El “Pacto Providencial”

El 12 de septiembre es una fecha memorable en la historia de Nicaragua. Hoy hace 151 años, el 12 de septiembre de 1856, los partidos Legitimista (conservador) y Democrático (liberal), que eran los únicos que existían entonces, suscribieron el “Pacto Providencial” para enfrentar y derrotar a los filibusteros de William Walker y para reconstruir democráticamente la República. Dos días después del “Pacto Providencial”, el 14 de septiembre de 1856 se libró la Batalla de San Jacinto, en la que una aguerrida tropa nicaragüense comandada por el coronel legitimista José Dolores Estrada, asestó una contundente derrota a los filibusteros norteamericanos. Por su significación militar y moral, la Batalla de San Jacinto cambió el curso de la Guerra Nacional, a favor de Nicaragua.

Entre el “Pacto Providencial” y la Batalla de San Jacinto no hubo ninguna conexión orgánica. Los defensores de la Hacienda San Jacinto ni siquiera sabían que los líderes de los partidos políticos habían acordado enfrentar juntos al enemigo común filibustero. Como apunta el historiador Jorge Eduardo Arellano, los combatientes nicaragüenses de San Jacinto “eran todos legitimistas e ignoraban el convenio anterior. En todo caso, significó una derrota del filibusterismo y sirvió para elevar la moral de la resistencia patriótica, organizada desde el Norte de Nicaragua” (JEA: Historia Básica de Nicaragua (Volumen 2), página 107).

Como es bien sabido, los filibusteros fueron traídos a Nicaragua por el partido liberal, para que le ayudaran a ganar la guerra civil que libraba contra el partido conservador. Pero ya cuando estaban aquí, los filibusteros se aprovecharon de la funesta división de los políticos nicaragüenses para apoderarse del país, al extremo de que Walker hasta se hizo “elegir” “Presidente” de Nicaragua.

En aquella situación era indispensable que se dieran dos condiciones para derrotar al filibusterismo y expulsarlo de Nicaragua. Ambas tenían que darse al mismo tiempo. Una era la unidad nacional, o sea el entendimiento de los dos partidos para luchar unidos contra los usurpadores extranjeros; y la otra, la acción militar solidaria de los demás países centroamericanos. De manera que al darse simultáneamente ambas condiciones, la Guerra Nacional se decidió victoriosamente a favor de Nicaragua y Centroamérica.

Según el historiador nicaragüense Marco A. Cardenal T. (Nicaragua y su Historia, página 333), el “Pacto Providencial” fue auspiciado por el sacerdote católico Apolonio Orozco. Por su parte, el historiador militar, teniente coronel Francisco Barboza Miranda, dice en su obra Síntesis de la Historia Militar de Nicaragua, que el acuerdo bipartidista se firmó “con la influencia de los jefes militares centroamericanos, general Ramón Belloso, de El Salvador y general Mariano Paredes, de Guatemala”. Mientras que Jorge Eduardo Arellano indica, en el texto antes citado, que los generales Paredes y Belloso fueron testigos de la firma del “Pacto Providencial”.

Como fuese, lo más importante es que el “Pacto Providencial” unió a la nación contra los filibusteros. Mediante ese acuerdo los partidos nombraron a un Presidente y a un Vicepresidente de unidad nacional (don Patricio Rivas y el general Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, del Partido Liberal y del Partido Conservador respectivamente); integraron un gabinete de gobierno bipartidista; decretaron “una amnistía general sobre todo lo pasado que hubieran hecho los partidos y sus partidarios”; formaron un Gobierno Binario y aprobaron una nueva Constitución republicana, todo lo cual garantizó que el país pudiera vivir en paz y con estabilidad un período de más de treinta años, durante el cual la nación fue gobernada en forma democrática.

El “Pacto Providencial” demostró que los partidos políticos democráticos pueden, cuando las circunstancias históricas lo demandan y ellos atienden el clamor nacional, hacer a un lado sus diferencias, aunque sean profundas y ponerse de acuerdo para salvar al país, para defender la libertad y promover la democracia, para impulsar el progreso social y trabajar por la prosperidad de todos los nicaragüenses.

Hoy, 156 años después del “Pacto Providencial”, de nuevo los partidos políticos democráticos se encuentran en una situación que les exige unirse para enfrentar exitosamente al filibusterismo de nuestra época —que es el caudillismo autoritario, dictatorial y corrupto— y para defender la libertad y la democracia. El pueblo democrático de Nicaragua tiene la fuerza social y los votos necesarios para impedir el establecimiento de una nueva dictadura. Sólo falta la unidad de los partidos políticos democráticos para lograrlo.

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