a estudiar un postgrado, y le tomo la palabra y me voy en 1981. Emprendo mi viaje a Puebla a hacer estudios de maestría y estoy hasta 1985.
Quizás en la última parte del año 1984 intento regresar a Centroamérica con un proyecto para hacer un negocio en aquel entonces que, lamentablemente, no prospera y me regreso a México a finales del 84. Allí empiezo a buscar a ver qué hacer. Empecé a trabajar con el Grupo Aurrerás en 1985, allí estuve trabajando haciendo básicamente de todo. Empecé como “trainning”, entrenamiento de una tienda, fui subgerente de la tienda, gerente de la tienda, estuve en compras, después de compras estuve en la parte de logística, me tocó manejar centros de distribución en la parte de importaciones y así he estado salpicando de un lado a otro hasta que empecé a hacer una carrera que me ha llevado a estar donde estoy. Una carrera llena de momentos muy difíciles y complicados y al final de cuentas, con la determinación de seguir adelante cuando uno se cae, porque uno se cae más veces de lo que uno quisiera en la vida, pero es una realidad.
Da la impresión que todo ha sido fácil. ¿Fue así realmente o no ?
Nunca hay nada fácil realmente, creo que los momentos de satisfacción son menores a los momentos en los que uno tiene los reveses en la vida. Creo que si yo hiciera un recuento de las veces que quizás estuve a punto de darme por vencido a lo largo de estos años, son muchísimos. Siempre es ir cuesta arriba y nunca cuesta abajo. Definitivamente no creo que haya una carrera fácil en este sentido. Creo que hay que tener el apoyo de la familia y, en este caso mi esposa Marielos y mi hija Arielo, siempre han sido un apoyo para mí para seguir adelante. Creo que es muy difícil estar caminando cuesta arriba, compitiendo con una cantidad de gente igualmente talentosa, porque en todos lados hay gente con talentos, con capacidad y uno del otro lado tiene que hacer el doble de esfuerzo, entonces para poder estar arriba tienen que hacer incluso el triple en medio de circunstancias, a veces, muy difíciles.
¿México es más difícil que Estados Unidos para hacer una carrera?
No puedo hacer la comparación porque no he tenido la oportunidad de vivir en los dos países , o sea profesionalmente he vivido en México y Nicaragua básicamente. La vida en México me parece más agradable que la vida en Estados Unidos en el sentido que siento que estoy en un punto intermedio quizás entre Nicaragua y Estados Unidos. Me siento más cerca de Nicaragua tal vez estando en México que en Estados Unidos, para empezar el idioma, hay muchas costumbres que son muy parecidas, no hay tal vez las diferencias que puedan haber en comparación con Estados Unidos.
¿Su relación con Nicaragua ha sido constante? ¿Trabajo o familia?
De todo un poco. Ahora profesionalmente me toca estar más cerca de Nicaragua porque estoy en la Junta de Consejos de Wal-Mart Centroamérica y entonces vengo más frecuente a Nicaragua con propósitos de trabajo. En ese sentido estando en Wal-Mart tengo la oportunidad de ver lo que está pasando en el país. Familiarmente, por supuesto hay una relación, tengo cuatro de mis hermanos viviendo aquí.
Quizás hubo un período de interrupción breve cuando mis padres murieron. Al morir mi madre, que fue la que murió de repente, se crea como un vacío bastante largo y al perder ese vínculo se abrió un paréntesis más largo del que quizás yo hubiese querido. Pero yo creo que vengo más a Nicaragua por razones personales o familiares que de trabajo.
Usted se reunió con el Alcalde de Managua, Dionisio Marenco, en un evento en Estados Unidos, ¿cómo fue ese encuentro?
Creo que fue de esas cosas que suceden sin que nadie lo prevea. La realidad de las cosas es que el Gobierno de Estados Unidos organizó hace algunos meses una Cumbre de Competitividad de las Américas y me invitaron a dar una plática a este evento y después de que el Secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, hizo la apertura, yo tuve la oportunidad de estar en un panel platicando sobre competitividad y nuestros puntos sobre lo que tiene que ser la competitividad.
Somos una empresa muy enfocada a la parte de competitividad y, entonces, creo que al Alcalde debe haberle gustado lo que dije. Y al final de mi plática (en la Cumbre de Competitividad) estaba reunido con algunos nicaragüenses que conocía y se acercó el Alcalde a conversar, nos presentamos, nos conocimos muy brevemente, yo diría no más de dos minutos en ese momento. Por lo que me ha dicho el Alcalde a él se le ocurrió la idea de empezar a reconocer a nicaragüenses que vivíamos fuera de Nicaragua y que habíamos tenido una trayectoria sobresaliente, que sería bueno empezarlos a reconocer porque él creía que había que hacer un balance, porque no todas son malas noticias siempre, sino que también se podía tener un balance sacando esas buenas noticias. Empezamos a platicar esto esporádicamente por correo electrónico, vine a Nicaragua cuando tuvimos aquí la Junta de Consejos de Centroamérica y tuve la oportunidad de platicar con el Alcalde y me siguió platicando de su idea. A mí me pareció una excelente idea y realmente a cada quien que le comparto la idea del Alcalde coincidimos que es una muy buena idea porque francamente una de las riquezas que tienen los países es su gente.
Tengo la impresión que sigue siendo muy nicaragüense, aún cuando lleva tiempo viviendo fuera.
Es algo que creo que no se puede perder, yo crecí aquí aunque tengo más años de vivir fuera de Nicaragua, es muy difícil remover del corazón y del cerebro a la Patria que lo vio a uno nacer. Es muy difícil, es algo que no se puede dejar, uno lo lleva en la sangre. Quiero mucho a México, una buena parte de mi corazón también está con México, porque al final de cuentas es un país que he aprendido a querer, es una situación dual y difícil porque a veces uno siente que el corazón se va de un lado y de repente se va de otro lado, pero siempre hay una parte que, por supuesto, está en Nicaragua.
¿Cómo fue el camino en Wal-Mart, fue una batalla dura?
Uno lo hace por la parte donde es más ancha la montaña, es más fácil ir subiendo, pero conforme te vas acercando al pico de la montaña es cada vez más empinado, cada paso cuesta más esfuerzo y no creo que esto dependa ni de un país o de una empresa o de una actividad ni de nada, entre más cerca estás del siguiente paso para arriba, más trabajo cuesta.
Y siguiendo con el símil de la montaña, uno siempre se resbala, hay una piedra que uno pensaba que era firme y pues no era tanto y la piedra sale de donde estaba enterrada y en una de esas va pa’bajo. Entonces, yo creo que hay que tener mucho empeño, mucha determinación, mucho apoyo, como dije, para saber lo que uno quiere y a dónde uno quiere llegar. No es un camino fácil. En este trayecto uno requiere siempre el apoyo de alguien y yo en mi caso personal, en diferentes etapas de mi carrera, tuve el apoyo de gente que me ayudó, diría yo, en momentos difíciles a salir adelante.
A veces me decían “no vayas por aquí, cambia en esto, porque tienes que cambiar, haz esto mejor” , porque tal vez no lo estás haciendo también. Siempre hay gente que te enseña, son maestros desinteresados que, por alguna razón, se aparecen en tu vida y que tienen el espíritu de ayudar a los demás y creo que sin esa gente hubiera sido imposible seguir creciendo, es como tener un mánager que te va ayudando.
Usted es presidente y director de Wal-Mart México, ¿qué significa un cargo de esta magnitud?
Es una enorme responsabilidad. Yo una vez me acuerdo cuando estaba recién nombrado como presidente y director general de la compañía, era un puesto que venía aspirando desde hacía tiempo y antes de eso manejaba todas las operaciones de la compañía, y en algún momento de mi vida llegué a pensar que era algo tan difícil como cambiarse de oficina y dije: “A ver yo conozco lo suficiente a la empresa y lo que voy a hacer cuando llegue aquí es agarrar mis tiliches y me voy a ir a la oficina de al lado y ya, con eso ya la hice”.
Pero francamente es una enorme responsabilidad. Debo confesarte que de los primeros 30 días en el puesto, pude dormir muy pocas horas porque de repente pensar que tienes la responsabilidad, en aquel entonces de alrededor de 130 mil cabezas de familias, que dependen de las decisiones que tome y si te equivocas en tus decisiones no sólo te va a afectar personalmente, sino que vas a impactar a 130 mil cabezas de familia. Si eso lo multiplicas que hay alrededor de cinco personas por cada cabeza de familia estás hablando de 650 mil personas que puedes afectar en cualquier decisión que tomes. Más aún de todos los proveedores que viven alrededor de nosotros. Esto se convertía en algo que tenía un impacto considerable y durante mucho tiempo llegué a debatir sobre qué hago, cómo agrego valor a algo que hago.
Pero ya una vez estando allí (en el puesto) me dije: “Ahora cómo me voy a diferenciar. Aquí ha habido gente brillante en la historia de la compañía, gente notable y cómo puedo hacer para ponerme a la altura de ellos, cómo hacer para crear valor en la empresa y hacer la diferencia y creo que afortunadamente tenemos un equipo de trabajo, es simplemente sensacional. Hoy somos 160 mil personas que estamos trabajando en la empresa, somos el empleador más grande de América Latina, la empresa más grande detallista de América Latina, y una de las empresas más grandes del subcontinente latinoamericano, pues es una responsabilidad creciente, uno tiene que estar buscando constantemente qué hacer de diferente, cómo diferenciarse de los demás para agregar valor.
HAY QUE SABER HACER LA DIFERENCIA
Eduardo Solórzano, Presidente Ejecutivo y Director General de Wal-Mart México, expresa algunas reflexiones, especialmente dirigidas a los jóvenes, que desean alcanzar el éxito o incluso poner su propio negocio.
“Creo que lo primero que tienen que saber es que se van a enfrentar a muchos reveses. Y que no se pueden dar por vencidos a la primera porque así es la vida, no te puede cansar en el primer round (asalto)”, subraya.
“Mucha gente se cansa al empezar a caminar, al empezar una carrera. Son cosas que están llenas de momentos buenos y malos. Primero hay que saber que eso va a ocurrir, hay que tener la determinación de salir adelante y hay que buscar el apoyo de alguien que te ayude, que te apoye, de un consejero que te oriente, te platique con quien puedas conversar siempre”, reitera. También añade que es importante tener a la familia detrás.
Y recomienda que “si uno quiere poner un negocio, que ponga un negocio distinto al de los demás, si estoy haciendo una carrera en una empresa pues igualmente decir en qué me puedo diferenciar del resto, qué puedo hacer yo distinto. Pero también es muy importante reconocer las limitaciones que tenemos porque todos tenemos limitaciones. Hay muchas cosas que sé, pero también hay muchísimas cosas más de las que no tengo idea”.
¿Qué es lo que más extraña de Nicaragua?
Es una lista larga. Pero quizás lo que más extraño después de la familia, es a la gente. Lo que más se extraña, y aunque hay una comunidad de nicaragüenses con los que convivimos allá en México, creo que la gente acá en Nicaragua es muy especial y esa es la parte que más extraño. Ligado a esto es la comida, a veces creo que no sabemos lo que tenemos hasta que uno lo pierde. A través de los años estaba acostumbrado a cierta comida que no es igual afuera y allí es donde uno empieza a darle más valor y extrañar más ese tipo de comida. Entonces lo que más se extraña es a la familia, la gente y la comida.
¿Cómo ve su futuro con Nicaragua?
No tengo así como un plan muy definido de lo que va a seguir. Por supuesto trataré de ayudar a Nicaragua, si se puede ayudar de alguna manera, cualquier actividad que suceda, pero francamente mi relación será entre este balance de trabajo y lo personal, buscando cómo ayudar. Yo interactúo con muchos nicaragüenses fuera de Nicaragua y trato de ayudarlos en lo que pueda.