Pintura de Alfonso Ximénez. (LA PRENSA/U.Molina)

Alfonso Ximénez retrata las casas del mestizaje

Su pintura alcanza a retratar las casas indígenas y contemporáneas, a través de encendidos tonos que dan muestras de un pasado colonial aun latente El crítico de arte Álvaro Urtecho, define al pintor: “Estas son las casas sempiternas de Alfonso Ximénez, obcecado pintor de un solo tema, una sola materia plástica que aborda con intensificada […]

  • Su pintura alcanza a retratar las casas indígenas y contemporáneas, a través de encendidos tonos que dan muestras de un pasado colonial aun latente

El crítico de arte Álvaro Urtecho, define al pintor: “Estas son las casas sempiternas de Alfonso Ximénez, obcecado pintor de un solo tema, una sola materia plástica que aborda con intensificada profundidad. Casas que parecen navegar en la corriente circular del tiempo, como ascendiendo pausadamente al cielo, casas de trazos simples y elementales, casas compuestas y descompuestas en cubos, franjas y vitrales encendidos, casas de puertas y ventanas que igual están abiertas o cerradas”.

Mejor definición no encontramos para hablar de la pintura de Ximénez y en especial de las casas que pinta. Sus cuadros también fueron nombrados por el poeta Pablo Antonio Cuadra como casas con “perspectivas a veces dramáticas, a veces líricas de sus paredes y techos, que parecen estilizar el momento urbano en que se produjo el mestizaje entre la arquitectura india (casi naturaleza) y la española, dando nuestra vivienda pobre, llena de gracia y simplicidad”.

En el artículo El Expresionismo en la Pintura de la Década de los Años Ochenta, el crítico de arte, Porfirio García Romano, retrata la obra de Ximénez como un insistente retratista del paisaje “con su insistencia en la poetización de la arquitectura del pasado colonial, insiste de manera particular, en lo estético y lo hermoso de la idealización del entorno urbano de referencia antigua. Ximénez desarrolla una pintura de amplitud plana con insistencia en la vitalidad de los colores puros, captando el temperamento pasional y la intensidad lumínica de los colores del trópico, tema que venía insistiendo ya desde los años setenta.

PAC: “La casa es un templo”.

¿Cuáles fueron sus primeros pasos en el arte?

Inicié a los trece años, en la Escuela Nacional de Bellas Artes, del tiempo de Róger Pérez De la Rocha y todo ese grupo, con la dirección de Don Rodrigo Peñalba, que en invierno nos daba clases de naturaleza muerta y retrato, y en verano el paisaje.

¿Los años en que Peñalba llevaba a los alumnos a pintar a la Quintanina y sus riveras del lago de Managua?

Esta fue la época de la Quintanina, de los caminos a los barrancos, a la bajada a la playa, de unos paisajes de Luis Urbina a la espátula, todo era paisaje.

Algunos pintores tienen esa vocación por el paisaje, ¿Cómo le nace ese deseo de buscar su propio estilo?

Lo interesante es que el espectador es parte del paisaje, como dice el poeta Pablo Antonio Cuadra, “la casa es el templo”. En la época precolombina, la casa era su propio cementerio. Las casas junto a las calles reflejan el carácter de sus habitantes, por ejemplo, si vos fotografías un caserío de Masaya, podés ver que ninguna se parece, todas tienen su propio color, y es un cuadro.

¿Usted trabajó algunos diseños con el poeta Pablo Antonio Cuadra?

La experiencia de LA PRENSA fue riquísima, porque trabajamos mano a mano, con Pablo Antonio Cuadra, viendo los contenidos, las ilustraciones, él me daba a ilustrar poemas que aparecían en La Prensa Literaria, y yo con tiempo elaboraba las ilustraciones de portada y además de los textos que aparecían.

¿Qué artistas han ejercido influencia en su pintura?

A mí me gusta mucho las expresiones de Giorgio de Chirico. Su línea fuerte, composiciones, planos, puntos de fuga… me gusta mucho su trabajo.

¿Qué ha sido lo más relevante y satisfactorio que ha logrado en su vida de artista?

Un premio que logré en San Francisco, (Award of Merit, 33rd, Annual Art Festival 1979) donde participaron más de ochocientos artistas de diversas partes del mundo, lo interesante, fue cuando a la mañana siguiente yo tomé el periódico San Francisco Crónico y se me pararon los pelos cuando miré mi nombre. Otra de mis satisfacciones es saber que mis obras están en muchas partes del mundo, por ejemplo, una está en un nuevo edificio de la NORAD, en Noruega, ahí hay obras de toda Latinoamérica.

¿Además de sus dibujos y óleos, ha pintado murales como el que está en un muro de la Secretaría del FSLN?

Lo que me gustó de ese mural es que lo podés ver desde la Fosforera, como una postal, y a medida que te vas acercando se vuelve monumental. Este trabajo de 1998, está hecho en losetas, por lo que se puede remover, si se desea a un parque. Ahora creo que el Gobierno se debería de preocupar que los artistas hagan murales, no sólo en Managua, sino en los pueblos. Propongo uno en las paredes, donde se borraron los murales de Alejandro Canales y Leonel Cerrato, esta pared está frente al Olof Palme, donde están unas oficinas de la Alcaldía. ¡Esa pared es fantástica!

¿En la cultura qué le preocupa?

Que aquí no hay un calendario anual de las exhibiciones. Tuve la experiencia y fue unas de mis ideas las Xpo-Prensa, donde se les daba apoyo a los artistas. Esto fue un gran ejemplo en la promoción de LA PRENSA, en los años setenta. Ahora creo que los canales de televisión podrían promocionar el arte, al sacar un día al artista de la semana, su vida y su obra en breve. Se necesita del arte para los que estamos convaleciendo de tanta política.

EN BREVE

Alfonso Ximénez, (1948) talentoso pintor y dibujante laboró en los años setenta, junto al poeta Pablo Antonio Cuadra, como ilustrador en La Prensa Literaria. En 1974 funda con PAC las exhibiciones de la XPO-Prensa, las que aún sigue añorando porque promocionaba al artista sin fines de lucro; luego expone en las salas del Servicio Cultural Informativo de la USIS, de la Embajada norteamericana en Nicaragua.

Años después, por razones políticas, se ve forzado a exiliarse en San Francisco donde concursa y gana un Award of Merit, 33rd, Annual Art Festival 1979. Según el curador Rolando Castellón, este nuevo ambiente de “exilio urbano”, le sirvió para evolucionar y llevar su arte hacia una figuración más abstracta, pero siempre evocando su obsesión de la casa nicaragüense.

En los primeros años de los ochenta retorna a Nicaragua. Expone en la Casa Fernando Gordillo. En 1987 gana una mención en el Certamen Anual de Artes Plásticas, en el Teatro Nacional Rubén Darío, y en 1991, realiza una muestra en el Museo de Arte Contemporáneo “Julio Cortázar”, su director entonces, Luis Morales, le reconoce con diploma sus méritos.

Recientemente fue galardonado por el presidente Ortega con la Orden Independencia Cultural Rubén Darío. Sus pinturas están en importantes colecciones de instituciones del gobierno y privadas.

La Prensa Literaria

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