Agenda de Ortega no es la de Nicaragua

Después del discurso de Daniel Ortega en la 62 Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), el martes 25 del corriente, le tocó el turno a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet. El contraste no podía ser más dramático. Tanto así que más de alguna persona observadora se habrá preguntado si esta secuencia de oradores fue o no arreglada a propósito. El representante del país más pobre de América Latina (después de Haití) seguido de la representante del país latinoamericano más próspero. Dos estilos distintos; dos visiones opuestas de cómo gobernar para alcanzar el desarrollo nacional y regional. Con voz culta y en tono conversacional, Bachelet dejó en claro que su agenda era hablar de su país. Informó sobre los avances de la democracia en Chile, por varios años el país con más alto crecimiento económico en Latinoamérica.

Según el Finantial Times, esto se debe por un lado a su apertura comercial manifestada en tratados de libre comercio con Estados Unidos, Canadá y México, así como con la Unión Europea, Asociación de Libre Comercio Europeo, China y Corea; por otra parte a la seriedad de sus políticas públicas y en tercer lugar a la suave transición a la democracia que ha resultado en el fortalecimiento de las instituciones y del Estado de Derecho. La presidenta de Chile aseguró que su país va a seguir trabajando para mejorar prácticas de legislación interna, así como la promoción de los derechos humanos. Sin proponérselo, Bachelet dejó establecida la diferencia entre un estadista y un agitador político sediento de protagonismo.

Además de atacar desmesuradamente a Estados Unidos, a Europa y al sistema de Naciones Unidas, Daniel Ortega se ha dedicado a defender sin razón ni fundamento un supuesto “derecho universal” a fabricar armas atómicas. Ortega utiliza la lógica de que si EE.UU. tiene bombas nucleares, no puede negar a Irán que las fabrique, aunque el presidente Ahmadineyad haya expresado, entre otras amenazas terribles, que Israel debe desaparecer del mapa. Tanto Corea del Norte como Irán iniciaron programas atómicos claramente encaminados a la fabricación de ojivas nucleares. El año pasado Corea del Norte hizo varios ensayos de lanzamiento de misiles de largo alcance, fabricados específicamente para portar cabezas nucleares. Por su parte, en el 2006, Mahmud Ahmadineyad dijo que Irán estaba conduciendo una programa de investigación sobre la tecnología conocida como centrífuga P-2, asociada con la red del doctor Abdul Qader Khan —quien es una figura archiconocida en el mercado negro de tecnología nuclear, fundador de los programas de armas nucleares de Pakistán y asociado con los proyectos nucleares de Corea del Norte y Libia—, a pesar de que en el 2003 el Gobierno de Teherán dijo que había abandonado su interés en la centrífuga P-2. ¿Por qué mintió Ahmadineyad? Porque sencillamente su programa nuclear no es con fines energéticos. Además, Irán ha sido acusado de promover y financiar actos terroristas en Europa y Estados Unidos.

Lo que el mundo entero se pregunta es ¿qué tiene que ver Nicaragua con el proyecto nuclear iraní y con el terrorismo internacional? ¿Por qué Ortega juega el papel de agitador político de Irán, Cuba y Venezuela? ¿Hasta qué punto está comprometiendo la seguridad de los nicaragüenses? En enero del 2006, en Caracas, Hugo Chávez y Mahmud Ahmadineyad anunciaron la creación de un fondo de dos mil millones de dólares para “liberar a otras naciones del yugo imperialista”. ¿Fue el discurso de Ortega en la ONU un abono a la ayuda venezolano-iraní? ¿Podría utilizarse suelo nicaragüense para albergar terroristas islámicos de paso hacia Estados Unidos? ¿No debía Ortega hablar de Nicaragua, de sus retos y necesidades actuales y buscar la solidaridad y simpatía de las naciones representadas en la Asamblea General? ¿Por qué Ortega no llevó a la ONU un plan económico de mediano y largo plazo y solicitó la ayuda para implementarlo? ¿Qué clase de presidente es este, que insulta a los países que han ayudado a Nicaragua y defiende a dictadores y terroristas? ¿Cuál es su agenda?

Daniel Ortega da la impresión de ir tras un proyecto ajeno a nuestra realidad nacional; un proyecto propio, personal. Por eso, urge que los sectores democráticos nicaragüenses formen una alianza que ponga freno a esa irresponsable manera de gobernar.

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